domingo, 30 de diciembre de 2012

Mierda de perro


Hace pocas semanas pase unos días en una ciudad, de cuyo nombre no quiero acordarme, pero a la que muchos se lo pondréis aunque, con toda probabilidad, cada uno pensará en una población distinta. Es que en todas partes  cuecen habas. He dejado transcurrir un tiempo prudencial y contar no hasta siete, sino setenta veces siete, antes de hacer patente la indignación que me produjo comprobar de manera  harto fehaciente  el incivismo de ciertas personas que se proclaman amantes de los animales y dan cobijo en su casa al, según dicen, mejor amigo del hombre.


Las defecaciones de tales especímenes florecían de tal forma que tenía que andar sorteándolas cual si me encontrase en una hedionda gincana. Pensaba que, como el baile de las baldosas de las aceras, esto era solamente patrimonio de mi pueblo. Estaba radicalmente equivocado. Tanto lo uno como lo otro abundan en cualquier lugar que se precie, pero los excrementos de los cánidos están en proporción directa con la cantidad existente de estos, con independencia del número, edad, sexo, cultura y raza de los habitantes de una ciudad.

Uno de esos días observé en un pequeño parque a dos niños de corta edad jugando al balón.

- No me eches la pelota a este lado que hay una caca grande de perro, dijo uno de ellos.
- Aquí también hay más, contestó el otro.

Es vergonzoso que nuestros niños tengan que convivir con tanta porquería. Y lo peor de todo es no saber de donde proviene, porque, preguntes a quien preguntes, hables con quien hables, todos, absolutamente todos los dueños y dueñas de canes recogen fina, delicada y cívicamente las deposiciones de sus mascotas. ¡Faltaría más!

A lo que parece, todas las noches, procedentes de no se sabe qué galaxia, aterrizan unos seres malévolos, muy desaprensivos, que se dedican a vaciar papeleras y otros recipientes donde se depositan las cagarrutas y esparcirlas por aceras, parques y jardines. Esta es, sin duda, la explicación más acorde con la realidad.

No obstante, algunos maldicientes afirman haber detectado que, a la hora del crepúsculo, como los vampiros, aparece la "santa compaña", una sucesión de paseantes con sus respectivos chuchos, a la búsqueda y captura del parque o alcorque más cercano para, como la cosa más natural del mundo, hacer sus necesidades. Creen que solamente las de los animales de cuatro patas, claro. Con nocturnidad, premeditación, alevosía y... ¡dos cojones! 

Otro de los días pisé, sin apercibirme, uno de estos regalitos anónimos tan generosamente prodigados. No veáis qué perfumado quedó mi coche. Olía y no a ambar. Estuve sintiendo su perfume embriagador hasta que pude lavar bien mi zapato. 

En vista de todo ello, pedí encarecidamente a Papá Noel, a San Nicolás, a Santa Claus, al Olentzero y al catalano-aragonés Tió cagón antes de la Navidad, y ahora voy a solicitar a los Reyes Magos que, durante este año nuevo que se nos echa encima, a pesar de los recortes en I+D, se idee y fabrique un sanitario doméstico para animales de compañía y que, además, sea obligatoria su instalación en las viviendas de aquellos que deseen contar con acompañamiento canino o de cualquier otra especie. Sin subvenciones que el país no está para gollerías.

Lamento terminar el año con esta sucia, pegajosa, maloliente y escatológica entrada, pero este asunto me enoja, me fastidia, me molesta, me incordia, me encorajina, me joroba, me encocora, me irrita y me jode. Me jode mucho.  

viernes, 28 de diciembre de 2012

Madrigal de resaca




Son tus ojos claveles encendidos

en piélagos inmensos desmayados
con el anochecer.
Incandescentes pájaros soñados
deambulan por jardines presentidos
temiendo perecer
en los endecasílabos de amor,
enlazados con vino y sin consciencia
que, en plena melopea y somnolencia,
han surgido en tu honor.


