miércoles, 21 de junio de 2017

Nihil novum sub sole


No hay nada nuevo bajo el sol, reitero.
Regresan las caderas obsoletas
además de los pasos bilingües del ciempiés.
Los acontecimientos se repiten
en el ocre del tiempo
cuajado de recuerdos importunos
y anhelos abrochados al trasluz.
Todo gira de nuevo
como espina dorsal de viejos ritos,
de prístinas medallas oxidadas
y baladas de noches de basalto
que cantan los estadios y sueñan las farolas.



Felipe Tajafuerte. (2016)

miércoles, 7 de junio de 2017

Añorando amaneceres



Se apagan las nubes del atardecer.
El sol busca horizontes paralelos,
diluye ocasos amarillos
y cierra los candados del silencio.
Los gatos negros del miedo
bufan a las estrellas de neón.
Los perros noctámbulos
tiñen de soledad los alcorques
y envidian a las lunas de los escaparates
que vomitan deseos insatisfechos.
Una lluvia seca
humedece el asfalto donde crecen las farolas,
se alinean mortecinas las aceras
y el insomnio vaga por alcantarillas
de fantasías inconexas.
El amanecer,
perdido en los recovecos de la noche,
deambula por los confines del alba
y añora brisas cárdenas
que aviven sus rescoldos.




Felipe Tajafuerte. 2017


lunes, 29 de mayo de 2017

Recuerdos en romance


Revisando vetustos documentos, guardados en cajones de un armario, me apareció esta foto de Julián. Junto a ella unos versos que compuse para mi hermano siendo los dos jóvenes. Tenía entonces yo diecisiete años. Él no había cumplido los catorce. Yo aporté rima y él nombró a la mula. Fue una broma inocente que escribí imitando el Romance de la luna, como un juego lorquiano. Muestro el viejo poema que aquel día repetimos, un verso él y un ripio yo, unidos, alternando las trovas, mano a mano. Han transcurrido seis años sin élSirvan estas estrofas de homenaje en el aniversario de su muerte y estos endecasílabos velados como recuerdo de un tiempo feliz.

Romance de la mula

La mula vino a la cuadra
sobrecargada de fardos,
con una berza en la boca
y un carajón en el ano.
El gañán la mira mira,
el gañan la está observando
y cuando está distraída
con un pincho le hace daño.
Vete mula, mula, mula.
Si te pillan los gitanos
pondrán en tu collerón
una sarta de petardos.
Atilana salió huyendo
como alma que lleva el diablo
en dirección a las viñas,
a las huertas y a los campos.
Al lado de una cuneta,
muy próxima al Camposanto,
pateó sin compasión
cuatro hectáreas de espárragos
y se zampó las verduras
que allí habían plantado.
Corre mula, mula, mula
que están muy cerca los payos.
¡Que no te vean comer
calabacines y nabos!
Escapó a la carretera
sin bridas y sin reparos
con un trote retozón,
por el centro galopando,
con los belfos encendidos
y bien levantado el rabo.
Despavorido el cuadrúpedo
no vio el enorme Pegaso
que vino por la derecha
y le dio un talabartazo
de los de no te menees,
de aquí te pillo y remato.
El animal quedó entonces
tendido sobre el asfalto
desparramados los sesos,
los intestinos y el bazo.
¡Pobre mula, mula, mula!
Mirad lo feo del caso
porque Atilana murió 
despanzurrada ipso facto.
Los buitres la miran, miran,
los buitres la están mirando.

Felipe Tajafuerte (1962)




sábado, 20 de mayo de 2017

Lorca seis años después

Nos lo propusimos sin recordar el evento. Habíamos situado nuestros reales en La Manga del Mar Menor con la intención de conocer lo más significativo de la región murciana. De las excursiones previstas, ya habíamos llevado a cabo las de Cartagena, Caravaca de la Cruz, San Pedro del Pinatar y Murcia. Restaban por tanto las de Águilas y Lorca; finalmente, nos inclinamos por ésta última ciudad, posponiendo la otra para el último día.

