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lunes, 25 de junio de 2012

Vivir en un palacio

Por la mañana salimos de la región de Lika, la tierra de lobos, cruzamos la mole montañosa del Velebit a través del Sveti Rok, un túnel de casi seis kilómetros de longitud. Ante nosotros se abre la costa dálmata. En tan solo estos pocos kilómetros, el paisaje ha cambiado radicalmente; de una verde región montañosa de bosques intrincados hemos pasado, sin solución de continuidad, a la planicie azul del mar.

A media mañana llegamos a Zadar, una bonita ciudad abrazada por murallas medievales. Damos un paseo por sus calles abigarradas de turistas. Degustamos con fruición un exquisito helado en una famosa heladería de la plaza de la catedral en cuya extraordinaria fachada, de influencia toscana, destacan dos rosetones. Nos introducimos en ella quedando impresionados por la anchura de la nave. Continuamos nuestro deambular y hollamos con nuestros pies las auténticas losas del foro romano. Nos acercamos a la cercana orilla del mar y, sentados en las gradas, tomamos el primer contacto con el Adriático escuchando sus sonidos a través de los tubos del llamado Órgano marino. A unos pasos, contemplamos el mapa planetario del Saludo al sol. Se aproxima la hora del yantar por lo que nos acercamos al lugar convenido para que nos lleven al restaurante.

De camino, nuestra visita a Zadar
Después del almuerzo, proseguimos la ruta y, al cabo de un par de horas, hacemos una nueva parada en una pequeña ciudad medieval llamada Trogir, situada en una isla, a la que accedemos por un pequeño puente. Destaca su catedral románica con un fantástico pórtico que da a la plaza central. Desde la altura de su campanario contemplamos una magnífica vista de su caserío. 

Trogir desde el campanario
Estamos en pleno medioevo y nos encontramos auténticas joyas arquitectónicas de los siglos XIII a XVI. Hacemos un recorrido por sus callejuelas, palacios, lonja y castillo junto al mar; paseo que, al final, nos estropea una lluvia persistente. Antes de subir a nuestro autobús nos detenemos para comprar unas apetitosas cerezas en un tenderete en el que solamente hay esa clase de fruta.

Split. Puerta argéntea del palacio de Diocleciano
Nuestra llegada a Split se produjo, como de costumbre, al atardecer. Desde mi habitación contemplo un esperanzador arco iris sobre los tejados de la ciudad. Por la noche, después de cenar, nos vamos a dar el cotidiano paseo nocturno.

Split. Junto a la catedral

Nos dirigimos hacia el palacio de Diocleciano alrededor del cual nació la ciudad. Llegamos a él y quedamos mudos por el estupor que nos produce la maravillosa iluminación que lo adorna. Penetramos por la puerta de oro, y el arrobamiento se acentúa.


Split. Peristilo y Campanario
Aparece ante nosotros la plaza del Peristilo, con sus enormes columnas traídas de Egipto por el emperador, la catedral, el campanario... Recorremos sus estrechas callejuelas embelesados con lo que estamos contemplando. Llegamos a un pequeño rincón donde se ubica la terraza de un bar y nos sentamos a saborear unas cervezas disfrutando de una noche esplendida. Sin apenas darnos cuenta se nos ha echado encima la hora del regreso.

Split. Los sótanos del palacio de Diocleciano
Por la mañana tenemos la visita guiada de la ciudad y en especial de la zona del palacio. Diocleciano construyó este palacio de más de 30.000 metros cuadrados, cuyo aspecto recordaba más bien una fortaleza militar, un auténtico castrum , próximo a Salona, de donde era natural, para residir en él tras su abdicación voluntaria, ocurrida en el año 305 d.c. En el 639 la invasión de Salona por los pueblos eslavos ocasionó la huida en masa de sus habitantes y muchos de ellos vieron en la cercana fortaleza desierta un refugio seguro, convirtiéndola en una verdadera ciudad amurallada.

Split. Palacio de Diocleciano.  Puerta argéntea de día

En la actualidad, después de los numerosos avatares ocurridos a lo largo de los tiempos, las ruinas del palacio, muy bien conservadas, conviven con apartamentos, hoteles, museos, cafés etc. dentro de él formando un contraste único, sustituyendo las estancias imperiales por aposentos vecinales.

