lunes, 1 de octubre de 2018

Luna llena




Luna llena, rubicunda,
que dibujas de amapolas
los atardeceres rojos
y el lecho donde te alojas.
Viajas en carro de nácar,
ese que mece las ondas
cuando cantan las sirenas
y se iluminan las sombras.
Recalas en los remansos
que velan las caracolas
soñando con musgos tersos,
con besos de arena y ola.
Y cuando llegas al cénit,
donde los sueños se alojan,
resalta tu rostro níveo
en alboradas redondas.


Felipe Tajafuerte. 2018


martes, 4 de septiembre de 2018

Certeza


Era Fidel, no me cabía la menor duda. Como siempre que viajaba a Tudela, me acerqué al casco histórico para dar un paseo por sus emblemáticas calles. Las alegres notas de La primavera de Vivaldi, sobrevolando los aleros de sus casas solariegas, habían llamado mi atención cuando transitaba por el empedrado de la Rúa. 

Allí estaba, ante el portal de La Casa del Almirante. El mentón apoyado en la barbada de la tapa del violín, la mano izquierda en el mástil y la derecha meciendo el arco con la acompasada energía que exigía la música. De las cuatro cuerdas surgían vivaces los sonidos denotando su virtuosismo. 

Me costó reconocerle después de los años transcurridos desde nuestro último encuentro. Su rostro enjuto mostraba las estrías del frío, del calor, del hambre y del alcohol. De sus ojos había desaparecido la chispa de los triunfadores. Un marcado rictus de amargura había borrado su otrora sonrisa seductora. 

Me miró un instante, volvió la vista y continuó con su labor. No dijo nada, pero sé que me reconoció. Al fin y al cabo, yo no había cambiado tanto como él. Respeté su actitud esquiva y tampoco dije nada. La empatía me hizo pensar que quizás sentía vergüenza por su actual situación. No quise preguntarle por Cármen ni por su empleo como concertino en la Sinfónica de Melbourne. Ni se me ocurrió solicitar su aprobación para hacerle una fotografía. 

Dejé un billete de diez euros en la gorra tendida boca arriba en el suelo y proseguí mi camino hacia la catedral de Santa María. 


Felipe Tajafuerte. 2017 

miércoles, 22 de agosto de 2018

Acróstico de verano


Fugaces pasan los días
En los meses de verano
La promesa de aguaceros
Insiste en áridos campos.
Plúmbeas nubes candentes
Explosionan con los rayos.

Tormentas recién llegadas
Acechan en los remansos.
Jirones de vientos húmedos
Aúllan desde los llanos
Fumigando de amapolas
Umbríos sotos de álamos.
En las laderas la lluvia
Riega con cálido manto
Taludes de hierba seca
Encendiendo nuevos prados.


Felipe Tajafuerte.2018

lunes, 6 de agosto de 2018

Calor


Aquí estoy apoltronado
de forma un tanto ridícula
soportando la canícula
de este agobio tan pesado,
inquieto y acojonado.
¡Vaya ola de calor!
Empapado de sudor,
pasaré todo el verano
con la cerveza en la mano
y tan sólo el bañador.


Felipe Tajafuerte. 2018

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