Plaza de España. Ayuntamiento

Como nos sucedió en Caravaca, donde estaban desmontando las tribunas de las fiestas de los Caballos del Vino, no nos sirvió el camino marcado por el navegador puesto que las calles estaban cortadas por obras. A pesar de ello, logré acceder al núcleo de la población y, por la calle López Gisbert, llegué a la céntrica plaza de San Vicente, en cuyo parking estacioné el coche, tomando nota del restaurante situado en la misma para la hora de la comida.


Calle Corredera

Caminando por la comercial calle Corredera, giramos por la del Álamo y nos situamos en la Plaza de España. Allí, en pocos metros, se concentra un conjunto espectacular: El Ayuntamiento, la Colegiata de San Patricio, las Casas Capitulares, la Casa del Coronel Potousse, la Casa del Corregidor, el Pósito de Panaderos, la Plaza del Caño y la Fuente del mismo nombre.

Fachada de la Colegiata de San Patricio
Decepcionados por no poder visitar el interior de la colegiata, cuyas obras de restauración aún no han sido entregadas por lo que permanece cerrada, continuamos nuestro recorrido siguiendo las amables indicaciones de la empleada de la oficina de turismo, situada en un histórico edificio del siglo XVIII, la citada Casa del Coronel Potousse.

Casa del Corregidor y Pósito de Panaderos
Pateamos la calle Corredera en la que se intercalan las oficinas bancarias con las tiendas de modas y los bares de tapas. Llegamos al convento de San Francisco, habilitado para Museo Azul de la Semana Santa (MASS), en el que pudimos contemplar la colección de bordados y atuendos utilizados en esas festividades.

Iglesia de San Francisco en el MASS
Por la plaza de Colón giramos hacia la calle Príncipe Alfonso, prosiguiendo nuestro paseo hacia López Gisbert. Junto a la Plaza Calderón de la Barca nos encontramos con el Teatro Guerra, el más antiguo de la región murciana y, en una calle cercana, el Casino Artístico-Literario al que no nos decidimos a entrar, puesto que se trata de una entidad privada y no dimos con nadie para pedir el oportuno permiso.

Así se encontraban numerosos edificios
Durante todo nuestro recorrido pudimos observar los estragos del terremoto sufrido por la ciudad. Las fachadas de numerosos edificios se encontraban sostenidas por vigas de hierro y su interior vaciado completamente. No quedaban ni los escombros producidos por el seísmo.

Palacio de Guevara

Patio del Palacio de Guevara

Tras visitar el patio del Palacio de Guevara, reparamos fuerzas en el restaurante elegido, en la plaza San Vicente, no si antes fijarnos en la copia de la columna miliaria, soporte de dudoso gusto de una efigie de San Vicente Ferrer. Dado que el patrimonio de Lorca es abundante, no nos permitimos ningún descanso a la hora en que una siesta hubiera venido que ni pintada.

Paseando pos sus calles
Todavía nos quedaba lo suficiente para tener ocupada toda la tarde, por lo que nos encaminamos de inmediato al Museo de Bordados del Paso Blanco, situado en la remozada iglesia de Santo Domingo. Allí pudimos admirar unos maravillosos bordados utilizados en lo que ellos llaman desfiles bíblicos y procesionales propios de su Semana Santa, además de la luminosa iglesia dominicana.

Museo de Bordados Paso Blanco junto a un edificio deteriorado
La iglesia del museo
A continuación, hicimos un recorrido por las murallas medievales y sus anexos. 

Recorrido por las murallas
A las cinco de la tarde, a las cinco en punto de la tarde, como en el poema de Ferderico García, estábamos en la puerta del Palacete Huerto Ruano.

