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domingo, 21 de octubre de 2018

Cuando una amiga se va...


Conocí virtualmente a Nerim, autora del blog Cajón secreto, hace poco más de ocho años. Me enamoré de su forma de escribir con una breve, maravillosa, historia titulada Sonando boleros, que después incluyó en su libro. Más tarde supe su verdadero nombre: Jone Miren Asteinza, una vasca afincada en Cataluña después de pasar por Venezuela. Recuerdo su avatar de aquel tiempo como si fuera ayer mismo: gafas oscuras y sombrero muy calado -¿un borsalino?- que apenas dejaba entrever su rostro sonriente. 

Coincidimos por primera vez en Blogueros Mayores, que por entonces dirigía el Viejo Pescador. Empatizamos de inmediato. Más adelante, puso en marcha un nuevo blog, Audiolecturas, dándome la sorpresa de poner voz a uno de mis primeros relatos, Sirenas. 


En la presentación de su primer libro
La conocí personalmente, junto a otros blogueros amigos, en Madrid, en la presentación de su primer libro, una tarde-noche de abril, hace ya cinco años. Sin solución de continuidad, mudamos la empatía por la mutua simpatía. 

Al poco tiempo, me dio paso en su programa de radio Lecturas en audio, de la emisora de la ciudad argentina de Rosario, El mundo en voz, donde presenté mis relatos Sirenas y El carrico del helado, narraciones que a ella le encantaban, según me confesó algunas veces. Le dediqué, por su condición de vasca, mi escrito Un nuevo Basajaun. 

Me instaba a presentarme a concursos de microrrelatos en los que ella solía participar. Nunca seguí su consejo. Según sus propias palabras, no era de poesía, y mucho menos de escribirla, sin embargo me dijo que a Francisco Espada, a Chelo De la Torre y a mí sí que nos leía. Supongo que a algunos más también. 


Mi último encuentro con Miren
Hace un par de años, con motivo de mi viaje a Barcelona, tuvo la amabilidad de desplazarse, junto con su marido Luismi, hasta el hotel donde nos alojábamos para disfrutar un rato en nuestra compañía. 

Hablamos de su último libro, Voces de madrugada, que más tarde me envió, y se interesó por el proyecto del mío, manifestando el deseo de tenerlo pronto en sus manos. Pudo cumplirlo porque en junio pasado se lo facilité. Un poco antes, había solicitado mi autorización para poner voz a uno de mis últimos poemas: Sentí desfallecer. 

Hace unos meses tan sólo, me comunicó su último proyecto: una novela en la que tenía puestas sus ilusiones. A la vuelta de mi reciente viaje, me he encontrado con la noticia de su fallecimiento. Los cimientos de mi mundo bloguero se han visto sacudidos de nuevo. Primero fue Alberto Boutellier, más tarde Angelines Allúe, y ahora Miren. 

Como homenaje, traigo de nuevo el podcast donde su voz cálida, de matices acariciadores, primorosa en el sentimiento, recita mi poema.

 


Descansa en paz, Miren o Nerim, como prefieras, tu sonrisa abierta siempre nos acompañará.

miércoles, 16 de agosto de 2017

¡Adiós, Trimbolera!

Se me ha ido una amiga bloguera entrañable. Fue una de las primeras amistades virtuales que hice cuando me inicié en este mundo de la blogosfera. Hasta última hora hemos seguido leyéndonos. Se sobrepuso a todo: el abandono de su hogar de Lanuza por la construcción del pantano, la muerte de su esposo Marcos, el diagnóstico de un cáncer... Todo sobrellevado de una forma admirable. Quizás le ayudó a ello su bitácora en la que casi todos los días nos mostraba la cara amable de la vida.

De izquierda a derecha: Liova, Trimbolera y yo en 2013
En  "El bosque de trimbolera", de la mano de Angelines Allúe Escartín, así se llamaba, conocimos el paisaje de su tierra, sus fotografías, sus paseos, la música que le gustaba y nos facilitaba, su poesía, su ternura, su fortaleza, su vitalidad, los homenajes de su pueblo a su marido Marcos, el nacimiento de su nieta Lucía, a su querido bolo, la nieve en Lanuza, las tormentas, cada una de las estaciones del año...

