miércoles, 21 de junio de 2017

Nihil novum sub sole


No hay nada nuevo bajo el sol, reitero.
Regresan las caderas obsoletas
además de los pasos bilingües del ciempiés.
Los acontecimientos se repiten
en el ocre del tiempo
cuajado de recuerdos importunos
y anhelos abrochados al trasluz.
Todo gira de nuevo
como espina dorsal de viejos ritos,
de prístinas medallas oxidadas
y baladas de noches de basalto
que cantan los estadios y sueñan las farolas.



Felipe Tajafuerte. (2016)

miércoles, 7 de junio de 2017

Añorando amaneceres



Se apagan las nubes del atardecer.
El sol busca horizontes paralelos,
diluye ocasos amarillos
y cierra los candados del silencio.
Los gatos negros del miedo
bufan a las estrellas de neón.
Los perros noctámbulos
tiñen de soledad los alcorques
y envidian a las lunas de los escaparates
que vomitan deseos insatisfechos.
Una lluvia seca
humedece el asfalto donde crecen las farolas,
se alinean mortecinas las aceras
y el insomnio vaga por alcantarillas
de fantasías inconexas.
El amanecer,
perdido en los recovecos de la noche,
deambula por los confines del alba
y añora brisas cárdenas
que aviven sus rescoldos.




Felipe Tajafuerte. 2017


lunes, 29 de mayo de 2017

Recuerdos en romance


Revisando vetustos documentos, guardados en cajones de un armario, me apareció esta foto de Julián. Junto a ella unos versos que compuse para mi hermano siendo los dos jóvenes. Tenía entonces yo diecisiete años. Él no había cumplido los catorce. Yo aporté rima y él nombró a la mula. Fue una broma inocente que escribí imitando el Romance de la luna, como un juego lorquiano. Muestro el viejo poema que aquel día repetimos, un verso él y un ripio yo, unidos, alternando las trovas, mano a mano. Han transcurrido seis años sin élSirvan estas estrofas de homenaje en el aniversario de su muerte y estos endecasílabos velados como recuerdo de un tiempo feliz.

Romance de la mula

La mula vino a la cuadra
sobrecargada de fardos,
con una berza en la boca
y un carajón en el ano.
El gañán la mira mira,
el gañan la está observando
y cuando está distraída
con un pincho le hace daño.
Vete mula, mula, mula.
Si te pillan los gitanos
pondrán en tu collerón
una sarta de petardos.
Atilana salió huyendo
como alma que lleva el diablo
en dirección a las viñas,
a las huertas y a los campos.
Al lado de una cuneta,
muy próxima al Camposanto,
pateó sin compasión
cuatro hectáreas de espárragos
y se zampó las verduras
que allí habían plantado.
Corre mula, mula, mula
que están muy cerca los payos.
¡Que no te vean comer
calabacines y nabos!
Escapó a la carretera
sin bridas y sin reparos
con un trote retozón,
por el centro galopando,
con los belfos encendidos
y bien levantado el rabo.
Despavorido el cuadrúpedo
no vio el enorme Pegaso
que vino por la derecha
y le dio un talabartazo
de los de no te menees,
de aquí te pillo y remato.
El animal quedó entonces
tendido sobre el asfalto
desparramados los sesos,
los intestinos y el bazo.
¡Pobre mula, mula, mula!
Mirad lo feo del caso
porque Atilana murió 
despanzurrada ipso facto.
Los buitres la miran, miran,
los buitres la están mirando.

Felipe Tajafuerte (1962)




sábado, 20 de mayo de 2017

Lorca seis años después

Nos lo propusimos sin recordar el evento. Habíamos situado nuestros reales en La Manga del Mar Menor con la intención de conocer lo más significativo de la región murciana. De las excursiones previstas, ya habíamos llevado a cabo las de Cartagena, Caravaca de la Cruz, San Pedro del Pinatar y Murcia. Restaban por tanto las de Águilas y Lorca; finalmente, nos inclinamos por ésta última ciudad, posponiendo la otra para el último día.

Plaza de España. Ayuntamiento

Como nos sucedió en Caravaca, donde estaban desmontando las tribunas de las fiestas de los Caballos del Vino, no nos sirvió el camino marcado por el navegador puesto que las calles estaban cortadas por obras. A pesar de ello, logré acceder al núcleo de la población y, por la calle López Gisbert, llegué a la céntrica plaza de San Vicente, en cuyo parking estacioné el coche, tomando nota del restaurante situado en la misma para la hora de la comida.