Palacete Huerto Ruano
Antonia, la encargada del mismo, nos trató con una amabilidad extrema. Nos hizo unas bonitas fotos a mi mujer y a mí juntos y nos gestionó una visita muy especial a la Colegiata de San Patricio: Los Amigos del Arte de Lorca habían programado para las seis de la tarde una visita guiada a la que pudimos incorporarnos gracias a ella, por lo que tuvimos la satisfacción de ver cumplidos nuestros de deseos de no marcharnos sin conocerla por dentro. Mereció la pena aunque las explicaciones del guía resultaron un tanto prolijas y se extendieron durante hora y media.

Interior de la Colegiata de San Patricio
Quedamos verdaderamente sorprendidos cuando le escuchamos decir que ese día, precisamente ese día, once de mayo, se cumplían seis años del terremoto de Lorca. Sin tener idea de ello habíamos elegido para visitar esta ciudad en esa efemérides. Una de esas casualidades de la vida.

Iglesia de San Mateo
Sin tiempo ya para visitar el castillo, pero muy satisfechos por todo lo que habíamos visto en nuestra excursión, abandonamos la ciudad camino de nuestros provisionales cuarteles, no de invierno sino de primavera, en La Manga del Mar Menor.

miércoles, 17 de mayo de 2017

La escapada

Menestra de Tudela

Este fin de semana no me quedo en Bilbao, me dije. Sin pensarlo dos veces, llamé a Miren y, en un pispás, acordamos emprender una escapada.

- ¿Qué te parece Tudela? Están en plenas jornadas de exaltación de las verduras, pasaremos desapercibidos y, además, disfrutaremos de la buena mesa. 

Llegamos justo a la hora del yantar. ¡Qué menestra! Tenía, como los naipes, cuatro ases: espárragos, alcachofas, habas y guisantes.  Seguidamente dimos buena cuenta de una cazuela de cordero en chilindrón regado con un excelente vino navarro. Paseando nos llegamos a su recóndita catedral. Recorrimos engarzados como dos tortolitos de estreno las angostas calles del casco histórico cuajadas de bares en los que degustamos unos exquisitos pinchos de verdura. Nos dieron las tantas y emprendimos el camino al hotel para terminar una jornada memorable. ¡Qué noche la de aquel día! Como el poeta, montado en potra de nácar, corrí el mejor de los caminos.

Cuando estábamos desayunando, vi bajar al comedor a Julen enlazando con entusiasmo y dominio la cintura de Edurne, mi santa esposa, a la que suponía en Valencia asistiendo a un Congreso de Medicina Naturista.   


Felipe Tajafuerte. 2017

lunes, 15 de mayo de 2017

Ni un beso queda


No existe libertad si hay una cerca
No existe ningún lar para el que vaga
No existe ningún mal que por bien venga
No existe la justicia si ésta tarda

No existen trochas sin que abrojos tengan
No existen los valores en las trampas
No existen alegrías cuando hay penas
No existen las caricias a la nada 

No existen unos celos indoloros
No existen los París sin una misa
No existen las heridas sin sollozos

No existe suciedad cuando se limpia
No existe una batalla sin despojos
Ni queda un beso ya para las cuitas



Felipe Tajafuerte. (2016)

lunes, 1 de mayo de 2017

El que no ganó



No se puede siempre lograr laureles porque de todo tiene que haber en la viña del Señor. A la vez que presenté el poema ganador del III Premio de Poesía "Alcachofa Blanca de Tudela", titulado Delicatessen floral, entregué este otro para el de "Aceite Virgen Extra de Navarra" que no resultó galardonado, aunque por las noticias que tengo no anduvo lejos. Las oleosas redondillas de Maite Sanz se llevaron el gato al agua, o al aceite si lo preferís. De todas formas, en las bases del concurso estaba prescrito que una misma persona no podía ser el ganador de ambas modalidades, así que bien está lo que bien acaba.

Como mis dos poemas son hijos del mismo padre y ya presenté en sociedad al laureado de la alcachofa, hago ahora la puesta de largo de las tres redondillas compuestas en honor al aceite para que no se sientan discriminadas. Personalmente estoy tan satisfecho de uno como de otro poema, aunque no dejo de reconocer que el recibir un premio tiene su punto. Pero como todo es muy subjetivo, vosotros juzgaréis:


De procedencia divina


Se transforma en el trujal,
en el momento oportuno,
el fruto del aceituno
en elixir sin igual.

