viernes, 15 de marzo de 2019

Bardenas


Las Bardenas Reales de Navarra
con cabezos enhiestos, arcillados,
por la lluvia y el viento erosionados,
muestran la desnudez de la pizarra.

Abatida la cima se desgarra.
Los ruejos se deslizan como dados.
En sus yermos no pastan los venados
pero canta risueña la chicharra.

Un páramo de margas y espartales,
en su día refugio de bandidos,
donde pinta el tomillo y el romero

y conviven barrancos y canchales
de gruesos almendrones carcomidos
con pinos por el muérdago hechos tuero.






Del poemario Auras de mejana. Felipe Tajafuerte


jueves, 7 de marzo de 2019

Quintillas para una Javierada




Por desiguales caminos
para cumplir un deber
transitan hacia Javier
numerosos peregrinos
que prometieron volver.

Van a culminar la ofrenda

y también a descubrir
que Javier hace sentir
la seducción de la senda
por la que se debe ir.

Avanzan alborozados
por el penoso sendero,
pleno de boj y romero,
de vez en cuando hermanados
cabe cualquier compañero.

Llegan ya los peregrinos
por parajes sin igual

para la cita puntual
en busca de los destinos
del Navarro Universal. 




Felipe Tajafuerte. 2019


lunes, 28 de enero de 2019

Cinco sentidos




Vi secarse el granizo de los cúmulos
disuelto en el espacio sideral
de unos atardeceres de algodón
magenta calcinados.

Escuché los matices del silencio,
la fértil sinfonía inacabada
de los álamos viejos que enmudecen
rielando sosegados.

Olí la pestilencia del ozono
por los rayos ligeros zigzagueantes
y el aroma confuso de los truenos
aviesos alargados.

Saboreé el pálpito fugaz
de una brisa encendida de amapolas
que azota los meandros de los sotos
ocultos inundados.

Palpé las sensaciones olvidadas
de carcomidos miedos ancestrales
y el aliento meloso de optimismos
cálidos infundados.

Todo esto sucedió cuando esa tarde
vi, escuché, olí, gusté y toqué
con mis cinco sentidos, todavía
latentes, fascinados.


Felipe Tajafuerte. 2019

sábado, 17 de noviembre de 2018

Lo que está bien, está bien


Ayer tuvo lugar, en la recoleta plaza de San Jaime, el VIII pregón en homenaje a la elástica y la boina tudelanas.  En esta ocasión, a mi juicio, se ha obrado con cordura y se han separado las cenas de las dos celebraciones. Ambas, como es lógico y natural, tienen sus defensores y detractores. Esto no lo podemos evitar, porque de todo tiene que haber en la viña del señor. No obstante, anoche, los partidarios de la boina pudieron reunirse sin renunciar a nada y disfrutar de la tradicional cena. Lo mismo ocurrirá el próximo viernes: los acérrimos de la elástica podrán degustar su cena, también tradicional, sin que nadie les haga sombra. Quienes son indiferentes a estas tradiciones seguirán absteniéndose y los que somos gustosos de participar en ambas, podemos hacerlo sin tener que optar por una u otra.

El honor de hacer el pregón de este acto, así lo consideramos los que hemos sido pregoneros, recayó, de nuevo, en una mujer: Blanca Aldanondo, una fotógrafa profesional como la copa de un pino, a quien vemos recorrer los rincones de Tudela para dar noticia gráfica de cualquier acontecimiento. Como es habitual, hizo la presentación el polifacético Pepe Alfaro ante un numeroso público entre el que nos encontrábamos Isidro López, primer pregonero, Milagros Rubio, la última y yo que fui el cuarto. A los tres nos hicieron la correspondiente foto junto a la protagonista de este año y el presentador.

De izquierda a derecha: Isidro, Milagros, yo, Blanca y Pepe
Blanca estuvo muy amena y emotiva en su discurso un si es no es nostálgico. Le agradezco la mención que hizo de quienes la hemos precedido, pero tengo que hacerle una pequeña corrección: Si no recuerdo mal, la "alucinante puerta giratoria" no era la del Diamante, sino la de un bar contiguo, ubicado entre éste y el Arbella: el Amaya.  Estos dos últimos desaparecieron y han sido sustituidos por otros. 

Blanca Aldanondo leyendo su pregón, junto a ella Pepe Alfaro
Como en ocasiones anteriores, transcribo íntegro el pregón, que amablemente me ha facilitado Blanca Aldanondo, para quienes no tuvieron oportunidad de escucharlo. Dice así:

VIII PREGÓN DE LA BOINA Y LA ELÁSTICA TUDELANA


Y digo yo…
¿Qué hace una fotógrafa como yo en un escenario como este?
Un lugar por donde han pasado poetas, escritores y gentes de mucho saber. Isidro, Fermín, El Jabonero, Felipe, Inma, Pepe, Milagros. ¡¡¡Qué vértigo!!!
Yo no sé hacer maravillosas rimas ni bellos relatos. Solo puedo mirar. Mirar y ver. Usar mi cámara y perpetuar nuestro día a día.
Y ahora vamos a mirar juntos unas imágenes que todos guardamos en la memoria colectiva. Os invito a ‘fototransportarnos’ juntos a momentos de la Tudela de los últimos años en los que la Elástica y la Boina son protagonistas.

