domingo, 21 de octubre de 2018

Cuando una amiga se va...


Conocí virtualmente a Nerim, autora del blog Cajón secreto, hace poco más de ocho años. Me enamoré de su forma de escribir con una breve, maravillosa, historia titulada Sonando boleros, que después incluyó en su libro. Más tarde supe su verdadero nombre: Jone Miren Asteinza, una vasca afincada en Cataluña después de pasar por Venezuela. Recuerdo su avatar de aquel tiempo como si fuera ayer mismo: gafas oscuras y sombrero muy calado -¿un borsalino?- que apenas dejaba entrever su rostro sonriente. 

Coincidimos por primera vez en Blogueros Mayores, que por entonces dirigía el Viejo Pescador. Empatizamos de inmediato. Más adelante, puso en marcha un nuevo blog, Audiolecturas, dándome la sorpresa de poner voz a uno de mis primeros relatos, Sirenas. 


En la presentación de su primer libro
La conocí personalmente, junto a otros blogueros amigos, en Madrid, en la presentación de su primer libro, una tarde-noche de abril, hace ya cinco años. Sin solución de continuidad, mudamos la empatía por la mutua simpatía. 

Al poco tiempo, me dio paso en su programa de radio Lecturas en audio, de la emisora de la ciudad argentina de Rosario, El mundo en voz, donde presenté mis relatos Sirenas y El carrico del helado, narraciones que a ella le encantaban, según me confesó algunas veces. Le dediqué, por su condición de vasca, mi escrito Un nuevo Basajaun. 

Me instaba a presentarme a concursos de microrrelatos en los que ella solía participar. Nunca seguí su consejo. Según sus propias palabras, no era de poesía, y mucho menos de escribirla, sin embargo me dijo que a Francisco Espada, a Chelo De la Torre y a mí sí que nos leía. Supongo que a algunos más también. 


Mi último encuentro con Miren
Hace un par de años, con motivo de mi viaje a Barcelona, tuvo la amabilidad de desplazarse, junto con su marido Luismi, hasta el hotel donde nos alojábamos para disfrutar un rato en nuestra compañía. 

Hablamos de su último libro, Voces de madrugada, que más tarde me envió, y se interesó por el proyecto del mío, manifestando el deseo de tenerlo pronto en sus manos. Pudo cumplirlo porque en junio pasado se lo facilité. Un poco antes, había solicitado mi autorización para poner voz a uno de mis últimos poemas: Sentí desfallecer. 

Hace unos meses tan sólo, me comunicó su último proyecto: una novela en la que tenía puestas sus ilusiones. A la vuelta de mi reciente viaje, me he encontrado con la noticia de su fallecimiento. Los cimientos de mi mundo bloguero se han visto sacudidos de nuevo. Primero fue Alberto Boutellier, más tarde Angelines Allúe, y ahora Miren. 

Como homenaje, traigo de nuevo el podcast donde su voz cálida, de matices acariciadores, primorosa en el sentimiento, recita mi poema.

 


Descansa en paz, Miren o Nerim, como prefieras, tu sonrisa abierta siempre nos acompañará.

lunes, 1 de octubre de 2018

Luna llena




Luna llena, rubicunda,
que dibujas de amapolas
los atardeceres rojos
y el lecho donde te alojas.
Viajas en carro de nácar,
ese que mece las ondas
cuando cantan las sirenas
y se iluminan las sombras.
Recalas en los remansos
que velan las caracolas
soñando con musgos tersos,
con besos de arena y ola.
Y cuando llegas al cénit,
donde los sueños se alojan,
resalta tu rostro níveo
en alboradas redondas.


Felipe Tajafuerte. 2018


martes, 4 de septiembre de 2018

Certeza


Era Fidel, no me cabía la menor duda. Como siempre que viajaba a Tudela, me acerqué al casco histórico para dar un paseo por sus emblemáticas calles. Las alegres notas de La primavera de Vivaldi, sobrevolando los aleros de sus casas solariegas, habían llamado mi atención cuando transitaba por el empedrado de la Rúa. 

Allí estaba, ante el portal de La Casa del Almirante. El mentón apoyado en la barbada de la tapa del violín, la mano izquierda en el mástil y la derecha meciendo el arco con la acompasada energía que exigía la música. De las cuatro cuerdas surgían vivaces los sonidos denotando su virtuosismo. 

Me costó reconocerle después de los años transcurridos desde nuestro último encuentro. Su rostro enjuto mostraba las estrías del frío, del calor, del hambre y del alcohol. De sus ojos había desaparecido la chispa de los triunfadores. Un marcado rictus de amargura había borrado su otrora sonrisa seductora. 

Me miró un instante, volvió la vista y continuó con su labor. No dijo nada, pero sé que me reconoció. Al fin y al cabo, yo no había cambiado tanto como él. Respeté su actitud esquiva y tampoco dije nada. La empatía me hizo pensar que quizás sentía vergüenza por su actual situación. No quise preguntarle por Cármen ni por su empleo como concertino en la Sinfónica de Melbourne. Ni se me ocurrió solicitar su aprobación para hacerle una fotografía. 

Dejé un billete de diez euros en la gorra tendida boca arriba en el suelo y proseguí mi camino hacia la catedral de Santa María. 


Felipe Tajafuerte. 2017 

miércoles, 22 de agosto de 2018

Acróstico de verano


Fugaces pasan los días
En los meses de verano
La promesa de aguaceros
Insiste en áridos campos.
Plúmbeas nubes candentes
Explosionan con los rayos.

Tormentas recién llegadas
Acechan en los remansos.
Jirones de vientos húmedos
Aúllan desde los llanos
Fumigando de amapolas
Umbríos sotos de álamos.
En las laderas la lluvia
Riega con cálido manto
Taludes de hierba seca
Encendiendo nuevos prados.


Felipe Tajafuerte.2018

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