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domingo, 24 de enero de 2016

La niebla como protagonista

No he madrugado. ¿Para qué, si no puedo marchar junto a mis compañeros de javierada? Si camino más de un cuarto de hora siento un dolor intenso y molesto en el pie. Por eso he retomado la bicicleta para hacer un poco de ejercicio. Claro que ahora lo que me duele es el  culo. Y es que a estas edades, los dolores no desaparecen, se trasladan de sitio. Además estoy haciendo una ligera dieta para tratar de perder algo de peso, que todo influye para que la fascitis plantar no remita.

La niebla, protagonista hoy.
Bueno, el caso es que el objetivo del recorrido previsto para hoy era Ribaforada. Un camino iniciado por el paseo del colesterol hasta Fontellas, de ahí al Bocal por el paseo y, a partir de aquí, por el camino paralelo al Canal Imperial hasta llegar al destino. Ya que me es dificultoso acompañarles a pie, he decidido coger el coche y acudir allí para hacerles unas fotos.

Salida de Ribaforada
El día está gris, plomizo, preñado de una intensa niebla. Llego justo a tiempo para tomar un café y hacer las fotos de familia y las del inicio de su regreso a Tudela.

- Os espero en El Bocal. ¿Cuánto tardaréis?  
- Una hora, más o menos.

Al llegar al lugar donde el Canal Imperial inicia su andadura, dejo el coche en el aparcamiento de la margen derecha, antes de cruzar el Puente de Formigales. Tengo tiempo suficiente para darme un paseo y, aunque la temperatura no acompaña, atravieso el puente y me adentro en el recinto para entretenerme haciendo un pequeño reportaje. ¡Qué aspecto tan distinto del de la última vez que estuve aquí, en un día soleado!

Palacio de Carlos V
El jardín del Palacio de Carlos V muestra sus plataneros de nervudos dedos baldíos por la poda. Tras ellos vislumbro la torre del palacio entre jirones de bruma. Paso por delante de la pequeña iglesia incardinada en el caserío y me acerco a la orilla del Ebro. Solamente distingo el tramo más cercano de la arcaica presa del siglo XVI llamada de San Carlos, quizás por el titular del templo, bajo cuyo ábside transito al continuar por el sendero que conduce al estrecho paso, apenas cinco metros, por el que fluye todo el caudal del río más caudaloso de España.

Trasera del Palacio de Carlos V

La parte trasera del palacio se asoma a las aguas queriendo desentrañar los misterios que se encierran en los troncos arrastrados por la corriente, aquellos que quedaron varados tras el vetusto dique.


Este es hoy el cauce del  Ebro, el río más caudaloso de España. 
Siento una enorme tristeza al contemplar lo menguado del cauce. Vuelvo sobre mis pasos y me dirijo al paraje del Vivero.

El Roble del Bocal
El viejo roble, monumento natural, parece dormir tras la valla y el rótulo que impide el paso por, según reza, peligro de caída de ramas.


El puente de Formigales
Vuelvo sobre mis pasos y, cuando estoy fotografiando el puente, me doy cuenta de que están pasando mis compañeros. ¡Qué rápido transcurre el tiempo cuando uno está enfrascado en algo! Llevan buen paso y se han adelantado al horario previsto; si me descuido pasan sin yo darme cuenta.

Casi no se les ve, tan densa es la niebla
Subo al coche, los rebaso y los espero al final de la pequeña pendiente, en la curva, muy cerca del cruce de la carretera que lleva a Fontellas.  Cuesta distinguirlos entre la niebla espesa, húmeda, fría. Caminan muy distanciados, en grupitos, cada uno al ritmo que mejor se le acomoda. Les hago unas instantáneas y continúo para esperarles a la salida de Fontellas.


Salida de Fontellas hacia Tudela
Allí, en el parque, junto a la ikastola, les hago las últimas fotografías. Me dicen que les espere en Tudela, en el bar de la gasolinera, para tomar el aperitivo. No quiero romper la dieta y regreso directamente a casa. Una vez aquí, entro en mi página de facebook, voy a las fotos y abro el álbum Prejavierada 2016. El reportaje fotográfico va subiendo lentamente...

miércoles, 28 de enero de 2015

Pedriz

Ante la magnífica mañana que nos ha deparado este día, decido darme un buen paseo. Monto en el coche, recorro los ocho kilómetros que me separan de mi huerto en Urzante y lo dejo allí aparcado para que vigile la poda pendiente de los árboles. 

