viernes, 3 de febrero de 2017

Adiós a la tristeza


Detesto la amargura impenitente
afincada en angustias nocherniegas.
Detesto ver los párpados abiertos,
vacíos de violetas y rosales,
con las pupilas huérfanas de lirios.

Quiero cruzar los puentes del insomnio 
para embeber la bilis que desbordan
las fauces cavernosas del rencor.
Quiero decir adiós. Cambiar por risas
de azafrán el cobalto de los rictus.
Uncir mi carro astral junto a la aldaba
de los vientos que eluden la tristeza.
Quiero sorber el nácar y la miel 
de un horizonte ahíto de jazmines.


Felipe Tajafuerte. (2016)

domingo, 15 de enero de 2017

Reconciliaciones

Hoy ha sido un día de reconciliaciones. En primer lugar con un frío y precioso amanecer con el sol pintando las nubes de rojo, dibujando los cerros cercanos y señalando de amarillo el edificio del hospital.

Un bello amanecer
En segundo lugar con mis compañeros del grupo Tudelanos por Javier a quienes no acompañé en la primera salida el pasado domingo y se han visto sorprendidos por mi total recuperación de la fascitis plantar que el pasado año me impidió marchar junto a ellos durante la Javierada.

El colorido del amanecer
En un tercer lugar con mi abandonada costumbre de caminar una o dos horas seguidas. En esta ocasión han sido un par de ida y dos de vuelta. Seguro que mañana tendré una desagradable aproximación con las agujetas, pero con estas no pienso llevarme bien.

El Hospital Reina Sofía
Una vez en Ablitas, para hacer los honores en la cuarta reconciliación, me he tomado la libertad de abandonar mi dieta habitual retomada después del periodo navideño. Y a fe que nos hemos arreglado bien y hemos empatizado con toda rapidez. Y es que el recibimiento no ha podido ser más amable. Allí, sobre la mesa, se encontraba mi amiga la ensalada, maciza ella, sanota, de buen color. La acompañaban, en espera de las presentaciones, unas manitas de concejal y unos platos de chistorra, arrebolada quizás por el contacto que en breve íbamos a tener y otros de olivas negras, tal vez de celos. Pronto han aparecido juntos los gemelos, mis viejos amigos los huevos fritos, cuyo encuentro durante tanto tiempo he tratado de soslayar. Los escoltaban unas lonchas de jamón, una chuleta de lomo, otra de panceta, unas patatas fritas y un pimiento verde. 

Invernaderos en descanso
Enseguida la empatía inicial se ha transformado en calurosa simpatía y nos hemos dado el anhelado abrazo ante un testigo que siempre nos acompaña: el vino de la tierra. Me ha venido bien para eliminar el nudo de la garganta que me ha producido la emoción del encuentro. Éste ha sido tan agradable que lo he celebrado con un carajillo de brandy. Nos hemos despedido amigablemente y hemos quedado para el próximo domingo en Ribaforada. 

Las alcachofas nos contemplan
Camino de casa, he saludado a las alcachofas. Estaban verdes, no sé si de envidia. Mañana me reconciliaré también con ellas. Solamente cocidas. Para suavizar el acercamiento, las rociaré con unas gotas de aceite virgen extra crudo y el jamón lo dejaré para el próximo domingo. 

La causa del "tropezón"
Antes de entrar en Tudela, en el huerto de un amigo, he tenido un tropezón con una careta de cerdo a la brasa que iba de la mano con un trozo de queso. La verdad es que hacían buenas migas, pero me tomado un vasito de vino para reponerme del susto. 

jueves, 12 de enero de 2017

Leyre


El pasado mes de noviembre hicimos una excursión para visitar el castillo de Javier y el Monasterio de San Salvador de Leyre, lugares sobradamente conocidos pero no por ello menos atractivos. Antes pasamos por la población de Aibar para conocer el Aula de Energías Renovables, donde quizás nos entretuvimos demasiado y esto hizo que fuésemos ya con un cierto retraso durante toda la jornada. Tanto es así que se nos echó la noche encima contemplando el pórtico de la iglesia del monasterio en un atardecer verdaderamente espectacular. 

Atardecer en San Salvador de Leyre
En la Sierra de Leyre, llamada también la sierra de Errando, los ríos Salazar e Irati han excavado en la roca caliza los cañones más espectaculares de Navarra: las foces de Arbayún y de Lumbier, cuyas dimensiones son únicas en España. Las cumbres más importantes de esta sierra son Escalar y Arangoiti con 1.302 y 1.353  metros de altura sobre el nivel del mar respectivamente. En las faldas de éste último  se encuentra situado el Monasterio de San Salvador de Leyre, cuna del reino de Pamplona, precursor del de Navarra, y mausoleo de sus primeros reyes.