La amistad virtual se transformó en real gracias a  Liova, otra bloguera maña, llamada Cristina, a quien había conocido en persona en Cáceres, donde reside. En una excursión a Jaca quedé con ellas para pasar un rato de una tarde a finales del verano de 2013. La empatía que habíamos cultivado hasta entonces se transformó en mutua simpatía.

No ha dejado de publicar en su blog salvo en contadas ocasiones. El día catorce escribió lo siguiente: Estoy ingresada en el hospital. Un abrazo muy fuerte a todos. Volveré cuando se vaya la niebla. 

Este medio día se ha publicado una nueva entrada: Hoy Trimbolera ha visto a Marcos entre la niebla y las vacas... y se ha ido con él.

No he llegado a cumplir los deseos que manifestamos de encontrarnos de nuevo. Se ha marchado. Quizás coincida en otras esferas con Alberto Boutellier Caparrós, otro bloguero amigo que nos abandonó el pasado año. Descansa en paz, Angelines.

sábado, 1 de julio de 2017

Septeto


Siete años han transcurrido ya desde aquel primero de julio, tan lejano desde la perspectiva del día de hoy en el que conmemoro el alumbramiento de este blog que, poco a poco, ha ido variando su contenido aportando trabajos literarios, últimamente con unas connotaciones más poéticas que antaño. Algunos temas se me han ido quedando por el camino y otros, como política, religión o sexo, prefiero no "meneallos".

Es probable que esta modificación constituya solamente una derivada puntual o transitoria. No lo sé. De momento estoy dando rienda suelta a unas nuevas inquietudes. Cierto es que no mantengo el mismo entusiasmo inicial ni la misma constancia. Como consecuencia de ello, las entradas se han ido espaciando. En esto de la escritura me ocurre como con el caminar y la bicicleta: si emperezo pierdo el hábito y cada día me cuesta más ponerme ante la tesitura de plasmar algo coherente. Quizás haya llegado el momento de plantearme una pausa o la propia continuidad de esta bitácora. El tiempo decidirá.

Durante este periodo último he tenido la satisfacción de alcanzar dos nuevos galardones y ambos han tenido lugar en el campo poético. Desconozco si ésto ha sido la causa o, tal vez, la consecuencia del cambio de orientación de mis trabajos. Sea como fuere, en tanto me encuentre a gusto con lo que en la actualidad estoy ocupado y que las emociones sigan aflorando, continuaré concediendo protagonismo a esta actividad reciente. Veremos lo que da de sí esta etapa un tanto incierta que hoy inicio. 

lunes, 29 de mayo de 2017

Recuerdos en romance


Revisando vetustos documentos, 
guardados en cajones de un armario, 
me apareció esta foto de Julián. 
Con ella, unos versos que compuse 
para mi hermano siendo los dos jóvenes. 
Tenía entonces yo diecisiete años. 
Él no había cumplido los catorce. 
Fue una broma inocente que escribí 
imitando el Romance de la luna, 
como un juego lorquiano. Muestro el viejo 
poema que aquel día repetimos 
unidos, verso él y ripio yo, 
alternando las trovas, mano a mano. 
Seis años han pasado de su muerte. 
Sirva el viejo romance de homenaje 
y estos endecasílabos sin rima 
como recuerdo de un tiempo feliz.