Mi primera foto.
 Cerrad los ojos. El paseo de Invierno. El quiosco del señor Andrés. El parque infantil. La imprenta Muskaria. Y el Colegio Lestonac.  Esta es la foto de mi infancia. Por aquel entonces, eso era Tudela para mí.
¿Veis el quiosco del señor Andrés? El olor pegajoso de los pepinos y cebolletas en los dedos. Aquellos regalices rojos, y los kilos y kilos de pipas y maíces.
Ahora bajamos un poco. Al parque infantil de hierros oxidados. El tobogán, las barras paralelas  donde dábamos volteretas suicidas. Aquellos columpios con un gran charco de agua debajo. Y la reina del parque: la bola del mundo con una barra vertical en su mismísimo núcleo para poder bajar…, o evitar despeñarse de cabeza. Solo unos pocos valientes se atrevían con ella. Y aquel suelo cubierto con una alfombra de piedras.
La imprenta Muskaria, con un pequeño escaparate  que contenía los mayores tesoros. Las gomas de borrar, lapiceros, bolígrafos, cuadernos y sobre todo, cromos…
Y para terminar, el Colegio Lestonac. Allí crecimos e hicimos amigos.
Aquí comienzan mis primeros recuerdos de la boina y la elástica. Esa imagen de mi padre o de mi abuelo cuando venían a buscarme. Con sus txapelas, como las llamaban ellos. Podía verlos acercarse desde la otra punta del parque. ¡¡¡Blanca!!! ¡¡¡Te llama tu madre!!!

Otra foto, la de mi adolescencia.
Mirad esta otra imagen. Tudela se hacía más grande para mí. Descubrí la plaza Nueva.
Vamos a recorrerla juntos. En la esquina, el Banco Bilbao. La zona de los bares, inaccesibles para mí en aquella época. La alucinante puerta giratoria del Diamante. Allí jugábamos girando y girando hasta que algún adulto te lanzaba un par de gritos. Y aquel olor que salía a la calle de los legendarios calamares a la gabardina del Arbella.
Y lo más importante de todo: los carricos de chucherías en los porches de la plaza. El paso previo a la sesión de primera hora de la tarde del cine Versalles.
Allí discurría nuestra adolescencia y comenzamos a fijarnos en las cuadrillas de amigos con elásticas y boinas que chiquiteaban por los bares de la plaza. Aquellos que te miraban con sorna y te preguntaban: “¿Y tú…, de quién eres?”.

La foto de juventud
Tudela crecía y crecía;  el Paseo del Prado, el Corazón de Jesús, la Torre Monreal. La experiencia en el grupo de danzas….
Quién de vosotros no se coló en la Torre Monreal para encontrar el pasadizo hacia la catedral… Y quién no se refugió en cuadrillas en el paseo del Prado  para fumar a escondidas aquellos cigarros que comprábamos de uno en uno…
Y aquella música que salía desde las ventanas abiertas de la Casa del Reloj y que te invitaba a entrar. Allí viví mi experiencia con el Grupo Municipal de Danzas. Boinas rojas, negras, elásticas. Los txistularis y los danzaris. Los primeros chicos…
Y el mayor de los descubrimientos: Cocorico.  Aquella primera vez que conseguí entrar sin la edad exigida después del enésimo intento. Aquello era el paraíso; enorme, azul, con chicos y la mejor música… Boinas no había; creo…

Y por último, la foto de hoy
Aquí y ahora mismo. En esta noche de otoño en la que homenajeamos a estas prendas tan nuestras.
Y en la plaza de San Jaime, un lugar entrañable de Tudela en el que casi se pueden escuchar los siglos de historia. Cerrad los ojos un momento. ¿No oís el repiqueteo tozudo de los canteros que construyen la Catedral?
 A casi todos os he conocido por mi trabajo de fotoperiodista. Con boinas, con elásticas, en el trabajo, dedicando vuestro tiempo a Tudela o disfrutando de nuestras tradiciones. Así que congelo también este instante y lo guardo para siempre en mi memoria. En nuestra memoria…
Pero os voy a pedir un pequeño favor. Aquello que os pido siempre cuando os apunto con mi cámara: Mirad hacia aquí y, sobre todo…, ¡SONREID!”.
Y ahora, que suene la música de los gaiteros con sus txapelas y elásticas. Vamos, que ya huele a tostadas de ajo y se nos van a socarrar…

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