Sea arróniz, arbequina,
empeltre o tal vez picual,
es regalo celestial
de procedencia divina.

Y no podemos obviar
que es de Navarra el aceite
que procura tal deleite.
¡La joya del olivar!





Felipe Tajafuerte. 2017

miércoles, 26 de abril de 2017

La leyenda del olivo



Por dar a una ciudad nombre
Atenea y Poseidón
contendieron por el don
que más útil fuera al hombre.
Creyendo ganar el fallo,
sin pensárselo dos veces,
dejándose de sandeces,
Poseidón donó un caballo.
Atenea, con motivo,
aportó un genial regalo
que muchos creyeron malo
al verla con un olivo.
Y Zeus consideró,
tras oír las opiniones,
mejor, por varias razones,
el que su hija entregó.
Signo es de guerra el corcel
y de paz el aceituno
y fue por ello oportuno
darle a la diosa el laurel
y que su nombre pusiera
a ese lugar por las buenas
y así la ciudad de Atenas
se llama de esta manera.
Pronto aprendieron los griegos
a molturar aceitunas,
mas las enormes fortunas
no las lograron labriegos.
Desde entonces al aceite
consideran sin dudar
la joya del olivar,
causante de tal deleite
que pronto, sin suspicacias,
por tan grandes cualidades
para todas las edades,
despacharán las farmacias.



Felipe Tajafuerte. 2017

domingo, 23 de abril de 2017

Otro premio más

Cuando ya pensaba que mi cupo de gloria se habría acabado con la consecución del primer premio en el II Certamen Poético en honor a Santa Ana, días pasados recibí una sorpresiva llamada telefónica (desconozco si la nocturnidad fue premeditada) en la que se me comunicaba que había sido uno de los dos vencedores del III Premio de Poesía "Alcachofa Blanca de Tudela" y "Aceite Virgen Extra de Navarra", precisamente en la sección de alcachofa.

Este concurso se incardina dentro del programa de las Jornadas de Exaltación y Fiestas de la Verdura que tienen lugar en nuestra ciudad del 21 de abril al 1 de mayo. Están convocados por la Federación de Sociedades Gastronómicas de Tudela "El hortelano" y patrocinados por "Aceites Urzante" y la "D. O. Alcachofa Blanca de Tudela", otorgándose dos galardones, uno en modalidad de aceite y otro en la de alcachofa. 

En esta ocasión, el tipo de composición obligatorio era un conjunto de tres redondillas, doce octosílabos, con el esquema abba y en el que necesariamente debiera figurar en uno de sus versos "alcachofa de Tudela" (o tudelana) y "aceite de Navarra" (o navarro), según se trate de una u otro, con la particularidad de que una misma persona no puede resultar vencedor en ambas modalidades.

Recibiendo el premio

Dado que ya obtuve el premio en la variedad de aceite en la primera convocatoria hace un par de años, con éste completo el ciclo y me doy por muy satisfecho. Una vez cumplido el protocolo de la entrega oficial de premios, que ha tenido lugar en la tudelana S.G. Topero en la tarde noche de este sábado pasado, someto a vuestra consideración la obra que me ha proporcionado esta nueva recompensa.



 Delicatessen floral


La alcachofa de Tudela,
con su indeleble sabor,
es, sin duda, blanca flor
irisada de ciruela.

Atesora en su interior
una pizca de ternura
que emana de la mixtura
de un cierto dulce amargor.

Oxímoron vegetal
que tanta gula despierta,
orgullo de nuestra huerta,
delicatessen floral.


lunes, 10 de abril de 2017

Descendimiento



Nicodemo encaramado
vencido sobre el madero
descuelga al Dios verdadero
por Pilatos condenado
a morir crucificado.
María al pie de la cruz,
en amargo contraluz,
recibe al hijo querido,
muerto como un forajido,
apagada ya su luz.