Felipe Tajafuerte
2012

lunes, 24 de diciembre de 2012

Navidad 2012



Agradezco y correspondo a todos los blogueros y blogueras sus felicitaciones navideñas con esta de mi propia cosecha que hago extensiva a todos aquellos que, durante este año que está a punto de finalizar, se han pasado por mi mejana.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Insumisión fotográfica


Estoy hasta los mismísimos del dichoso cartelito que nos impide llevarnos unas instantáneas de los lugares que visitamos. Entiendo que quizá la luz del flash pueda causar daño a las pinturas, pero no a un edificio. Si ese es el problema, imposibilítese eficazmente realizar fotografías utilizando ese recurso en ciertos espacios delicados. Sin embargo cada uno hace de su capa un sayo. Lo que algunos deniegan terminantemente otros lo autorizan sin ninguna cortapisa. Me temo que la causa  es, como siempre y en todo lugar, crematística. Exclusivas con fotógrafos profesionales, venta de sus propias fotografías, libros, vídeos y los más variados artículos están detrás de estas limitaciones. Explotar el derecho a la imagen en beneficio propio. Una imagen que, por lo general, no es de su propiedad, sino de todos los españoles que contribuimos a su conservación y restauración.

Fotografía permitida

Éste es, a mi juicio, un interés pecuniario mal entendido porque el fotógrafo aficionado no disminuye ese mercado y es muy probable que lo estimule. En mis viajes yo suelo comprar publicaciones, DVD, música y otros productos del sitio visitado sin renunciar a mis propias instantáneas. Ya sabemos que las postales y las fotografías de los libros tienen más calidad, luz, encuadre, fijeza, colorido... todas la cualidades que se quieran añadir, pero  los aficionados, a pesar de ello, queremos NUESTRA foto. Esa un tanto movida, mal encuadrada, con poca luz; esa en la que, de vez en cuando, aparecen los cogotes de otros visitantes; esas en las que queremos plasmar nuestra vivencia y apreciación personal.

Ya está bien que los empleados, cumpliendo órdenes superiores, (¡faltaría más!), nos vigilen como si tratásemos de llevarnos alguna obra de arte de las que allí se encuentran. Incluso el resto de visitantes que, muy a su pesar, acatan las normas tan arbitrariamente establecidas, nos miran aviesamente como si fuéramos delincuentes. Entiendo que les joda que otros osen hacer algo que ellos, aunque quisieran, no realizan.  

Fotografía no permitida

Si alguien se siente ofendido por esta especie de agravio comparativo lo siento, pero yo solamente cumplo esas estúpidas disposiciones por imperativo legal, o sea, cuando no me queda otra opción. Algunos vigilantes se te pegan como lapas y son auténticas moscas cojoneras. Robo cuantas imágenes puedo, por supuesto, siempre sin flash. Me declaro formalmente un fotógrafo aficionado INSUMISO, impenitente y sin propósito de enmienda. Tengo la convicción de no hacer daño, ni quitarle el trabajo a nadie. Creo que se sentirán perjudicados exclusivamente quienes pretenden ejercer un monopolio a costa de una inofensiva afición. 

El obispado de Zamora, de manera inteligente e interesada, ha establecido el canon de un euro para poder hacer fotografías  sin flash dentro de la catedral. No es que esté muy de acuerdo con esa decisión pero, cuando menos, no es hipócrita. Si el tema es recaudar, dígase abiertamente y no traten de tomarnos el pelo con apelaciones a la conservación y al civismo.

¿Quieren evitar que hagamos fotos?