Romance de la mula

La mula vino a la cuadra
sobrecargada de fardos,
con una berza en la boca
y un carajón en el ano.
El gañán la mira mira,
el gañan la está observando
y cuando está distraída
con un pincho le hace daño.
Vete mula, mula, mula.
Si te pillan los gitanos
pondrán en tu collerón
una sarta de petardos.
Atilana salió huyendo
como alma que lleva el diablo
en dirección a las viñas,
a las huertas y a los campos.
Al lado de una cuneta,
muy próxima al Camposanto,
pateó sin compasión
cuatro hectáreas de espárragos
y se zampó las verduras
que allí habían plantado.
Corre mula, mula, mula
que están muy cerca los payos.
¡Que no te vean comer
calabacines y nabos!
Escapó a la carretera
sin bridas y sin reparos
con un trote retozón,
por el centro galopando,
con los belfos encendidos
y bien levantado el rabo.
Despavorido el cuadrúpedo
no vio el enorme Pegaso
que vino por la derecha
y le dio un talabartazo
de los de no te menees,
de aquí te pillo y remato.
El animal quedó entonces
tendido sobre el asfalto
desparramados los sesos,
los intestinos y el bazo.
¡Pobre mula, mula, mula!
Mirad lo feo del caso
porque Atilana murió 
despanzurrada ipso facto.
Los buitres la miran, miran,
los buitres la están mirando.

Felipe Tajafuerte (1962)




sábado, 18 de marzo de 2017

No hay dos sin tres

A última hora tuve que aplazar la salida de mi viaje a Valencia y dejar que mis compañeros lo iniciaran sin nosotros; después del evento nos reuniríamos con ellos en la ciudad del Turia. Mereció la pena.


Foto que me hizo Jesús Marquina, a quien considero un buen amigo.


La entrega de un primer premio no es algo banal y que suceda todos los días. Y menos a mí. Después de mi comentario el pasado año denunciando lo deslucido que resultó el acto de la entrega de los premios de la primera edición por la ausencia de los principales protagonistas, no podía ser yo quien faltase. Máxime siendo el primer tudelano que gana este Certamen Poético en honor de Santa Ana. La decisión, propiciada por mi mujer que siempre está al quite, resultó ser muy acertada puesto que los laureados en segundo y tercer lugar, a quienes felicito, fueron personas residentes en Benicásim y Bernidorm que lógicamente no estuvieron presentes al tratarse de un galardón de modesta cuantía.  

Nunca pensé que pudiera alcanzar el primer premio, pero mentiría si no dijera que, al menos, tenía la esperanza de estar entre los finalistas a alguno de ellos. Si hubiera sabido que se presentaban ciento cuatro trabajos de toda España y de varios países sudamericanos, habría pensado que era un iluso por tener semejantes elucubraciones.

En mi poema traté de pasmar en un flash poético el ambiente tudelano de la procesión  de Nuestra Patrona aunando los elementos básicos del mismo: Santa Ana, la albahaca, la cera, las flores, el rojo y el blanco, el olor a incienso, la Bardena, el calor, las jotas, los rezos, las campanas... Con estas mimbres apañé un cesto compuesto de catorce endecasílabos blancos, me gustan los poemas breves, dándoles el formato de un soneto.  Y resultó. Someto este mi poema vencedor a vuestra consideración:

Procesión


Santa Ana. Perfumes de la albahaca.
Las flores encendidas en los ramos.
Se escuchan las plegarias del incienso
que sueña atardeceres de aleluyas.

Las calles de Tudela se iluminan
de blanca indumentaria. Relucientes
las fajas y pañuelos carmesís.
Los cirios impregnados de Bardena.

Entonan recias jotas los balcones.
Musitan tenues rezos los umbrales.
Cantan los adoquines sol de julio.

Liberan las campanas sus badajos
porque en las viejas rúas centenarias
se vislumbra el cortejo de la Abuela.



Este es el tercer premio que recibo a pesar de que no compito apenas y casi siempre por compromiso. He participado en dos concursos locales con cinco microrrelatos, logrando un segundo premio y dos finalistas, y en dos de poesía con otros cinco poemas, consiguiendo dos primeros premios.  Son galardones modestos, pero a mí me saben a gloria, sobre todo éste dedicado a Santa Ana. Es que la Abuela para los tudelanos, seamos o no practicantes, tiene connotaciones singulares muy arraigadas. Como se suele decir por estos lares, una cosa son los curas y otra Santa Ana.