¡Dios mío! Qué resplandor
ilumina al Salvador
tras la nefanda condena.
Es su faz clara y serena
un trasunto del amor.



Felipe Tajafuerte. (2016)

martes, 28 de marzo de 2017

Algo queda


Hay vientos que traen brisa
Hay brasa que no se enciende
Hay gentes con empatía
Hay lugar para quien viene

Hay rosas sin tanta espina
Hay calor para el que vuelve
Hay miradas no lascivas
Hay amor que nunca muere

Hay entente con el otro
Hay ombligos con lazada
Hay H2O sin cloro

Hay romero en las ventanas
Hay besos que no están rotos
Hay todavía esperanza





Felipe Tajafuerte. (2017)

sábado, 18 de marzo de 2017

No hay dos sin tres

A última hora tuve que aplazar la salida de mi viaje a Valencia y dejar que mis compañeros lo iniciaran sin nosotros; después del evento nos reuniríamos con ellos en la ciudad del Turia. Mereció la pena.


Foto que me hizo Jesús Marquina, a quien considero un buen amigo.


La entrega de un primer premio no es algo banal y que suceda todos los días. Y menos a mí. Después de mi comentario el pasado año denunciando lo deslucido que resultó el acto de la entrega de los premios de la primera edición por la ausencia de los principales protagonistas, no podía ser yo quien faltase. Máxime siendo el primer tudelano que gana este Certamen Poético en honor de Santa Ana. La decisión, propiciada por mi mujer que siempre está al quite, resultó ser muy acertada puesto que los laureados en segundo y tercer lugar, a quienes felicito, fueron personas residentes en Benicásim y Bernidorm que lógicamente no estuvieron presentes al tratarse de un galardón de modesta cuantía.  

Nunca pensé que pudiera alcanzar el primer premio, pero mentiría si no dijera que, al menos, tenía la esperanza de estar entre los finalistas a alguno de ellos. Si hubiera sabido que se presentaban ciento cuatro trabajos de toda España y de varios países sudamericanos, habría pensado que era un iluso por tener semejantes elucubraciones.

En mi poema traté de pasmar en un flash poético el ambiente tudelano de la procesión  de Nuestra Patrona aunando los elementos básicos del mismo: Santa Ana, la albahaca, la cera, las flores, el rojo y el blanco, el olor a incienso, la Bardena, el calor, las jotas, los rezos, las campanas... Con estas mimbres apañé un cesto compuesto de catorce endecasílabos blancos, me gustan los poemas breves, dándoles el formato de un soneto.  Y resultó. Someto este mi poema vencedor a vuestra consideración:

Procesión


Santa Ana. Perfumes de la albahaca.
Las flores encendidas en los ramos.
Se escuchan las plegarias del incienso
que sueña atardeceres de aleluyas.

Las calles de Tudela se iluminan
de blanca indumentaria. Relucientes
las fajas y pañuelos carmesís.
Los cirios impregnados de Bardena.

Entonan recias jotas los balcones.
Musitan tenues rezos los umbrales.
Cantan los adoquines sol de julio.

Liberan las campanas sus badajos
porque en las viejas rúas centenarias
se vislumbra el cortejo de la Abuela.



Este es el tercer premio que recibo a pesar de que no compito apenas y casi siempre por compromiso. He participado en dos concursos locales con cinco microrrelatos, logrando un segundo premio y dos finalistas, y en dos de poesía con otros cinco poemas, consiguiendo dos primeros premios.  Son galardones modestos, pero a mí me saben a gloria, sobre todo éste dedicado a Santa Ana. Es que la Abuela para los tudelanos, seamos o no practicantes, tiene connotaciones singulares muy arraigadas. Como se suele decir por estos lares, una cosa son los curas y otra Santa Ana.