No se si será por evitar fotos o por falta de sensibilidad, en el magnífico edificio del antiguo ayuntamiento de León, he constatado durante estos días de estancia en esa ciudad que, en plena fachada, hay colocados dos hermosos contenedores de basura.  ¿Imaginación? ¿Desidia? Cada uno que piense lo que quiera.


sábado, 15 de diciembre de 2012

Color,olor, sabor




Al llegar a Cáceres,
se avistan las torres
de su centro histórico
en cerros y alcores.
Próximos abundan
arcanos rincones.
Álzanse palacios
de linajes nobles.
Recorro sus calles,
llenas de colores,
de hiedras que ascienden
en busca de soles.
Contemplo admirado
vetustos blasones,
desgranando ruejos
con mis pasos torpes.
El suave perfume
de cálidas flores,
que prendidas cuelgan
de bellos balcones,
anega  mi olfato,
con un leve toque,
mezclado con más
prosáicos olores.
Siento por mis venas
que la sangre corre
y los jugos gástricos
mi estómago roen.
Sabido es por todos
y todos conocen
que en Extremadura
sugieren sabores
y expanden aromas
quesos y jamones.

Felipe Tajafuerte
2012

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Castillo de la Vela

Siempre me ha gustado hacer los viajes con calma y tranquilidad, pero rara vez lograba  conseguirlo. Al iniciar las vacaciones había que llegar al destino cuanto antes porque los peques se cansaban. El retorno también había que hacerlo a la mayor brevedad puesto que nos esperaban nuestras obligaciones: a los niños el colegio, a mi mujer la casa y a mí el trabajo, todo eran prisas. Recuerdo que en una ocasión realicé la vuelta desde Calella, en el Maresme catalán, hasta Tudela sin hacer ni una sola parada.  ¡Que barbaridad! Como excepción, en una de las ocasiones en que acompañé a mi hijo a la universidad de Valladolid, nos desviamos a descansar y conocer Calatañazor, cuya visita me atraía cada vez que transitaba por el páramo soriano. 

Puente del Congosto
Desde hace algunos años, a raíz de mi jubilación, las cosas han cambiado radicalmente. Hago los viajes con tranquilidad, tomándome el tiempo necesario y más, realizando varias paradas, una de ellas como mínimo de un par de horas para comer. De esta forma he conocido lugares con un gran encanto como Ayllón, Puente del Congosto, Piedrahita, Puebla de Sanabria, San Esteban de Gormaz, Medinaceli, Calatayud y algunos más que se me quedan en el tintero

Para mis desplazamientos a Cáceres, vengo utilizando la N-110 que une Soria con Plasencia debido a que me siento agobiado por las continuas obras en la A-2 y la abundante circulación al paso por Madrid a pesar de la M-50. Las predicciones meteorológicas, previendo chubascos de nieve desde Segovia a Piedrahita, hicieron que a última hora variase la ruta por la que realizar el viaje y decantarme por la alternativa madrileña. 

Lado este del castillo de Maqueda

Después de pasar la capital del reino y, posteriormente, Navalcarnero, se acercaba la hora del yantar. Ya en la provincia de Toledo intuí en lontananza la silueta de un alcázar que recordaba haber visto durante algún otro viaje. Al constatar que en el pueblo, Maqueda, había restaurante, decidí hacer la parada necesaria para comer y descansar de la conducción dando un paseo visitando la fortaleza. 

Puerta norte

Me dio la impresión de que nos recibieron como agua de mayo en el pequeño y solitario figón. Nos acomodaron amablemente cerca de la bomba de calor. No había gran cosa, solo algunos platos combinados, pero sí lo suficiente para reponer fuerzas. Mi mujer se inclinó por un plato de pollo guisado y yo por unos huevos fritos con chorizo y patatas fritas que me dejaron como nuevo. Debimos traerles suerte ya que, a la hora de marcharnos, dejamos almorzando a dos parejas más. 

Lado sur

Recogí mi cámara fotográfica del coche y nos dirigimos al pequeño promontorio en el que se encuentra enclavado el castillo. Tiene éste planta rectangular, construido con gruesos muros de sillería, dispone de torreones circulares en tres de los ángulos y dos más en los lados este y oeste. El adarve con almenas bien conservadas y saeteras. La puerta principal se abre en el lado norte mediante un arco de medio punto sobre el que se encuentra el escudo del matrimonio que lo reconstruyó y está protegida por un disuasorio matacán de  sillares y ladrillo con una aspillera cruciforme redonda.