Split. La ciudad dentro del palacio

Nuestra primera visita la hacemos por la puerta de latón, donde se ubican los subterráneos perfectamente conservados debido a haber sido durante siglos el basurero donde arrojar todos los desperdicios de la ciudad. Fueron limpiados después de la segunda guerra mundial poniendo al descubierto sus gruesas paredes y armónicas bóvedas. Su disposición permite imaginar como eran los aposentos imperiales, situados justo encima.

Split. Paseando por el palacio
Unas escaleras ascendentes nos sitúan en el magnífico Peristilo que tanto nos había sorprendido en nuestro deambular nocturno. A nuestra derecha el mausoleo octogonal de Diocleciano, azote de los cristianos, que éstos transformaron en la catedral más pequeña y antigua de todas las catedrales. A la izquierda, un callejón se abre para mostrarnos el templo de Júpiter, hoy convertido en baptisterio. En la puerta, una auténtica esfinge egipcia a la que le falta la cabeza.

Split. Placio de Diocleciano.  Peristilo

A través de estrechas y retorcidas calles, salimos del recinto amurallado por la puerta de hierro para admirar la plaza Narodni donde, entre otros edificios, se encuentra el antiguo ayuntamiento. Un heterogéneo compendio de estilos artísticos nos rodea. Románico, gótico, renacentista, veneciano e incluso art nouveau se dan la mano en este lugar. Volvemos sobre nuestros pasos hacia el Peristilo. Allí aguarda un numeroso público expectante. Algunos, sentados entre las columnas disfrutan de un refresco o un vino. A las doce tiene lugar la pantomima que todos estamos esperando: la escenificación de un saludo de Diocleciano a los visitantes de la ciudad.

Split. La vida en el interior del palacio
La magia de la noche pasada ha dado paso a un auténtico espectáculo. Observar la ropa tendida, aparatos de aire acondicionado, antenas de TV y los tejados más variopintos coexistiendo junto a las dependencias del antiguo palacio romano es, cuando menos, una interesante curiosidad, que hace de éste un monumento vivo, conservado así precisamente porque sus ocupantes, durante el tiempo transcurrido desde su llegada, lo fueron transformando en un sitio habitable. Split ha vivido dentro del palacio durante siglos y esto se puede observar a cada paso en su interior. Marea pensar que la pared, en la que te apoyas mientras te tomas una pivo (cerveza), fue levantada hace diecisiete siglos.

Split. Interior de la Catedral (Mausoleo de Diocleciano)

La visita a la catedral se ha retrasado debido a las confirmaciones que se están celebrando en ella. A la una y media lo logramos. Es muy pequeña. No dejan hacer fotos pero yo robo algunas aunque de baja calidad. Finalizamos nuestro recorrido saliendo por la puerta argéntea y nos dirigimos a nuestro autocar atravesando un concurrido mercadillo de toda clase de objetos, en el que abundan las frutas especialmente fresas y cerezas.

Split. Interior de la Catedral (Mausoleo)

Está cercana la hora de la comida que vamos a realizar en esta misma ciudad. Después retomaremos nuestro viaje con destino a Dubrovnik, a la que, como es habitual, llegaremos al atardecer.


lunes, 4 de junio de 2012

Un olvido estúpido

En nuestra primera jornada en Croacia, tras un largo viaje, primero de Tudela al aeropuerto de Barcelona y luego de allí a Zagreb, una vez que hubimos cenado, decidimos seguir el consejo de Andrés, nuestro guía, y dar un paseo nocturno al centro de la capital croata. La ciudad con su edificios iluminados suponían una tentación difícil de superar. No me resistí. Fotos y más fotos hasta llegar a la plaza de la catedral atravesando la Plaza Ban Jelacica.

Cuando, agotado, caí rendido en la cama, no recordé las palabras de de advertencia de nuestro cicerone: "poned a cargar vuestros aparatos fotográficos porque mañana va a ser un día en el que los vais a necesitar". En esos momentos no estaba yo para recordatorios ni jaculatorias. 