Tomo la pista de la vieja vía del Tarazonica, la antigua, la que en Tudela discurría por lo que hoy son el Parque de Otoño, la calle Añón Baigorri y el camino de Instituto, en dirección a Cascante, paralela a la actual vía verde de Tudela a Tarazona.  El camino es recto, llano, con una leve tendencia a la subida y discurre entre viñas podadas, barbechos, fincas de recreo en la zona de Río Lombo, olivares de plantación reciente y otros con una notable antigüedad.


Indicador de la Vía Romana

Antes de llegar a la ciudad de Cascante, tomo una bifurcación a la izquierda en dirección a la carretera de Ablitas, La calzada, con postes indicadores de que se trata de la vía romana de Tarraco a Astorga,  sigue siendo llana, muy cómoda para andar, con amplios horizontes.


Trabajando en los nuevos regadíos

Una gran pala excavadora y varios camiones trabajan acondicionando una finca de los nuevos regadíos. En los álamos cercanos una turba de estorninos, posados en las ramas desnudas, producen sonidos ensordecedores, al tiempo que otros picotean los rastrojos de los maizales. Al sentir mis pasos, una enorme bandada ensombrece el azul del cielo en el que un avión dibuja su estela rectilínea.


Los estorninos emprende la huida

Me encuentro ya muy cercano al altozano tras el que se adivina el despoblado de Pedriz.  Asciendo por una senda un tanto ancha que serpentea encaramándose para alcanzar el cerro donde se hallan las ruinas.


Muy cercano ya Pedriz
Me detengo en un llano ante ellas y contemplo el paisaje: en la vasta llanura que se extiende a mis pies, al frente, entre la bruma se intuye Tudela y el Hospital Reina Sofía; a la derecha la neblina oculta las Bardenas a cuyo pie se encuentran Cabanillas, Fustiñana y Ribaforada; girando hacia la izquierda, primero Murchante, después el montículo de Urzante y más escorada la ciudad de Cascante con la arquería encaramándose a la Basílica del Romero. A mi espalda, oculta por una loma de olivares, Ablitas y la Laguna de Lor.

Lo que queda de la iglesia y el ábside

Frente a mí, a unos pasos, junto a un aprisco, lo que que queda del antiguo poblado: apenas unos muros de la iglesia de la que se distinguen las yeserías del ábside y algo que podría ser la base de una espadaña.


Sólo escombros del antiguo poblado
Husmeo entre piedras derruidas en el suelo formando una escombrera entre los matorrales. Al tiempo que descanso, me entretengo haciendo unas cuantas instantáneas ya que he acertado cargando con mi cámara fotográfica. Hombre previsor... 

Nuevos regadíos
Emprendo el regreso por el mismo camino por el que he llegado. La máquina y los camiones no han abandonado el lugar, siguen trabajando, y los estorninos picoteando.


Al fondo el Hospital de Tudela

En la lejanía, una edificación redonda me recuerda remotamente unas que existen en las provincias de Albacete y Ciudad Real y que, allí, llaman bombos. Vacilo en tomar otro recorrido que da un pequeño rodeo pero, al ver que voy con el tiempo justo, me inclino por continuar por el mismo camino por el que vine.

La ciudad de Cascante al fondo
Al llegar al huerto, constato que el coche me espera en el mismo lugar en el que lo dejé, cosa que agradezco porque, después de dos horas de caminar, no me apetece lo más mínimo recorrer otros ocho kilómetros hasta Tudela. Por hoy, ya vale de andaduras.

Ruinas de Pedriz
Después de una pequeña siesta tras reparar fuerzas, busco entre mis libros información sobre el despoblado que he visitado y extracto la siguiente de la Gran Enciclopedia Navarra:


Pedriz, perteneciente al municipio de Ablitas y comprendido en el fuero de Sobrarve, Alfonso I el Batallador dio su mezquita a Santa María de Tudela en el año 1121. Sancho VI el Sabio entregó a los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén la villa y su castillo, quedando inscritos en la encomienda de Calchetas, igualmente desaparecido. Continuó como posesión de dicha orden militar hasta la desaparición de las jurisdicciones señoriales en que fue incorporado al ayuntamiento de Ablitas. En 1353 contaba con seis fuegos, todos ellos moros, además de un hidalgo alcaide del castillo y su mayor censo lo alcanzó en 1786 con treinta habitantes.