Matacán que protege la entrada

Edificado sobre la base de un fortín árabe, sin ser terminado en su interior, fue reconstruido en el siglo XV por el matrimonio Cárdenas-Enríquez y, al abandonarlo éste, quedó deteriorado por el desuso. El Estado español instaló allí un cuartel de la Guardia Civil garantizando así su conservación. En 1931 fue declarado Monumento Histórico Artístico. Está previsto en un futuro instalar allí el museo  de la Guardia Civil, pero las obras iniciadas con el Plan E se encuentran paralizadas. Junto al lado oeste hay un pequeño parque no muy bien cuidado donde un exuberante talud de chumberas salva el desnivel hacia el pueblo.

Parque junto al castillo

El castillo de Maqueda, denominado por Almanzor Sueño Dorado, fue pasando a lo largo de los siglos por variada vicisitudes y diversas manos hasta llegar a la familia Cárdenas.  Fue testigo de la adolescencia de Isabel la Católica y en él ejerció como alcaide Diego Sánchez de Cortinas, abuelo de la madre de Miguel de Cervantes.

Chumberas

Tras dar la vuelta al recinto, solamente es visitable exteriormente, volvimos a nuestro coche para reanudar el viaje ya que todavía nos quedaban más de dos horas y media para llegar a nuestro destino.  




sábado, 8 de diciembre de 2012

La catedral de Tarazona


Iniciamos el recorrido de esta catedral que, tras la conquista de la ciudad a los musulmanes en 1119, comenzó a erigirse con un  proyecto inicial románico que fue arrumbado por el de una iglesia gótica completamente nueva, fuera del recinto protegido de la muralla, en la huerta de la población. Fue consagrada el 20 de abril de 1235 respondiendo a partir de entonces al nombre de Santa María de la Huerta. Fue destruida en gran parte dos siglos más tarde por Pedro I el Cruel durante la guerra "de los dos Pedros" (1356-1369) y se renovó en el siglo XIV apareciendo el estilo mudéjar que afectó a la terminación de las naves y las capillas que las circundan, las fachadas exteriores, el cimborrio y la torre. Aprovechando la sustitución del antiguo cimborrio muy deteriorado, tuvo lugar en el siglo XVI, en plena época renacentista, una nueva reforma que afectó al interior de la seo, culminando con la pintura de la misma con una imprimación gris con falsas juntas blancas incorporando en la cabecera resplandecientes dorados. En 1981 fue cerrada al público por correr riesgo de derrumbamiento, comenzando una larga rehabilitación interrumpida varias veces por falta de fondos. En abril de pasado año fue abierta al público sin estar finalizada su restauración completa.

La catedral desde el mirador del Palacio Episcopal

Hasta aquí la historia de esta catedral de estilo gótico francés (cabecera y naves), con el cimborrio y campanario mudéjares y la parte central del crucero renacentista. En el exterior descuellan su torre campanario, de gran altura e imponente presencia y la cúpula del cimborrio formada por cuatro cuerpos superpuestos decrecientes, transición del tambor a una espléndida linterna. Se hace patente la limpieza llevada cabo. Los contrafuertes y arbotantes sujetan airosamente los muros. La portada no podemos contemplarla puesto que se encuentra, como consecuencia de la restauración inconclusa todavía, oculta por una gran malla con su silueta impresa. Esta portada está situada en el extremo norte del transepto.


El crucero

Penetramos al interior por la puerta del lado opuesto y la primera sensación es la sorpresa. A pesar de los cambios posteriores realizados en el templo se reconoce perfectamente el estilo gótico francés. A media altura de los muros, dándoles gracilidad, discurre un fino trifolio con arquillos góticos muy estrechos.