Además este premio me ha servido para comprobar que hay mucha gente que me estima y siente aprecio por mí y por lo que hago. No tengo más que palabras de agradecimiento por haberme hecho sentir abrumado por tantas felicitaciones.  


domingo, 15 de enero de 2017

Reconciliaciones

Hoy ha sido un día de reconciliaciones. En primer lugar con un frío y precioso amanecer con el sol pintando las nubes de rojo, dibujando los cerros cercanos y señalando de amarillo el edificio del hospital.

Un bello amanecer
En segundo lugar con mis compañeros del grupo Tudelanos por Javier a quienes no acompañé en la primera salida el pasado domingo y se han visto sorprendidos por mi total recuperación de la fascitis plantar que el pasado año me impidió marchar junto a ellos durante la Javierada.

El colorido del amanecer
En un tercer lugar con mi abandonada costumbre de caminar una o dos horas seguidas. En esta ocasión han sido un par de ida y dos de vuelta. Seguro que mañana tendré una desagradable aproximación con las agujetas, pero con estas no pienso llevarme bien.

El Hospital Reina Sofía
Una vez en Ablitas, para hacer los honores en la cuarta reconciliación, me he tomado la libertad de abandonar mi dieta habitual retomada después del periodo navideño. Y a fe que nos hemos arreglado bien y hemos empatizado con toda rapidez. Y es que el recibimiento no ha podido ser más amable. Allí, sobre la mesa, se encontraba mi amiga la ensalada, maciza ella, sanota, de buen color. La acompañaban, en espera de las presentaciones, unas manitas de concejal y unos platos de chistorra, arrebolada quizás por el contacto que en breve íbamos a tener y otros de olivas negras, tal vez de celos. Pronto han aparecido juntos los gemelos, mis viejos amigos los huevos fritos, cuyo encuentro durante tanto tiempo he tratado de soslayar. Los escoltaban unas lonchas de jamón, una chuleta de lomo, otra de panceta, unas patatas fritas y un pimiento verde. 

Invernaderos en descanso
Enseguida la empatía inicial se ha transformado en calurosa simpatía y nos hemos dado el anhelado abrazo ante un testigo que siempre nos acompaña: el vino de la tierra. Me ha venido bien para eliminar el nudo de la garganta que me ha producido la emoción del encuentro. Éste ha sido tan agradable que lo he celebrado con un carajillo de brandy. Nos hemos despedido amigablemente y hemos quedado para el próximo domingo en Ribaforada. 

Las alcachofas nos contemplan
Camino de casa, he saludado a las alcachofas. Estaban verdes, no sé si de envidia. Mañana me reconciliaré también con ellas. Solamente cocidas. Para suavizar el acercamiento, las rociaré con unas gotas de aceite virgen extra crudo y el jamón lo dejaré para el próximo domingo. 

La causa del "tropezón"
Antes de entrar en Tudela, en el huerto de un amigo, he tenido un tropezón con una careta de cerdo a la brasa que iba de la mano con un trozo de queso. La verdad es que hacían buenas migas, pero me tomado un vasito de vino para reponerme del susto. 

viernes, 1 de julio de 2016

El sexto


No, no me refiero al mandamiento, sino al ordinal de los años que este blog lleva pululando en la blogosfera, esperando el milagro de que un simple click lo haga presente en cualquiera de vuestras pantallas. Y esto produce vértigo. Porque, aunque siempre he mantenido que mis escritos están realizados para mi satisfacción personal, en todo momento tengo muy presente que es una ventana abierta a la que se asoman gran número de personas, lo atestigua el contador de visitas, con diversos estados de ánimo: unos con indiferencia, otros con curiosidad, algunos por aburrimiento y, probablemente, los menos con agrado por lo que aquí se contiene. Es difícil no defraudar a nadie. Me conformo con no hacerlo a estos últimos y que el resto sienta la tentación de volver a intentarlo.