Consultado también el Diccionario Histórico-Político de Tudela de 1828 escrito por Yanguas y Miranda, éste aporta, además, que los campos de Pedriz reciben el riego de la Laguna de Lor a medias con Tudela.  No he logrado averiguar la fecha en que fue asolado. Ojeados los Apuntes Tudelanos de Mariano Sainz no añaden nada nuevo a lo ya reseñado.


sábado, 17 de enero de 2015

Comienzos

En esta semana he iniciado dos actividades que espero sean las que alimenten los deseos de cumplir los propósitos que me he planteado para este nuevo año: mejorar mis cualidades físicas e intelectuales. En cuanto al físico estoy algo más que fondón y, respecto al intelectual, un si es no es espeso.

El domingo dimos comienzo a nuestros entrenamientos en grupo para la javierada del 2015. Ante la sede de la Can, donde se ubicaba, anteriormente la cafetería Delicias, nos reunimos cerca de treinta personas, la mayoría del conjunto de Tudelanos por Javier, dispuestas a gastar nuestras energías en un buen paseo matinal, cuyo pistoletazo de salida lo dio el amanecer.

Camino de Cascante 

Al igual que en años anteriores nuestro primer destino fue la ciudad de Cascante, a la que arribamos, tras el paso obligado por Murchante, hacia las diez de la mañana. Dimos cuenta del copiosísimo almuerzo al que, como es habitual, se nos habían unido unas cuantas personas más, deseosas de no dejarnos en solitario durante este trance.

Eran las once y media cuando reiniciamos el regreso a nuestra ciudad, en esta ocasión por la Vía Verde del Tarazonica, y más de la una cuando llegamos a casa de Ascen donde nos esperaba un aperitivo que dio al traste con nuestras ganas de comer y las calorías perdidas en esta caminata de veintidos kilómetros.

A continuación, cada mochuelo a su olivo, a esperar la nueva salida del próximo domingo que nos llegaremos a Ablitas, por el camino de la finca de Las Coronas y bordeando el aeródromo.

Campus de la UPNA en Tudela

El miércoles otro acontecimiento esperado: el inicio de las clases del Taller de Escritura Creativa que imparte Pepe Alfaro en la Universidad Pública de Navarra. Este año muchas caras nuevas y el reencuentro con viejos conocidos, veteranos supervivientes de las batallas de años anteriores. Como en casi todos los eventos, más mujeres que hombres, aunque debo reconocer que también formamos un buen número los varones, que no barones. Tenemos representación variada de las profesiones de enfermería, educación, periodismo, administración y también hay algún estudiante, amas de casa y jubilados y jubiladas. Las edades muy diversas: desde un jovencísimo estudiante hasta un señor con noventa años cumplidos. 

Tendremos que lidiar las suertes que reparta el maestro. Pepe Alfaro, un diestro bregado en esta feria, tendrá que atarse los machos con semejante cuadrilla y espero que en plena faena no dude en echarnos un buen capote, aunque sea desde la barrera. Es de desear que los que den la espantá sean los menos y todos hagamos un buen tercio. 

¡Hay que joderse, lo que da de sí la jerga taurina!  

viernes, 21 de marzo de 2014

Javierada 2014 (4/4) Sangüesa/Javier

9 de marzo. Cuarto tramo: 8 kilómetros.

Y amaneció el gran día. He dormido como un chiquillo y me encuentro de maravilla; se han esfumado las malas sensaciones de la mañana de ayer en la que que hubo momentos en los que me pregunté: ¿qué es lo que hago yo aquí, si no se me ha perdido nada? Todo eso es ya agua pasada. Cuando solamente queda hora y media de andadura, la satisfacción y la euforia son los sentimientos que me embargan.

Comienza la marcha del viacrucis
El víacrucis comienza a las ocho de la mañana y la marcha es viva sin interrupciones, entre banderas, cruces, estandartes, cánticos, rezos y música clásica.