La foz de Arbayún desde el mirador de Iso
La maravillosa iglesia románica de los siglos XI y XII tiene algunas peculiaridades que la hacen muy singular. Su cabecera es la construcción románica más antigua de Navarra que se conserva actualmente y una de las primeras españolas. Está edificada sobre una excepcional cripta, única en el mundo por sus características, destacando sus grandes capiteles sustentados por unas pequeñas columnas.

Detalle de un capitel de la cripta

La cripta de Leyre
La iglesia consta  de tres naves con bóveda de cañón,  muy altas, la central más ancha que las otras dos, sin guardar simetría ya que la izquierda es más estrecha que la derecha. Los tres ábsides son de planta semicircular. En el altar principal se encuentra la Virgen de Leyre y, cercano al crucero, un coro en madera de estilo plateresco. 

Santa María de Leyre
A destacar también, en el exterior, la Puerta Speciosa, pórtico construido durante la primera ampliación de la iglesia. En el tímpano circular hay seis imágenes, la más importante la del Salvador de quien toma nombre el monasterio. Cuatro arquivoltas, embellecidas con figuras de seres reales y fantásticos, descansan sobre seis columnas, tres a cada lado, coronadas por capiteles decorados con una variada temática.  Sobre las arquivoltas está el friso en el que se representan, entre otras, escenas del martirio de las santas Nunila y Alodia.

La Puerta Speciosa ya de noche
El entorno es privilegiado y a sus pies se encuentra el embalse de Yesa represando las aguas del río Aragón. A pocos kilómetros se sitúa el  castillo donde nació San Francisco Javier patrón de Navarra y misionero universal. Igualmente, desde sus alturas, se divisa el cercano pueblo aragonés de Sos del Rey Católico.

Como no podía ser de otra manera, Leyre también tiene su leyenda: la de San Virila. Cuentan que en este monasterio vivía un monje llamado Virila que albergaba grandes dudas sobre el misterio de la eternidad y rogaba a Dios para que le hiciera comprender dicho misterio.

San Virila echando un sueñecito
Un día que salió a dar un paseo por los bosques de la sierra se sentó a descansar junto a una fuente y  quedó tan absorto con el canto de un ruiseñor que perdió la noción del tiempo y se quedó traspuesto. Cuando despertó ya anochecía. Regresó al  cenobio donde habitaba y se percató de que ningún monje le era familiar y en el monasterio se habían introducido algunos cambios. Apesadumbrado, se dirigió  al prior, al que tampoco conocía, exponiéndole su extrañeza y juntos en la biblioteca descubrieron asombrados que hacía tres siglos había existido un abad llamado Virila  que fue canonizado años más tarde de su desaparición durante uno de sus paseos primaverales.

Comprendió que él mismo era el abad mencionado en ese escrito y que, al someterle a esta prueba, Dios había escuchado sus súplicas. Todavía hoy puede visitarse la fuente citada en este relato siguiendo un sendero por el bosque.

Esta leyenda no es exclusiva de Leyre. Yo la he escuchado, con muy ligeras variaciones, en el monasterio gallego de Armenteira, cerca de Pontevedra, atribuida a San Ero. Tengo entendido que se reproduce  también en  una de las Cantigas de Alfonso X el Sabio. 

San Salvador de Leyre, a sus pies el embalse de Yesa
Hasta el pasado año, en este privilegiado emplazamiento, se realizaba anualmente la entrega de los prestigiosos premios internacionales Príncipe de Viana que el Gobierno de Navarra otorgaba  para reconocer la labor de personas e instituciones de cualquier país en tres ámbitos: la cultura, la solidaridad social y la atención a las personas dependientes.


El actual gobierno cuatripartito de Navarra, poniendo como excusa y motivo el hecho de que inicialmente estos galardones se entregaban en Olite, en una decisión innecesaria y no demandada, acordó unilateral e inopinadamente, sin contar con la anuencia de la mayoría de los navarros, trasladar la ceremonia de entrega de los mismos a esa ciudad, excluyendo a la familia real de dichos actos, contribuyendo así al esperpento manteniendo el principesco título para esos premios. Quizás la Sra. Barkos pretende adquirir el prestigio internacional del que goza  el monarca, ya que nuestra presidenta, fuera de Navarra y el País Vasco, pinta menos que Caramba en el Bocal.  Para tomar esta decisión  no digo que se hayan encomendado al diablo, pero a Dios tampoco. Sea como fuere, parece que el prestigio de este galardón ha caído en picado, cosa que no ha sorprendido ni a propios ni extraños.

sábado, 7 de enero de 2017

Normalidad


La fiesta navideña ha terminado.
Volvamos otra vez a la rutina
del tajo en el taller o la oficina
en estos quince días marginado.

¡Santo Diós! ¿A este peso hemos llegado?
Comience la andadura matutina,
el tiempo de manzana y mandarina.
El turrón debe ser arrinconado.

Aunque te duelan mucho los riñones
y te falte el sentido de la vida
de pasar tanto tiempo en los sillones,

salta del lecho a toque de campana
y aún con jeta maltrecha y compungida,
emprende las labores de mañana.





Felipe Tajafuerte. 2017

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