Además este premio me ha servido para comprobar que hay mucha gente que me estima y siente aprecio por mí y por lo que hago. No tengo más que palabras de agradecimiento por haberme hecho sentir abrumado por tantas felicitaciones.  


miércoles, 8 de marzo de 2017

Mujer fascinante




Posee la mujer que te fascina
como el ala del cuervo los cabellos,
un óvalo perfecto por semblante,
la mirada enigmática, los ojos
de un verde abisal, labios carmesís
cual picota madura destilando promesas. 

Es su cuello de cisne tan soberbio en el trazo 
como audaces los pechos al desnudo.
Las caderas rotundas. El ombligo furtivo
acicate del sexo vislumbrado,
ese oscuro objeto del deseo
por el bikini oculto.

Y tú quisieras ser ascua de arena
para prender su piel con tus ardores...


Felipe Tajafuerte. (2016)

lunes, 6 de marzo de 2017

Otra Javierada. IV Sangüesa-Javier


Final

Se acabó. Hemos llegado.
Ya estamos aquí de nuevo.
Hemos tomado el relevo,
igual que el año pasado,
con empeño renovado.
Todos deseamos volver
al castillo de Javier
para encontrar la esperanza
y recobrar la confianza
que no queremos perder.


Felipe Tajafuerte (2017)

domingo, 5 de marzo de 2017

Otra Javierada. III Murillo-Sangüesa


Entereza


Cercana la fortaleza,
los sufrimientos se olvidan,
las promesas se validan,
se diluye la pereza
y se muestra la entereza.
Conquistado ya el alcor,
soslayamos el dolor
y de nuevo, si es preciso,
sellamos el compromiso
de marchar con más vigor.


Felipe Tajafuerte (2017)

sábado, 4 de marzo de 2017

Otra Javierada. II El Yugo-Murillo el Fruto


Camino

Caminando por El Plano
llegamos a Carcastillo,
pernoctamos en Murillo
y en acabado lo llano
el final está cercano.
Llegamos al Aragón
mientras suena una canción
que, sin pensarlo nos lleva,
haga frío, nieve o llueva,
tras esta bella ilusión.


Felipe Tajafuerte (2017)

jueves, 2 de marzo de 2017

Otra Javierada. I Tudela-El Yugo




Comienzo

Pintando la primavera
arranca la Javierada
seguidos por la mirada
de la imagen hechicera
de la Virgen Bardenera.
Al castillo del Patrón,
sin aparente razón,
nuestro camino emprendemos
y al compañero tendemos
la mano y el corazón.




Felipe Tajafuerte (2017)

viernes, 3 de febrero de 2017

Adiós a la tristeza


Detesto la amargura impenitente
afincada en angustias nocherniegas.
Detesto ver los párpados abiertos,
vacíos de violetas y rosales,
con las pupilas huérfanas de lirios.

Quiero cruzar los puentes del insomnio 
para embeber la bilis que desbordan
las fauces cavernosas del rencor.
Quiero decir adiós. Cambiar por risas
de azafrán el cobalto de los rictus.
Uncir mi carro astral junto a la aldaba
de los vientos que eluden la tristeza.
Quiero sorber el nácar y la miel 
de un horizonte ahíto de jazmines.


Felipe Tajafuerte. (2016)

domingo, 15 de enero de 2017

Reconciliaciones

Hoy ha sido un día de reconciliaciones. En primer lugar con un frío y precioso amanecer con el sol pintando las nubes de rojo, dibujando los cerros cercanos y señalando de amarillo el edificio del hospital.

Un bello amanecer
En segundo lugar con mis compañeros del grupo Tudelanos por Javier a quienes no acompañé en la primera salida el pasado domingo y se han visto sorprendidos por mi total recuperación de la fascitis plantar que el pasado año me impidió marchar junto a ellos durante la Javierada.

El colorido del amanecer
En un tercer lugar con mi abandonada costumbre de caminar una o dos horas seguidas. En esta ocasión han sido un par de ida y dos de vuelta. Seguro que mañana tendré una desagradable aproximación con las agujetas, pero con estas no pienso llevarme bien.