La nave central y el coro

La esbeltez de la nave principal es impresionante así como la de las columnas que sustentan el cimborrio, realizado por Alonso González, que llama poderosamente mi atención. Se trata de un tambor octogonal con un friso de dragones y centauros, con ocho hornacinas con apóstoles flaqueadas por columnas abalaustradas y pinturas murales de grisalla que, según nos dicen, permanecían ocultas hasta esta última restauración. Contemplamos algo insólito en el ámbito religioso europeo: una representación desnuda de personajes bíblicos y clásicos como Adán y Eva, Safira y José, Dido y Eneas, Apolo y Venus, Judit y Holofernes, Periandro y Baco, Rafael y Tobías y David y Hércules. Sobre el tambor un polígono estrellado con nervios terceletes y florones dorados.

El cimborrio

En la capilla Mayor un gran retablo con la figura central de la Inmaculada y en su  bóveda pinturas de grisalla sobre fondo dorado. En sus pilares vemos de nuevo unas pinturas góticas un tanto deterioradas.

El retablo de la capilla Mayor

Damos vuelta a la girola deteniéndonos en las capillas de San Andrés y la de S. Lorenzo, S. Prudencio y Sta. Catalina con un vistoso retablo gótico de principios del siglo XV. Unas magníficas pinturas también góticas nos acompañan en este recorrido por el deambulatorio.

Paseando por la girola

También llaman mi atención los ventanales de alabastro policromado y un trabajado púlpito con la figura de un Ecce Homo. Las capillas del lado del evangelio se encuentran tapiadas y las del lado de la epístola también están cerradas pero en algunas podemos atisvar su situación en espera de la restauración pendiente.

Yeserías del claustro

Pasamos al claustro y me sorprende la yesería mudéjar que cierra los vanos. Una exposición en uno de los laterales nos facilita información sobre los trabajos de reconstrucción realizados.

Me detengo un tiempo en  una reproducción con grandes fotografías de las pinturas de grisalla del cimborrio observándolas con detenimiento

Reproducción de una de las grillas del cimborrio

A pesar de la lluvia, salgo al patio interior del claustro para no perderme la singularidad de estas celosías en su conjunto. Quizás por asociación de ideas se me representa como un gran encaje de bolillos, de esos que hacían nuestras abuelas y que el pasado año volví a ver en Camariñas.

Patio interior del claustro cerrdo con celosías de yeso

Terminada la visita, saco la impresión de que se trata de una perfecta catedral gótica, aderezada en su interior con sorprendentes detalles renacentistas, recubierta por un hermoso envoltorio mudéjar y digna de ser contemplada por los diversos tesoros que encierra. Debo reconocer que, a pesar de no ser de mi agrado  la pintura sobre la piedra ya que personalmente la prefiero limpia,  el tono gris con falsa junta blanca de que hace gala le da un empaque impactante al primer golpe de vista.

Entrada relacionada: Turiaso

domingo, 25 de noviembre de 2012

Ignorancia




Nadie había oído nada esa mañana. Pero ella estaba allí, ángel caído desde un cuarto piso, estrellada contra el suelo. Medio cuerpo en la acera, el otro medio en la calzada.

Esa mañana nadie sabía nada. Muñeca de porcelana hecha trizas vertiendo su sangre sobre las marcas amarillas del lugar reservado a los disminuidos físicos. Ocupando su espacio, cual bandera roja y gualda en el asfalto.

Nadie había oído nada esa mañana. Cuentan que alguien dice, que un vecino menciona, que él bebía en exceso. Malas lenguas comentan que discutían y, en ocasiones, se peleaban e  incluso se insultaban. Lenguas viperinas, tratando de justificar lo injustificable, rumorean que ella le era infiel…

Esa mañana nadie sabía nada. Pero ella estaba allí, con el relente matutino, cubierta por una sábana, en prolongada espera del forense. Engrosando el número de mujeres muertas, desaparecidas en desigual combate.