Una curva en el camino
Elijo de liebre a Esteban, un compañero de andadura rápida, y me adelanto para ir tomando instantáneas. La mañana es espléndida e invita a caminar. La sierra de Leyre nos muestra los dientes de sus acantilados dando mordidas a un cielo azul.

Ante la sierra de Leyre

Los peregrinos, la curva de sierpe, los contraluces, la primera silueta del castillo... todo ello va dejando muescas en la tarjeta de mi cámara. 

Los peregrinos están ya muy cerca
Llegamos en cabeza a Javier. Me sitúo en una isleta en el centro de la carretera y, conforme van llegando mis compañeros, les hago las fotos que luego mirarán con el agrado de la misión cumplida.

Ya se ve el castillo
Nos reunimos todos en el último de los restaurantes de la zona comercial y me meto entre pecho y espalda un bocadillo de tortilla acompañado de una caña y su correspondiente café. Ya puedo sobrevivir hasta la hora de la comida.

Objetivo conseguido
Hacemos las compras obligadas de las cruces de esta Javierada y nos encaminamos hacia la explanada donde se va a celebrar la misa.

El interior de la basílica de Javier
Algunos nos dirigimos a la basílica para hacer la visita a nuestro Santo Patrón, mientras otros van tomando posiciones para la celebración de la Eucaristía. Este año no tomo parte activa en ella, me limito a observar.

Aspecto durante la celebración de la misa
Finalizada la ceremonia, vamos a la zona de autobuses y, a las doce de la mañana partimos para casa con la satisfacción de haber conseguido el objetivo propuesto. A las dos de la tarde, en una conocida bodega de Murchante, disfrutamos de una comida de despedida y hermandad en la que degustamos un sabroso cocido, con todos sus sacramentos y bien regado por los vinos del lugar. 

Término de Javier
Esta ha sido, si no la mejor, una de las mejores Javieradas en las que he participado. Quizá haya influido en ello la ideal temperatura que hemos disfrutado durante todos los días. Como datos debo aportar que, en total, hemos recorrido noventa kilómetros a un promedio de cinco kilómetros a la hora, a pesar de las dificultades, lo cual quiere decir que hemos caminado durante dieciocho horas en los tres días. No está nada mal.

No me resta sino dar las gracias a todas la personas que han influido para que mi Javierada haya llegado a feliz término: a mi amigo Juanjo que me ha facilitado los traslados, a Mari Paz que me levantó en el aire cuando estaba muy postrado, a Pili, madre de Marta, que caminó a mi lado en mis momentos más difíciles de la mañana del sábado, a la intendencia que nos ha tratado a cuerpo de rey y a todos, todos mis amigos de Tudelanos por Javier, cuyos nombres no facilito para no extenderme demasiado y evitar se me olvide alguno, que con sus consejos, su empatía, sus detalles, su ayuda moral y física han contribuido eficazmente a que llevase a buen fin mi andadura. Gracias a todos, y nos vemos con idéntico motivo, si no es antes, el año que viene: mismo sitio, misma hora.  

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miércoles, 19 de marzo de 2014

Javierada 2014 (3/4) Murillo/Sangüesa

8 de marzo. Tercer tramo: 34 kilómetros.

No he dormido apenas, quizá por el cansancio. Llegamos a Murillo sobre las ocho y media. Los coches lucen un bonito manto de escarcha pero la mañana se vislumbra esplendorosa. Me uno al copioso desayuno de mis compañeros que han pasado aquí la noche. Solamente como un huevo frito, una salchicha y una infusión de manzanilla, no tengo ganas de más.

Salida de Murillo el fruto

A las nueve y media nos ponemos en marcha. Me adelanto para tomar la fotografía del grupo con el pueblo al fondo y, cuando llegan a mi altura, me uno a ellos. Caminamos por la carretera de Ujué durante cinco kilómetros y, en una curva ascendente, abandonamos la carretera y nos introducimos en el camino paralelo al río Aragón que nos llevará, aguas arriba, hasta el nuevo Gallipienzo.


Por la carretera de Ujué
Abandonamos la carretera
El paisaje es precioso, pero la andadura es un rompe piernas de continuas subidas y bajadas con la cinta verdosa del río siempre a nuestra derecha. Somos numerosos los que peregrinamos a pie, puesto que varios grupos elegimos este camino, y también en bicicleta. En uno de los puntos de apoyo me tomo un yogur además de un trago de agua.

