sábado, 2 de noviembre de 2013

Con los cinco sentidos

Esta es mi particular visión del viaje realizado a Marruecos bajo el prisma de los cinco sentidos que tanto influyen en la percepción de nuestras sensaciones. Algo similar, salvando las distancias, a lo realizado por Patrick Süskind en su novela El Perfume, pero ampliado a todos nuestros sentidos, excepto al menos común de todos ellos.

Las kasbah de Ait ben Addou

La vista

De ella pude disfrutar contemplando bellos palacios, mezquitas profusamente decoradas, espléndidos mausoleos, cuidados jardines, imponentes montañas, vastos bosques de cedros y encinas, el sorprendente color canela anaranjado de la arena de las dunas, las impresionantes kasbahs de color pardo, el esplendor verdoso de los oasis con sus extensos palmerales, y unas puestas de sol increíbles. Padecí con la visión de vísceras y cabezas de animales expuestos en los zocos de la medina de Fez y Marakech, así como el enjambre de moscas posadas sobre carnes y pescados en los mostradores de sórdidos tabucos.

Gargantas de Todra

Atardecer sobre Ouarzazate
El oído

Mi oído se vio agasajado por los cantos de los muecines y, excepcionalmente, por los sonidos producidos en la plaza de Jemaa El Fna de Marrakech, amenizada por las chirimías de los encantadores de serpientes, y la música espontánea interpretada por algunos grupos autóctonos. Se agudizó tratando de escuchar las narraciones incomprensibles de los cuenta cuentos.  Se hizo sordo ante las peticiones incansables de los vigilantes amaestradores de monos y los vendedores de cualquier tipo de exóticas mercancías, todos ellos pululando y compitiendo en esa gran plaza por conseguir unas monedas. Se vio ultrajado por los sonidos estridentes de automóviles y motocicletas que componen el caótico tráfico en todas las ciudades, especialmente en Casablanca, Rabat, Fez y Marrakech.

Los encantadores de serpientes
El gusto

Respecto al gusto, ha habido de todo. Saboreé un buen tajine de cordero con verduras y cuscús, un excelente pollo al limón, ensaladas de variadas verduras y hortalizas y buenos postres, entre ellos una especie de flan y un soufflé de nata muy rico. De las frutas no opino porque tengo la mala costumbre y manía de no probarlas, pero tenían muy buen aspecto. Hubo otras comidas que no fueron muy de mi agrado, abundaban en demasía las especias y eran excesivamente picantes. Las bebidas alcohólicas, ni catarlas.

Oferta culinaria en Marrakech
El tacto

Éste ha sido el gran olvidado en este recorrido. Tan sólo he experimentado el sedoso discurrir de la arena en los dedos al eliminarla del interior de mis deportivas cuando visité las dunas de Merzouga. No obstante hemos observado cómo otros lo utilizaban y, en algunos casos con manos de aspecto no muy limpio. Sin ir más lejos, en el zoco de Marrakech, el vendedor de dátiles no solamente señaló, sino que marcó con su dedo, las distintas calidades de su producto, inquiriendo de cual ellas deseábamos llevarnos. No quisimos de ninguna.

El olfato

De todos los sentidos de que estamos dotados, éste ha sido, sin lugar a dudas, el predominante durante este viaje. A pesar de no ser partidario de ellos, recuerdo como agradables los aromas de perfumes como el almizcle y el jazmín, los de las plantas aromáticas y, en menor medida, los de las especias. Los desagradables abundaron a lo largo de nuestro recorrido, particularmente en la Medina de Fez, a la que ya me he referido en otra entrada anterior. Uno de los peores momentos, en el que el pestazo se me quedó grabado de forma indeleble, sucedió en Meknes, pero debo reconocer que el hedor no provenía de ningún agente propio del lugar, sino que fue provocado por los componentes de la expedición.

Carnicería en la Medina de Fez
Habíamos salido al punto de la mañana de Casablanca y, después de comer en Rabat, nos dirigíamos hacia Fez, donde teníamos previsto pasar un par de noches. Antes teníamos concertada una parada en Meknes para visitar el mausoleo-mezquita del fundador de la ciudad Moulay Ismail. Para entrar, nos vimos obligados a desprendernos de nuestro calzado. Imaginaos la situación: setenta individuos, descalzos tras diez horas de viaje, en un espacio más bien reducido. La pestilencia alcanzó unos límites tan insoportables para numerosas personas que algunas tuvieron que abandonar el recinto apresuradamente, entre ellas mi esposa.

En la mezquita-mausoleo de Meknes
Como ya he dicho, en este caso la fetidez provenía de nosotros mismos,  pero fue causada por la imposición de un rito que no deseo calificar. Solamente decir que me pareció algo antihigiénico y desafortunado, sin entrar en ninguna otra consideración ni religiosa ni de costumbres.