Una víctima más de la violencia de género, o machista, o familiar, o como cojones se quiera adjetivar. Una víctima más y ya son… ¡¡Demasiadas!!

Sin embargo, en esa fría, gris y triste mañana, nadie sabía ni había oído nada. 


Felipe Tajafuerte
2012    



jueves, 22 de noviembre de 2012

Confidencias



Leía ávidamente las aventuras descritas con sin igual maestría. Al pasar la página me equivoqué y la “niña mala” desapareció junto con sus travesuras. Al poco tiempo, me encontré confiándole a Mario mis desventuras  de “niño bueno”.

Felipe Tajafuerte
2012

domingo, 18 de noviembre de 2012

El Cerco de Artajona


Llegamos a media tarde procedentes de Obanos y no era la primera vez que pisaba el suelo artajonés.  Penetramos bajo el arco de San Miguel, ese puente tendido entre dos torres del lienzo norte de la muralla, que separa la zona de aparcamientos del recinto protegido. Ascendimos una pequeña pendiente y llegamos a una plaza en la que destaca la robusta fachada cuadrada de la iglesia de San Saturnino.

Robusta fachada de San Saturnino

Tras una breve espera se nos presenta la guia que nos va a ilustrar sobre este espectacular recinto fortificado. De las catorce torres que debió tener en origen quedan en pie nueve y los cimientos de otras tres. Son lisas, de forma cúbica y almenada, abiertas en canal,  unidas por la muralla y un paseo de ronda.  Vamos caminando y llegamos a la parte occidental donde se encuentra el Castillo del Rey, un dojón de forma circular que también fue nevera de la villa en el siglo XVI, según reza esta inscripción en el dintel de la puerta "Hic servatur hyems ut sit moderatior aes(tas)" que, según creo, debe significar algo parecido a esto: aquí se guarda el invierno para moderar el estío. Con el paso del tiempo se han ido deteriorando mis conocimientos de latín.

El arco de San Miguel

En este perímetro atrincherado, uno de los más importantes de la Navarra medieval, denominado El Cerco desde principios del siglo XIV,  numerosas casas se encuentran incardinadas en las murallas y torres formando un todo inseparable. Dentro de este pintoresco conjunto guarnecido, de configuración irregular, de aspecto arriñonado y adaptado al terreno,  completan el perfil defensivo la propia iglesia de San Saturnino y el citado Castillo del Rey.

Las casas pegadas a las murallas y las torres abiertas por un lado

La torre parece formar parte de la vivienda

Hemos ido dando la vuelta hasta llegar de nuevo a la plaza. Frente a nosotros la fachada del templo con su portada gótica. Sus grandes arquivoltas descansan sobre columnas y capiteles historiados. En la parte superior del tímpano está representado el exorcismo de una joven realizado por San Saturnino flanqueado por las figuras de la reina doña Juana de Navarra y su esposo Felipe el Hermoso de Francia, reinantes en el momento de su construcción. En la parte inferior un friso con escenas del martirio del santo. Sobre la puerta un hermoso rosetón.

Portada de San Saturnino

Se trata de una iglesia fortaleza gótica de una sola nave amplia y espaciosa con cabecera poligonal. Su bóveda de crucería se sostiene apoyada en robustos contrafuertes exteriores. Junto a la cabecera la torre-campanario que servía de punto de vigía e incluso de cárcel. Un paseo de ronda circunda la cubierta que recoge las aguas y, a través de un conducto por el interior de una de las columnas contrafuerte, van a parar a un aljibe medieval bajo la iglesia descubierto, no hace mucho tiempo, en la parte norte del templo.