Debo reconocer que cada día me cuesta un poco más mantener el ritmo. Últimamente estoy más próximo al pecado capital de la pereza que a su antónima, esa virtud a la que se llama diligencia. A pesar de ello, he logrado consolidar el promedio de poco más de cinco días de espacio entre mis publicaciones. Para este nuevo ciclo tengo otros proyectos en mente y deberé distribuir mi tiempo para cumplir alguno de ellos. No obstante, no abandono y continuaré dando el tostón a todo aquel que ose abrir esta página.

No quiero terminar esta entrada sin dedicar un recuerdo al que fue uno de mis primeros amigos virtuales. Lo conocí a través de su blog y, de inmediato, empaticé con él. Dejó su bitácora un tanto abandonada al comenzar la aventura de la publicación de sus libros, tengo un par de ellos, pero siguió en contacto con sus lectores a través de facebook.  Se trata de Alberto Boutellier Caparrós que falleció el día 19 del pasado mes de mayo, a los 83 años de edad, en El Puerto de Santa María, su querida ciudad de adopción. D.E.P. Sus amigos virtuales tampoco le olvidaremos con facilidad.

domingo, 29 de mayo de 2016

Ausente (In memoriam)



Dos mil once. Las siete de la tarde.
De mayo el veintinueve.
Cinco años han pasado de aquel letal suceso.
La roja sangre seca reverbera
contumaz en las hebras plateadas
de los malos recuerdos.

La vida es un meandro terco donde cohabitan
lirios y nomeolvides
con abrojos, espinas y klínex compungidos.
Sin tu presencia un lustro amargo y gris.
Mas no todo es adverso in oeternum.
La esperanza es un ave fénix glauco
que resurge, incólume,
de las cenizas yermas del dolor
limando la tristeza;

se enroca con afanes y deseos
provocando tal magia
que nos hace encontrar
la pasión de vivir. A pesar de tu ausencia.


Felipe Tajafuerte. (2016)

miércoles, 1 de julio de 2015

Un lustro


Cinco años han pasado ya desde aquel primero de julio del 2010 en que publiqué la entrada inicial de este blog. Durante mil ochocientos veintiséis días, o noches, he permanecido fiel a una labor comenzada con entusiasmo, en la que, a pesar de que la periodicidad media publicación es de cinco días, trescientos setenta y cinco post exigen, por lo menos a mí, una gran dedicación para la elección de temas, fotografías etc. que van más allá de la simple puesta de negro sobre blanco de las ideas, las emociones, las impresiones, los sentimientos que han marcado una impronta durante este periodo de tiempo.

Nunca me he considerado poeta, siempre he mantenido que donde mejor me defendía era en el reportaje y, casualmente, ha sido la poesía la que me ha dado mayores satisfacciones durante este último año, pródigo en acontecimientos agradables respecto a mi afición literaria. 

También es cierto que en este último periodo mi actividad blogística se ha visto mermada y mi actitud ha estado un tanto desmotivada. Quizás haya influido en esto los siete viajes realizados, amén de nueve excursiones de un día. No obstante, los más de cincuenta y seis mil visitantes que se reflejan en mi contador, a los que nunca terminaré de agradecer su atención, me siguen animando a continuar aunque sea de una manera más atenuada.

Se me han ido quedando en el tintero reportajes sobre estos viajes que, con toda probabilidad, algún día retomaré. También quedó relegado uno, sugerido por el granadino Emilio, sobre las grandes inundaciones del Ebro en nuestra ciudad, que se vio arrastrado por las riadas de los preparativos y las ausencias.

En fin, después de este examen de conciencia, del dolor de corazón que subyace en ella, de la confesión aquí efectuada y del propósito de la enmienda prometida, procede el cumplir, si no la penitencia, los deseos de seguir manteniendo viva esta bitácora. Amén.


viernes, 26 de junio de 2015

Premio de ALBEA



Uno de los actos de celebración del Día del Socio, ha consistido en la entrega, durante la sobremesa, de los primeros premios "ALBEÍTO", otorgados por ALBEA Asociación de Jubilados y Pensionistas de Tudela. Uno de ellos ha recaído sobre mi persona, por mi condición de socio reportero, según dicen:



 "Por llevar con orgullo el nombre de ALBEA más allá de los límites de la propia asociación. Por acercar desde las redes sociales, la prensa y cartelera en general, las actividades llevadas a cabo y, sobre todo, por dejarlo plasmado para la posteridad."