Al despertar,  preparando mis cosas después del desayuno, caí en la cuenta de que no había puesto a cargar la batería de mi cámara fotográfica durante la noche. Deseando un milagro imposible, comprobé desanimado que se encontraba a mitad de su capacidad. Se me cayó el alma a los pies.  Conociéndome como me conozco, sabía a ciencia cierta, que no iba a terminar el día sin que la máquina quedase descargada.

Paseo nocturno por Zagreb

Comenzamos la visita de la ciudad de Zagreg. Los mercados, el tranvía, las calles, las gentes, el cementerio Mirogoi, la puerta de Piedra, las plazas de San Jorge, de la catedral, de Ban Jelacica, la catedral por dentro y por fuera... todo era objeto de mis clicks. Con una cámara fotográfica en la mano no se contenerme y disparo a todo lo que se mueve y también a lo que se está quieto.

Zagreb. Cementerio Mirogoi

Tras la comida en ruta llegamos a la región de Lika. El esplendoroso paisaje no hacía más que recordarme tan imperdonable olvido, lamentando mi imprevisión. Observe en mi cámara la situación de la batería. Agonizaba sin remedio.

Cartel anunciador del parque

A las cuatro y cuarto hacíamos nuestra entrada en el Parque de los lagos de Plitvice. Desde el mirador, un espectacular circo con una gran salto de agua enfrente desplomándose desde  más de setenta metros de altura hacia una gran poza de un verde turquesa. A la izquierda una sucesión de lagos deslizándose en sucesivas cascadas hacia la gran catarata. Descendimos hasta el mismo pie, atravesamos unas pasarelas de madera mientras la corriente bajo nosotros formaba rápidos de transparentes aguas. Estaba deslumbrado. La batería comenzó a emitir unos pitidos agudos e intermitentes. Eran los últimos estertores. Poco después la cámara se apagó.

La gran catarata desde el mirador

El Parque Nacional de Plitvice tiene una extensión aproximada de unas treinta mil hectáreas, la mayor parte cubierta de bosque compuesto por hayas, abetos y pinos. El recorrido que se visita  son ocho kilómetros de valle compuesto por 16 lagos de diferente altitud comunicados por 92 cataratas  y cascadas tobáceas. Caminamos durante un buen trecho por una sombría pista y llegamos a un claro donde había un embarcadero, servicios y bar.

Al pie de la catarata

Hicimos un recorrido por uno de los lagos en un barquito totalmente silencioso en armonía con todo el conjunto, en el que no se percibía ninguna estridencia a pesar de los numerosos visitantes caminado entre pasarelas y veredas. Desembarcamos e iniciamos una nueva ruta entre pequeños puentes de madera y vericuetos recorriendo, descubriendo, admirando, las numerosas cataratas cambiantes de color, esperando en cualquier momento la aparición de las hadas y duendes moradores de este lugar de fantasía.  

El agua va descendiendo en cascadas

Finalizado el itinerario, subimos unas largas y empinadas escaleras que nos dejaron inertes. Como pudimos, continuamos ascendiendo hasta llegar al hotel donde nos alojamos para pasar la noche en pleno bosque.

Me es totalmente imposible describir las sensaciones de tan maravilloso lugar. El bosque silencioso, el murmullo de las aguas, el trinar de los pájaros, la serenidad de los lagos, la transparencia y profundidad de sus aguas, son impresiones para vivir y soñar. Este es sin duda uno de los lugares más bonitos que he visto en mi vida de viajero. Fue declarado parque nacional en 1949 y en 1979 la Unesco lo catalogó como Patrimonio de la Humanidad. Es un firme candidato a ser una de las siete maravillas naturales del mundo.

Rodeado de verde

No me van a faltar fotografías de recuerdo porque fueron numerosas las que nuestros amigos nos hicieron, pero no son las mías. Me ha faltado el placer de plasmar ese reflejo que ha acaparado mi atención, ese rincón, ese tronco sumergido, el brillo de las piedras, el árbol caído... en fin, esos detalles cuya magia queremos captar y que, más tarde, nos hace pensar: si hubiera hecho esta toma desde otro lugar...  ¡Eso es lo que voy a echar en falta, este segundo placer!

Aquí feneció la batería

Por supuesto, el resto de los días, lo primero que hacía al llegar al hotel, era poner a cargar la batería de mi cámara fotográfica. De los escarmentados nacen los avisados.


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