El río Aragón
Un compañero sufre un pequeño percance y nuestra médico particular, a su lado, le va curando sobre la marcha. 

La cura sobre la marcha
Es cerca de la una del mediodía cuando, después de ascender una prolongada pendiente y un leve declive, avistamos "la liviana", una cuesta no muy larga pero con un considerable desnivel, en cuya cima nos espera nuestra intendencia.

La "liviana"

Llego muy cansado y no quiero comer nada, tan solo bebo dos refrescantes vasos de agua con limón. Con el calor se me ha escocido el interior de los muslos por el roce del pantalón. 

Un pequeño susto
El mismo compañero que anteriormente se había accidentado, al vadear un pequeño arroyo, resbala en las piedras echa ambos pies al agua sin llegar a caerse; un pequeño susto sin más consecuencias que los pies mojados.

La atalaya de Gallipienzo Antiguo

Continuamos por la pista ahora descendente, sin embargo todavía quedan unos cuantos toboganes, aunque mucho más suaves. La hermosa atalaya de Gallipienzo Antiguo vigila nuestro caminar cansino. Una compañera se queda para hacerme compañía y juntos pasamos bajo el viejo puente románico.

El puente románico
Nos queda ya muy poco pero estoy verdaderamente cansado. Cuando entramos en la plaza del pueblo donde va a tener lugar el yantar, me encuentro agotado. Un compañero que ha llegado antes me observa y me cede su asiento en uno de los bancos. Cualquier sitio es bueno para descansar hasta la hora de pasar al comedor. La enfermería ya está instalada y Pacita con la ayuda de Marta restaura los pies que no están en condiciones.

La enfermería a tope
Nuestra sanitaria me provee de un omeprazol y un nolotil aconsejándome los tome con los alimentos. Como mucho mejor de lo que pensaba y poco a poco me voy reponiendo.

Nuestras sombras apuntan hacia Sangüesa
Reiniciamos la marcha ahora ya por caminos casi llanos hasta Sangüesa, para la que aún quedan dos horas y media. En una parcela con unos viejos almendros de los que asoman unas tímidas flores, hacemos un nuevo reagrupamiento con el rezo de un avemaría y el canto de una jota. 

La torre de Santa María de Sangüesa a la vista
No me puedo creer que haya conseguido recuperarme de esta, voy muy bien, mucho mejor que por la mañana a pesar de los kilómetros recorridos. No sé si será el haberme nutrido en condiciones, los medicamentos o ambas cosas, pero estoy francamente bien. Con la puesta del sol nos reagrupamos por última vez en el puente de hierro de Sangüesa y nos hacemos la foto de rigor.

La foto de la satisfacción
La satisfacción nos desborda de tal manera que incluso la rampa postrera hasta el hotel se nos hace muy llevadera. Reparto de habitaciones, ducha, aperitivo y cena son los trámites que vamos cumpliendo hasta caer rendidos en la cama. La médico me ha procurado un par de pastillicas para descansar como un bebé. A ver si es verdad.



viernes, 14 de marzo de 2014

Javierada 2014 (2/4) El Yugo/Murillo

7 de marzo. Segundo tramo: 29 kilómetros.

A las ocho y media de la mañana la carretera de Tudela a Pamplona es un reguero de peregrinos, entre los que destacan los grupos de jóvenes, que están haciendo el tramo que nosotros nos quitamos ayer.

Culminando el recorrido que nosotros hicimos ayer
Junto a la ermita  nos encontramos con los que se quedaron allí a dormir y han cumplido con su misión de pelar las patatas para el calderete de la comida. Nuestra intendencia, que ya tiene preparado el lugar donde vamos a almorzar, nos recibe con unas migas recién hechas y un trago de vino para entretener la espera hasta que llegue nuestro grupo caminando desde Tudela.


Preparando el almuerzo
Hacia las nueve y media comienzan a llegar los primeros de nuestro grupo Tudelanos por Javier acercándose a una mesa bien repuesta de cogollos, cebolla, embutidos, queso, naranjas, plátanos, vinos y refrescos. Nuestra intendencia no cesan de hacer tortillas de escabeche para los bocadillos que van entregando uno a uno, calenticos y que saben a gloria. Después finalizamos con un café y algún licor al gusto de cada cual, munición suficiente para la batalla que, en breves momentos, vamos a librar.