Y añaden

"Gran amante de la fotografía y la poesía. Como decía Robert Capa: No hace falta recurrir a trucos para hacer fotos, las fotos están ahí, esperando que las hagas. La verdad es la mejor fotografía, la mejor propaganda."


¿Qué puedo decir después de todo esto? Solamente: gracias, compañeros, muchísimas gracias.

domingo, 19 de abril de 2015

Galardón sorpresivo

Cuando Pepe Alfaro nos invitó a todos sus alumnos a participar en el concurso de poesía "Alcachofa Blanca de Tudela" y "Aceite Virgen Extra de Navarra", convocado por la Federación de Sociedades Gastronómicas de Tudela "El hortelano", debo reconocer que no me sentí muy tentado por mi poca afición a los concursos. Más tarde, viendo las bases del mismo, observé que, en esta ocasión, la modalidad obligatoria era la décima espinela.

Últimamente se me habían dado bastante bien. En el pregón de la boina y la elástica utilicé cuatro décimas, en el homenaje a un amigo de Tudelanos por Javier, que me fue solicitado, empleé dos y media, y últimamente he dedicado una a nuestra patrona Santa Ana que también fue publicada. Esto, unido al empujoncico que me dio mi sobrino, me animó y decidí participar. Preparé una espinela dedicada a la alcachofa, me satisfizo lo suficiente y me dispuse a enviarla cumpliendo escrupulosamente las bases de la convocatoria. No obstante, me dije, metidos ya en harina, ¿por qué no participar también en la del aceite?  Dicho y hecho, puse manos a la obra y, viéndolas apañadicas de rima y métrica, les di curso.

El transcurso de la Semana Santa y los días posteriores hicieron que este asunto pasara al cuarto oscuro de los olvidos hasta que, hace unos días, recibí una llamada telefónica dándome la feliz noticia de que mis versos al aceite navarro habían sido galardonados. Sorpresa no sólo por haber resultado uno de los ganadores, sino también por haberlo sido con la poesía enalteciendo el aceite puesto que en la que había volcado más intención era en la dedicada a la alcachofa. Así son las cosas, en ocasiones, algo en lo que apenas confías te da la mayor de las satisfacciones. 

En la noche de este sábado ha tenido lugar el acto protocolario de lectura de los dos trabajos galardonados de entre los veintisiete que se han presentado de Tudela, Pamplona, Zaragoza y La Rioja, y la posterior entrega de premios que consistían en ciento cincuenta euros y diez litros de aceite para cada uno de los ganadores de este primer certamen.

Acto de la entrega de premios

Una vez cumplido el compromiso con los organizadores, publico aquí mi poema. No digo nada del parto de lo montes porque el jurado que la ha elegido me merece mucho respeto y algo habrá visto en ella. Otros, quizás con razón, dirán: ¡vaya pavada! Es algo que tengo asumido ya que todos no tenemos el mismo gusto ni somos de la misma opinión. Dicho todo esto, no doy más la chapa y someto aquí a vuestro criterio esta mi décima ganadora 


Pureza y deleite


Óleo virgen de Navarra
del viejo reino riqueza 
que dibuja la pureza 
del canto de la cigarra 
o el temple de una guitarra. 
Tan intenso es el color 
como sublime el sabor 
de este delicado aceite, 
y produce igual deleite 
que un exquisito licor. 




Felipe Tajafuerte
2015



viernes, 13 de marzo de 2015

Cuaderna vía


Los ejercicios que debíamos preparar para la próxima clase eran dos estrofas de alejandrinos de la llamada cuaderna vía, una modalidad poética a la que los entendidos ponen el extraño nombre de tetrástrofo monorrimo, por aquello de cuatro versos con la misma rima.