Calle Corredera

Caminando por la comercial calle Corredera, giramos por la del Álamo y nos situamos en la Plaza de España. Allí, en pocos metros, se concentra un conjunto espectacular: El Ayuntamiento, la Colegiata de San Patricio, las Casas Capitulares, la Casa del Coronel Potousse, la Casa del Corregidor, el Pósito de Panaderos, la Plaza del Caño y la Fuente del mismo nombre.

Fachada de la Colegiata de San Patricio
Decepcionados por no poder visitar el interior de la colegiata, cuyas obras de restauración aún no han sido entregadas por lo que permanece cerrada, continuamos nuestro recorrido siguiendo las amables indicaciones de la empleada de la oficina de turismo, situada en un histórico edificio del siglo XVIII, la citada Casa del Coronel Potousse.

Casa del Corregidor y Pósito de Panaderos
Pateamos la calle Corredera en la que se intercalan las oficinas bancarias con las tiendas de modas y los bares de tapas. Llegamos al convento de San Francisco, habilitado para Museo Azul de la Semana Santa (MASS), en el que pudimos contemplar la colección de bordados y atuendos utilizados en esas festividades.

Iglesia de San Francisco en el MASS
Por la plaza de Colón giramos hacia la calle Príncipe Alfonso, prosiguiendo nuestro paseo hacia López Gisbert. Junto a la Plaza Calderón de la Barca nos encontramos con el Teatro Guerra, el más antiguo de la región murciana y, en una calle cercana, el Casino Artístico-Literario al que no nos decidimos a entrar, puesto que se trata de una entidad privada y no dimos con nadie para pedir el oportuno permiso.

Así se encontraban numerosos edificios
Durante todo nuestro recorrido pudimos observar los estragos del terremoto sufrido por la ciudad. Las fachadas de numerosos edificios se encontraban sostenidas por vigas de hierro y su interior vaciado completamente. No quedaban ni los escombros producidos por el seísmo.

Palacio de Guevara

Patio del Palacio de Guevara

Tras visitar el patio del Palacio de Guevara, reparamos fuerzas en el restaurante elegido, en la plaza San Vicente, no si antes fijarnos en la copia de la columna miliaria, soporte de dudoso gusto de una efigie de San Vicente Ferrer. Dado que el patrimonio de Lorca es abundante, no nos permitimos ningún descanso a la hora en que una siesta hubiera venido que ni pintada.

Paseando pos sus calles
Todavía nos quedaba lo suficiente para tener ocupada toda la tarde, por lo que nos encaminamos de inmediato al Museo de Bordados del Paso Blanco, situado en la remozada iglesia de Santo Domingo. Allí pudimos admirar unos maravillosos bordados utilizados en lo que ellos llaman desfiles bíblicos y procesionales propios de su Semana Santa, además de la luminosa iglesia dominicana.

Museo de Bordados Paso Blanco junto a un edificio deteriorado
La iglesia del museo
A continuación, hicimos un recorrido por las murallas medievales y sus anexos. 

Recorrido por las murallas
A las cinco de la tarde, a las cinco en punto de la tarde, como en el poema de Ferderico García, estábamos en la puerta del Palacete Huerto Ruano.

Palacete Huerto Ruano
Antonia, la encargada del mismo, nos trató con una amabilidad extrema. Nos hizo unas bonitas fotos a mi mujer y a mí juntos y nos gestionó una visita muy especial a la Colegiata de San Patricio: Los Amigos del Arte de Lorca habían programado para las seis de la tarde una visita guiada a la que pudimos incorporarnos gracias a ella, por lo que tuvimos la satisfacción de ver cumplidos nuestros de deseos de no marcharnos sin conocerla por dentro. Mereció la pena aunque las explicaciones del guía resultaron un tanto prolijas y se extendieron durante hora y media.

Interior de la Colegiata de San Patricio
Quedamos verdaderamente sorprendidos cuando le escuchamos decir que ese día, precisamente ese día, once de mayo, se cumplían seis años del terremoto de Lorca. Sin tener idea de ello habíamos elegido para visitar esta ciudad en esa efemérides. Una de esas casualidades de la vida.

Iglesia de San Mateo
Sin tiempo ya para visitar el castillo, pero muy satisfechos por todo lo que habíamos visto en nuestra excursión, abandonamos la ciudad camino de nuestros provisionales cuarteles, no de invierno sino de primavera, en La Manga del Mar Menor.

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