Nuestro grupo, Tudelanos por Javier, en la ermita del Yugo
Después del almuerzo, pasamos a la ermita a recibir la bendición para el camino. El canto colectivo de la jota dedicada a la Patrona de la Ribera pone de manifiesto el entusiasmo reprimido durante el descanso y, sin más dilaciones comenzamos el descenso hacia los llanos terrenos de Landazuría cuando son las once menos cuarto de una mañana espléndida.


Hacia Landazuría. Al fondo, junto al corral, la Cuesta de las mulas
Hasta la Cuesta de las mulas, que se vislumbra en el horizonte, ningún impedimento salvo algún pequeño repecho, la distancia  y el calor que empieza a dejarse notar. Llegamos a esa pendiente, la máxima dificultad de la jornada, cuyo desnivel se las trae; afortunadamente no muy prolongada y, aunque jadeando, la salvo sin mayores problemas. Una vez arriba, nos tomamos un descanso de reagrupamiento, mientras nos llevamos algo a la boca y damos un buen tiento a la bota.


El Plano parece interminable
El plano se extiende ante nosotros interminable, dibujándose en la lejanía la línea azulada de las montañas que alcanzaremos al final del día. Con ánimos renovados continuamos nuestra caminata.


Se adivina el final del Plano
Hacia la una, alcanzamos el punto donde otros grupos tudelanos suelen parar para comer; nosotros continuamos, todavía nos queda una hora para llegar al lugar en el que nosotros lo tenemos previsto. Cerca de las dos descendemos del plano y nos dirigimos a nuestro particular restaurante, una borda de ganado que el pasado lunes fue acondicionada por algunos de nuestro grupo que se desplazaron hasta aquí.  

Nuestro particular servicio de salud
La intendencia ha hecho sus deberes y las mesas ya están dispuestas para el yantar. Antes, un apertitivo acompañado de cerveza fresca. Hay quien necesita restaurar el aparato de locomoción y pasa por un improvisado quirófano al aire libre donde la tamaritana Pacita, la médico que nos acompaña, nuestra buena samaritana, recompone los pinreles reparando las ampollas que a algunos les traen a mal traer. 

Pasen al comedor
Marta, con una sonrisa, nos invita a pasar al comedor. Unas ensaladas, el calderete de conejo de monte, los postres a base de  fruta, queso y nueces, el café y los licores nos dejan como nuevos. Cuando estamos en plena euforia de los cantos regionales, alguien recuerda que nos quedan dos horas y media de camino.


El Monasterio de la Oliva a la vista
Reanudamos la marcha con fuerzas renovadas y con la satisfacción de que nos resta otro obstáculo que la distancia. Cuando divisamos la torre del Monasterio de la Oliva, nuestros pies parecen tener alas y ser insensibles al cansancio.


En el interior del Monasterio
Penetramos en la sombría penumbra del santuario. Unos rezan y, entre tanto, otros descansamos un poco.

Carcastillo a la vista.
Un par de kilómetros más y entramos en Carcastillo. Nuevo reagrupamiento en el bar previsto. Ante la espera, me metro entre pecho y espalda una buena jarra de cerveza.   De nuevo en marcha, ahora con la satisfacción de que la meta está muy próxima.


Dejamos Carcastillo y cruzamos el Aragón hacia Murillo
Son las seis y media de la tarde cuando llegamos a nuestro destino: Murillo el fruto. Cada cual se las arregla como puede para asearse un poco antes de la misa que va se va a celebrar a las siete y media en la parroquia del pueblo, la iglesia de Santa María.


Santa María, en Murillo el fruto
Al final de la ceremonia la emoción de nuestro canto:


"La jota de la Ribera tiene sabor peregrino y, como Raimundo Lanas, la cantamos en Murillo." 


Para cenar, unas sopicas de ajo y lomo con pimientos. Aprovecho que un compañero ha venido exclusivamente a la cena, y me largo con él hacia Tudela sin quedarme al jolgorio posterior. Nos quedan tres cuartos de hora de carretera y estoy cansado. Llego a casa, me ducho y me meto en la cama. Mañana tengo que madrugar porque, a las ocho y media de la mañana, debo estar en Murillo para unirme a mis compañeros. 


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