Puse manos a la obra, sin hacer caso del nombrecico de marras, eligiendo para estas composiciones un tema de plena actualidad en esos días: las inundaciones del río Ebro a su paso por nuestra ciudad que tantos quebraderos de cabeza causó durante esa semana. ¡Y lo que te rondaré, morena! 

Después de varios intentos pensé enviar estos versos que había logrado rimar con harto esfuerzo, puesto que mi caletre no da mucho más de si en estas lides:

Frustración

Después de varios días, Ebro sigue crecido.
Por las calles de nuestra ciudad ha discurrido.
Los vecinos inquietos por este sucedido
comentan entre ellos: nadie nos ha oído.
  
Se encuentran los riberos justamente indignados.
No escuchan sus protestas, están desesperados.
A su suerte se sienten del todo abandonados.
Seguimos como antaño, como siempre: frustrados.

Caí en la cuenta de que el asunto estaba ya muy manido con tanta información en los telediarios, en los periódicos, en la radio, en las redes sociales y... en las tertulias de bar. ¡Vamos, que ya estaba bien de tanta agua! Decidí cambiar de tema y, dado que, para preparar la Javierada, había tenido una copiosa cena con los componentes del grupo Tudelanos por Javier, pensé que estaría bien continuar con un almuerzo al que invitar a mis compañeros de clase. Ni corto ni perezoso les curse la siguiente:

Invitación

Para almorzar tenemos en pebre conejico,
tortilla de patatas, algún caracolico,
chorizo bien picante, salchichón curadico,
aceitunicas verdes y un queso rico, rico.

No acaba aquí la cosa: tenemos buen jamón
al cual acompañamos con tinto del porrón.
De postre leche frita, sorbete de limón,
café, copa, el puro y algún que otro bombón.
  
A gozar de estas viandas a todos invitamos.
Los que vengáis llamad con los codos. ¿Estamos?
Traed unas cervezas, porque nos olvidamos.
No tardéis, venid pronto y, juntos, almorzamos.


Habréis podido observar que, al sentirme tan generoso, añadí un tercer cuarteto por el mismo precio. Las dichosas cuadernas vías no son dignas de ninguna antología, sin embargo el ágape se las trae. Al almuerzo he invitado yo pero, desde ya, advierto a mis compañeros de clase que pagaremos todos a partes iguales, porque predicar no es dar trigo y, además, a escote no hay nada caro. 

lunes, 9 de marzo de 2015

Calurosa Javierada 2015

La mayoría de nuestro grupo, Tudelanos por Javier, como algunos peinamos canas y el resto no tiene nada que peinar, salimos el jueves por la tarde. Una tarde soleada pero con mucho viento del noroeste.

Tomamos el camino de Carramurillo y después de las norias tuvimos que volver a la carretera porque las motas estaban rotas y el Ebro campaba a sus anchas. El cafecico en un abrigo cercano a Murillo de las Limas nos arregló el cuerpo. Las aguas todavía lamían el arcén de la carretera y comienzan a heder.

Iniciamos la subida del estrecho sin más percance que una bajada de tensión de un compañero al que trasladaron rápidamente al albergue. Cercanos ya a éste, el viento soplaba con fuerza y recorría las crestas una frialdad que nos dejaba ateridos. Hubo que abrigarse.

Hacia Arguedas
Desde la altura, los últimos rayos solares daban unos tonos rojizos a las aguas desbordadas del río al fondo del valle. Los últimos kilómetros parecen alargarse junto al último repecho. Llegados al Yugo, vimos a nuestro compañero totalmente recuperado, tuvimos un pequeño refrigerio y aprovechando que alguien bajaba a Tudela me fui con él.


Las tierras inundadas
 
Para las nueve ya estábamos de nuevo en el Santuario. El almuerzo, como siempre, apetitoso. Después de la bendición del peregrino y el canto de nuestra jota ante la Virgen del Yugo, emprendimos la marcha. El día era inmejorable para caminar, con un cielo limpio y un viento suave. 