Interior de la iglesia

En el interior muy luminoso, recientemente restaurado, un bello retablo renacentista hispano-flamenco del siglo XVI, en una de cuyas tablas, la de la resurrección de Cristo, el artista pintó el perfil amurallado del Cerco en el espacio comprendido entre el brazo y el rostro del Señor. En un pequeño retablo en el lado de la epístola encuentro una curiosa representación de Santa Ana, la Virgen y el Niño. Llaman positivamente mi atención unos fantásticos capiteles y negativamente un reciente mamotreto de escalera para subir al coro que se come la mitad de un retablo lateral.

Detalle de un capitel

Aun posee Artajona otros monumentos dignos de atención que no eran objeto de nuestra visita. La iglesia gótica de San Pedro, en la parte baja de la población, con una esbelta torre medieval; la ermita barroca de Santa María de Jerusalén que alberga una talla románica de la Virgen labrada en cobre esmaltado y, en sus inmediaciones, a unos cuatro kilómetros de la población, los dolmenes del Portillo de Enériz y de la Mina, con más de cinco mil años de antigüedad, el primero de ellos tuve la oportunidad de contemplarlo en un viaje anterior.

La Virgen, el Niño y Santa Ana

Agradezco que la excursión llegue a su término puesto que, tras los recorridos realizados el día de hoy por Eunate, Puente la Reina, Obanos y este último del Cerco de Artajona, me encuentro físicamente cansado y mentalmente un tanto saturado. Nos tomamos unos minutos de descanso en la terraza de uno de los bares del pueblo saboreando con fruición una refrescante cerveza.

Cae la tarde sobre el Cerco

Acomodados en el autobús, partimos hacia Tudela mientras los últimos rayos solares, con guiños deslumbrantes, nos dicen adiós entre los árboles.



jueves, 15 de noviembre de 2012

Luna




                                       Riela la luna en el cielo
                                       y en el rumor se refleja.
                                       Su nívea imagen se mece
                                       sobre las ondas de arena.
                                       Siete caracolas cantan
                                       melodías de certeza.
                                       
                                       Sus conchas resplandecientes,
                                       cabe la ribera tersa, 
                                       componen luces y umbrías
                                       en la oscura noche plena
                                       y al piélago tenebroso
                                       tornan raudas las sirenas.


Felipe Tajafuerte
2012

domingo, 11 de noviembre de 2012

Turiaso

Cubierto y llovizna, esta era la previsión del tiempo para este día, pronóstico que se cumplió. Tras un corto viaje de veinte minutos, dando un salto de la Comunidad Foral de Navarra a la de Aragón, el autocar nos dejó en la glorieta de la que arranca el Paseo de la Constitución en el que ya nos esperaba la guía que nos va a ilustrar durante nuestra visita a nuestra vecina Tarazona, la Turiaso romana.

Junto al pretil de uno de los puentes que cruzan el río Queiles que atraviesa la ciudad muy bien encauzado, le escuchamos una breve introducción dándonos cuenta de la historia de la ciudad. Acto seguido comenzamos la visita de la misma encaminándonos, con los paraguas abiertos, a la Plaza de España.

Nos encontramos de frente con la fachada del Ayuntamiento de la ciudad edificado a mitades del siglo XVI para servir de lonja, granero y mirador. Se trata de un edificio de tres plantas, la última con una galería plateresca copiada en la restauración efectuada en 1972 del sobreclaustro del Monasterio de Veruela.

Fachada del Ayuntamiento

Debajo de la galería un magnífico friso de yesería del siglo XVI que representa la entrada del emperador Carlos I de España y V de Alemania en la ciudad de Bolonia acompañado de todo su séquito. Bajo este friso, restaurado en el año 2000, se encuentran las figuras en relieve de Hércules, Pierres y Caco, personajes de la mitología e historia de la ciudad. Decorando la puerta las figuras de la justicia y la prudencia y sobre ellas los escudos de Aragón, España en tiempos del Emperador y de Tarazona.


Detalle del friso

Proseguimos el recorrido por la judería, donde podemos contemplar sobre ella, apoyadas en los restos de las murallas del barrio del Cinto, las casas colgadas a las que se accede por la calle Conde.