El Hospital Reina Sofía
Una vez en Ablitas, para hacer los honores en la cuarta reconciliación, me he tomado la libertad de abandonar mi dieta habitual retomada después del periodo navideño. Y a fe que nos hemos arreglado bien y hemos empatizado con toda rapidez. Y es que el recibimiento no ha podido ser más amable. Allí, sobre la mesa, se encontraba mi amiga la ensalada, maciza ella, sanota, de buen color. La acompañaban, en espera de las presentaciones, unas manitas de concejal y unos platos de chistorra, arrebolada quizás por el contacto que en breve íbamos a tener y otros de olivas negras, tal vez de celos. Pronto han aparecido juntos los gemelos, mis viejos amigos los huevos fritos, cuyo encuentro durante tanto tiempo he tratado de soslayar. Los escoltaban unas lonchas de jamón, una chuleta de lomo, otra de panceta, unas patatas fritas y un pimiento verde. 

Invernaderos en descanso
Enseguida la empatía inicial se ha transformado en calurosa simpatía y nos hemos dado el anhelado abrazo ante un testigo que siempre nos acompaña: el vino de la tierra. Me ha venido bien para eliminar el nudo de la garganta que me ha producido la emoción del encuentro. Éste ha sido tan agradable que lo he celebrado con un carajillo de brandy. Nos hemos despedido amigablemente y hemos quedado para el próximo domingo en Ribaforada. 

Las alcachofas nos contemplan
Camino de casa, he saludado a las alcachofas. Estaban verdes, no sé si de envidia. Mañana me reconciliaré también con ellas. Solamente cocidas. Para suavizar el acercamiento, las rociaré con unas gotas de aceite virgen extra crudo y el jamón lo dejaré para el próximo domingo. 

La causa del "tropezón"
Antes de entrar en Tudela, en el huerto de un amigo, he tenido un tropezón con una careta de cerdo a la brasa que iba de la mano con un trozo de queso. La verdad es que hacían buenas migas, pero me tomado un vasito de vino para reponerme del susto. 

jueves, 12 de enero de 2017

Leyre


El pasado mes de noviembre hicimos una excursión para visitar el castillo de Javier y el Monasterio de San Salvador de Leyre, lugares sobradamente conocidos pero no por ello menos atractivos. Antes pasamos por la población de Aibar para conocer el Aula de Energías Renovables, donde quizás nos entretuvimos demasiado y esto hizo que fuésemos ya con un cierto retraso durante toda la jornada. Tanto es así que se nos echó la noche encima contemplando el pórtico de la iglesia del monasterio en un atardecer verdaderamente espectacular. 

Atardecer en San Salvador de Leyre
En la Sierra de Leyre, llamada también la sierra de Errando, los ríos Salazar e Irati han excavado en la roca caliza los cañones más espectaculares de Navarra: las foces de Arbayún y de Lumbier, cuyas dimensiones son únicas en España. Las cumbres más importantes de esta sierra son Escalar y Arangoiti con 1.302 y 1.353  metros de altura sobre el nivel del mar respectivamente. En las faldas de éste último  se encuentra situado el Monasterio de San Salvador de Leyre, cuna del reino de Pamplona, precursor del de Navarra, y mausoleo de sus primeros reyes.

La foz de Arbayún desde el mirador de Iso
La maravillosa iglesia románica de los siglos XI y XII tiene algunas peculiaridades que la hacen muy singular. Su cabecera es la construcción románica más antigua de Navarra que se conserva actualmente y una de las primeras españolas. Está edificada sobre una excepcional cripta, única en el mundo por sus características, destacando sus grandes capiteles sustentados por unas pequeñas columnas.