Las fragancias se encuentran presentes en cada rincón de este país para bien o para mal, y esta abundancia proporciona unas de cal y otras de arena; más bien, muchas de cal y pocas de arena.

24 comentarios:

  1. alberto boutellier3 nov. 2013 0:13:00

    ¡Cómo comprendo tu magnífico relato de los sentidos, por un país del que siempre he estado y sigo estando enamorado! Es eso justamente lo que me cautiva: la gran influencia sobre nuestros sentidos, las propias y contradictorias sensaciones que solo aquí se dan. Los venenos y su antídoto. Los hedores y los perfumes. La miseria y la grandeza. La pestilencia del curtido de las pieles y la hierbabuena para afrontarla. Enhorabuena amigo Felipe, espero que sigas deleitándonos con tus crónicas de las que además, no está ausente la poesía. Un fuerte abrazo

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    1. Es un país donde los contrastes se sienten a flor de piel. Un abrazo

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  2. Lo mejor de todo, la agradable sorpresa de que Marruecos no es ni lo que te imaginabas ni lo que te contaban antes de ser vista, es mucho mejor, como bien has explicado es una explosión de todos los sentidos.

    Un abrazo.

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    1. Ciertamente en algunos aspectos esperaba menos y en otros mucho más. País donde se dan contrastes de todo tipo. Un abrazo

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  3. Una entrada muy particular e interesante de resuminos tu viaje a Marruecos.
    Las fotos espectaculares como siempre.
    Un abrazo

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    1. Me pareció oportuno hacer ese resumen bajo ese punto de vista. Lo de las fotos es un placer añadido. Abrazos

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  4. Hola Felipe:
    Ya veo que has puesto en juego lo cinco sentidos, que esto sucede en muy pocas ocasiones. En mi último escrito recordé el pueblo de Artajona , y me acordé de ti, porque en cierta ocasión realizaste una salida por aquella zona en la cual saldrías muy cansado: Atajona, Puente la Reina, Obanos, Eunate, no se si me dejo alguno. Toda una hazaña.
    Un abrazo

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    1. Fue una excursión algo más cómoda que éste viaje, a pesar del recorrido. Abrazos

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  5. Estupendo como siempre tus experiencias. y más cuando conocemos Marrequet que es un mundo aparte del nuestro, a mi me gustó mucho y sobre las frutas , son una verdadera preciosidad para la vista y muy nutritivas.
    Muy bien Felipe , y gracias.

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    1. Es que no soy muy de frutas. Tengo en mente una entrada sobre Marrakech. Ya veremos si puedo concretarla. Gracias a ti por tu visita y comentario

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  6. Una buena reseña y sobre todo recalcar y reconocer que cuando viajamos lo hacemos con los cinco sentidos, esto nos enriquece y nos hace descubrir todo el abanico de percepciones.
    Un abrazo

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    1. Sí, hay que poner los cinco sentidos, aunque alguno de ellos salga maltratado. Abrazos

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  7. La cara y la cruz del viaje. Gran resumen!
    Abrazo !

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    1. La cara y cruz de lasa cosas es algo muy asiduo en este país. Un abrazo

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  8. No hay dudas de que en el viaje a Marruecos es un disfrute de los cinco sentidos y de forma muy destacada por el olfato, ese que tan frecuentemente se nos escapa de nuestras percepciones. ¡Eres un maestro!
    Un abrazo.

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    1. A pesar de algunas excepciones, el olfato fue el sentido más maltratado durante este viaje. Las vista también, pero tuvo grandes compensaciones. Un fuerte abrazo

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  9. No hay mejor manera de conocer un lugar que poniendo sobre la mesa todos nuestros sentidos. Es normal que una cultura tan distinta a la nuestra te haya provocado de todo un poco.

    Un abrazo Felipe.

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    1. Cierto, Elena, a la par que gozamos de las bellezas de estos lugares, ciertas costumbres, a nuestra edad sobre todo, nos resultan un tanto incómodas. Un fuerte abrazo

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  10. ¡Qué lujo viajar contigo!
    Desde mi sillón (a veces) del dolor, voy a lugares que sé que nunca visitaré.
    Por eso siempre que me acerco a estas entradas tuyas no puedo hacer otra cosa que darte las gracias.

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    1. Las gracias debo dártelas yo por seguirme en mis andanzas. No osa podéis imaginar mi satisfacción al saber que encontráis un placer, a pequeño que este sea, cuando leéis mis reportajes. En ellos trato de plasmar mis sensaciones, no quiero hacer simplemente una descripción del viaje. Un abrazo

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  11. Me ha encantado el artículo y ello me ha hecho recordar otro mio totalmente real titulado "Trabajar con los 5 sentidos", fue casualidad pero se demostró que nosotros en la radio, trabajábamos con todos ellos.
    Saludos

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    1. Allí también trabajaron los cinco, unos más que otros, desde luego. Un saludo

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Tu comentario es bien recibido aunque sea anónimo. Muchas gracias por tu atención.

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