Casas colgadas sobre la judería

Llegamos a la plaza donde se encuentra el Palacio Episcopal. Un mirador nos proporciona una excepcional vista de la ciudad en que se aprecian en primer término el santuario de Nuestra Señora del Río y la antigua plaza de toros; al fondo la catedral con la torre y la cúpula del cimborrio, ambas de estilo mudéjar.

La ciudad desde el mirador de la Magdalena

Cierra uno de los lados de esta plaza la iglesia de la Magdalena con su ábside románico circular y la esbelta torre mudéjar. Según algunas opiniones, en su solar se edificó un primer templo visigodo con rango de catedral que más tarde se convirtió en mezquita durante la dominación musulmana. Después de la reconquista de la ciudad por Alfonso I el Batallador, se construyó en el siglo XII, una nueva iglesia que, a lo largo de los siglos, ha sufrido varias  transformaciones profundas.

Iglesia de la Magdalena con su torre mudéjar

Penetramos en su interior y nos sorprende la clara división de las tres naves totalmente desiguales, fruto de una remodelación de finales del siglo XVII. La central más elevada con bóveda de cañón y lunetas, la del lado de la epístola mucho más baja también con bóveda de cañón y la del evangelio nos muestra, apoyada en arcos apuntados, la antigua techumbre de madera de que fueron dotadas las tres naves a principios del siglo XV cuando se reconstruyeron con ladrillos.


Techumbre de madera de una de las naves

Pasamos a visitar el palacio episcopal, asentado sobre la antigua Zuda,  donde resalta su patio central y el Salón de los Obispos, cubierto por un artesonado mudéjar, en el que se encuentran los retratos de todos los obispos que ha tenido tan antigua diócesis. Experimentamos que el suelo de esta sala parece moverse.

Patio central y escalera del palacio episcopal

Residencia temporal de los reyes de Aragón, se convirtió en palacio episcopal  desde finales del siglo XIV. Consta este palacio de edificaciones medievales, renacentistas y barrocas, destacando la fachada sur por sus arcadas de cimentación y la triple galería de arquillos, además de la del oeste decorada con una estructura de retablo de ladrillo y yeso en el lado derecho, el que se ve desde el río y el antiguo camino de Castilla.


Fachada sur del palacio episcopal

Descendemos de lo alto del Barrio del Cinto en el que se encuentran los dos edificios visitados, cruzamos de nuevo el Queiles y pasamos a contemplar la antigua plaza de toros. Es un edificio octogonal constituido por 32 viviendas, habitadas desde su inicio. Tiene planta baja y tres alturas, con ventanas en el perímetro exterior y en el interior grandes arcos sobre pilares ochavados. Las arcadas del interior hacen las funciones de palcos. Finalizó su construcción en 1792 y se celebraron festejos en ella hasta 1870 en que se construyó la plaza de toros actual. Es conocida también con el nombre de Plaza de los tocinos porque en ella se celebraba el mercado de estos animales. Hoy en día, en este sitio, tienen lugar numerosos eventos musicales.

Plaza de toros vieja

Seguidamente, disfrutamos de unos minutos de descanso hasta la hora en que tenemos prevista la visita de la catedral, tiempo que aprovechamos para tomar un tentempié, adquirir el correspondiente dedal de colección y  detenernos para hacer una pequeña inspección a la hermosa ermita de Nuestra Señora del Río que nos cae al paso entrando en su interior.

Ermita de Nuestra Señora del Río

Después nos acercamos hasta la catedral y me entretengo en hacer unas fotos de la extraordinaria cúpula mudéjar de su cimborrio, a la espera de que comience nuestro recorrido por Santa María de la Huerta, advocación bajo la que se ampara este templo que ha permanecido cerrado durante cerca de treinta años para su restauración, todavía no concluida, de cuya visita daré cuenta en una próxima entrada.

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