Detalle de un capitel de la cripta

La cripta de Leyre
La iglesia consta  de tres naves con bóveda de cañón,  muy altas, la central más ancha que las otras dos, sin guardar simetría ya que la izquierda es más estrecha que la derecha. Los tres ábsides son de planta semicircular. En el altar principal se encuentra la Virgen de Leyre y, cercano al crucero, un coro en madera de estilo plateresco. 

Santa María de Leyre
A destacar también, en el exterior, la Puerta Speciosa, pórtico construido durante la primera ampliación de la iglesia. En el tímpano circular hay seis imágenes, la más importante la del Salvador de quien toma nombre el monasterio. Cuatro arquivoltas, embellecidas con figuras de seres reales y fantásticos, descansan sobre seis columnas, tres a cada lado, coronadas por capiteles decorados con una variada temática.  Sobre las arquivoltas está el friso en el que se representan, entre otras, escenas del martirio de las santas Nunila y Alodia.

La Puerta Speciosa ya de noche
El entorno es privilegiado y a sus pies se encuentra el embalse de Yesa represando las aguas del río Aragón. A pocos kilómetros se sitúa el  castillo donde nació San Francisco Javier patrón de Navarra y misionero universal. Igualmente, desde sus alturas, se divisa el cercano pueblo aragonés de Sos del Rey Católico.

Como no podía ser de otra manera, Leyre también tiene su leyenda: la de San Virila. Cuentan que en este monasterio vivía un monje llamado Virila que albergaba grandes dudas sobre el misterio de la eternidad y rogaba a Dios para que le hiciera comprender dicho misterio.

San Virila echando un sueñecito
Un día que salió a dar un paseo por los bosques de la sierra se sentó a descansar junto a una fuente y  quedó tan absorto con el canto de un ruiseñor que perdió la noción del tiempo y se quedó traspuesto. Cuando despertó ya anochecía. Regresó al  cenobio donde habitaba y se percató de que ningún monje le era familiar y en el monasterio se habían introducido algunos cambios. Apesadumbrado, se dirigió  al prior, al que tampoco conocía, exponiéndole su extrañeza y juntos en la biblioteca descubrieron asombrados que hacía tres siglos había existido un abad llamado Virila  que fue canonizado años más tarde de su desaparición durante uno de sus paseos primaverales.

Comprendió que él mismo era el abad mencionado en ese escrito y que, al someterle a esta prueba, Dios había escuchado sus súplicas. Todavía hoy puede visitarse la fuente citada en este relato siguiendo un sendero por el bosque.

Esta leyenda no es exclusiva de Leyre. Yo la he escuchado, con muy ligeras variaciones, en el monasterio gallego de Armenteira, cerca de Pontevedra, atribuida a San Ero. Tengo entendido que se reproduce  también en  una de las Cantigas de Alfonso X el Sabio. 

San Salvador de Leyre, a sus pies el embalse de Yesa
Hasta el pasado año, en este privilegiado emplazamiento, se realizaba anualmente la entrega de los prestigiosos premios internacionales Príncipe de Viana que el Gobierno de Navarra otorgaba  para reconocer la labor de personas e instituciones de cualquier país en tres ámbitos: la cultura, la solidaridad social y la atención a las personas dependientes.


El actual gobierno cuatripartito de Navarra, poniendo como excusa y motivo el hecho de que inicialmente estos galardones se entregaban en Olite, en una decisión innecesaria y no demandada, acordó unilateral e inopinadamente, sin contar con la anuencia de la mayoría de los navarros, trasladar la ceremonia de entrega de los mismos a esa ciudad, excluyendo a la familia real de dichos actos, contribuyendo así al esperpento manteniendo el principesco título para esos premios. Quizás la Sra. Barkos pretende adquirir el prestigio internacional del que goza  el monarca, ya que nuestra presidenta, fuera de Navarra y el País Vasco, pinta menos que Caramba en el Bocal.  Para tomar esta decisión  no digo que se hayan encomendado al diablo, pero a Dios tampoco. Sea como fuere, parece que el prestigio de este galardón ha caído en picado, cosa que no ha sorprendido ni a propios ni extraños.

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