Los Pirineos nevados a lo lejos
Los Pirineos nevados parecen ser nuestro objetivo. Los aviones, en vuelo rasante, hacían su entrada al polígono de tiro por la Punta de la Estroza y picaban hacia el cielo después de dejar caer su terrible carga. Descanso y comida en la paridera tras abandonar el Plano.

Llegada a la Oliva
Una corta visita a Nuestra Señora de la Oliva, unas cervezas en Carcastillo y llegada a Murillo el Fruto, donde a las siete y media  de la tarde tuvimos la misa de peregrino en la que nuestro grupo toma parte muy activa. Después de cenar, volví a casa a descansar. 

A la misa en Murillo El Fruto
A las siete y media de la mañana salimos para Murillo y llegamos a tiempo para el almuerzo. Contundente porque la jornada iba a ser dura. Estaba descansado pero no había dormido bien así que un voltarén me puso en las debidas condiciones.

Aquí un poco de agua
Temíamos por la situación del camino paralelo al Aragón que llevaba un abundante caudal pero, salvo un punto con una pequeña dificultad y dos mucho más leves, el camino fue totalmente tranquilo.

Aquí estaba peor
Hacía calor pero yo me encontraba en muy buena forma, sin acusar un excesivo cansancio. Algún compañero lo pasó algo peor. Cuando llegamos a Gallipienzo nos enteramos que nuestra comida se había estropeado debido al ajetreo y a la alta temperatura. 

Alegre el caminar
El grupo del pueblo de San Adrián, que comía en el mismo lugar, nos ofreció compartir su calderete del que tenían una gran abundancia. Hubiéramos tenido más que suficiente con las carrilleras estofadas que nuestra intendencia había preparado, pero agradecimos su solidaridad y, dicho sea de paso, su calderete estaba de nota.

La "liviana"
Puestos nuevamente en camino, en los almendros, como todos los años, cumplimos con el acto tradicional, después de reagruparnos en ese lugar, de rezar unas breves oraciones y cantar un par de sentidas jotas. Los almendros que dieron origen a esta costumbre empeoran de año en año y en alguna Javierada posterior constataremos su desaparición. El último trecho hasta Sangüesa se nos hizo, como es habitual, excesivamente largo.

Gallipienzo antiguo
La tradicional foto del grupo en el puente a la entrada de Sangüesa precedió a unas cervezas bien frías, antes de continuar hasta el Yamaguchi. Una vez allí, ducha, aperitivo y cena. La médico de nuestro servicio particular de salud me facilitó una pastillica que me hizo dormir con la tranquilidad de aquellos que se encuentran en paz con Dios y con la hacienda: como un chiquillo. 

Hacia Sangüesa
La mañana del domingo salió fría pero ya apuntaba maneras de que el día iba a ser también esplendoroso. Los ocho kilómetros del via crucis fueron recorridos a buen paso, como si tuviésemos prisa por llegar. Me adelanté un poco para tomar las fotos de la llegada de nuestro grupo. 

En la basílica
A continuación nos dirigimos al último bar que tienen abierto y allí nos repusimos con unos bocadillos de tortilla de chistorra bien regados. Las compras de recuerdo obligadas y hacia la basílica del castillo donde se celebraba la misa. Recogimos una credencial del Año Jubilar Javierano por los setenta y cinco años de Javieradas. La debida visita a nuestro santo Patrón y luego la busca y captura del autobús que nos traería a casa. 

Aspecto de la plaza del castillo
En Murchante, finalizamos con la acostumbrada comida de hermandad donde degustamos el tradicional cocido. Con los últimos cánticos, nos despedimos con los deseos de encontrarnos en la próxima Javierada en el año 2016, recordando una vez más que, el primer domingo después de las navidades, comenzaremos los entrenamientos. 

Hasta el 2016
Esto fue todo en una peregrinación con un tiempo magnífico, con menos gente quizás que en ocasiones anteriores, y en la que me he encontrado muy bien de fuerzas tanto físicas como mentales. En cuanto al grupo, hemos tenido unas bajas accidentales, pero también ha habido algunas nuevas incorporaciones. Como las gallinas, según dicen algunos: las que salen por las que entran.  

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