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miércoles, 14 de marzo de 2012

Haikus y Bardenas

Hoy rindo este pequeño homenaje a ese paisaje tan impresionante de las Bardenas Reales de Navarra en el que la erosión, además de configurar su cambiante belleza, presagia constantemente su desaparición en un tiempo más o menos lejano.

Piskerra al atardecer


Luna en azul,
tierra seca y sedienta.
Piskerra altivo



Barranco cerca del circo de Piskerra


Cauce de lodos
de formas sorprendentes.
Arco de vida.




El  Circo, entre El Rallón y Piskerra

Bardenas Reales.
Sol de plomo en las margas
ocres del Circo


Castildetierra

Otero efímero
y monumento fálico.
Castildetierra



El Rallón


Acantilados
bañados por el sol.
Rallón dorado.


Barranco Grande o de Las limas


Limos sedientos
en velado sendero.
Barranco Grande.


Sanchicorrota

Mítico alcor
refugio de bandidos.
Sanchicorrota


Balsa  con el Raso de Javielo al fondo

Balsa desértica
de orillas invertidas.
Espejo azul.


Felipe Tajafuerte
2012

martes, 31 de enero de 2012

Las Rallas

El día está frío pero soleado. Monto en el coche y me dirijo hacia las Bardenas. La niebla se ha adueñado de la carretera de Pamplona paralela al Ebro.Tomo el desvío a la derecha en el cartel indicador de Bardenas Reales de Navarra y, para cuando llego al centro de interpretación de Los Aguilares, luce de nuevo el sol aunque una tenue neblina parece proteger el interior del parque natural.

El termómetro marca cero grados y se me ha encendido la lucecita roja del salpicadero. En la bifurcación ante la entrada a las instalaciones militares giro a la derecha por la pista que da la vuelta al polígono de tiro. Al cabo de un par de kilómetros me paro y bajo del coche para hacer unas fotos en la Balsa de Zapata acercándome a la orilla. Procuro no hacer ruido pero, a pesar de ello, un par de ánades, al sentir mis pasos, levantan raudas el vuelo rompiendo con su aleteo el silencio que reina en el entorno.

Balsa de Zapata


Vuelvo al coche y prosigo hasta llegar al Rincón de las Rallas un poco más adelante. Junto a un corral en ruinas, estaciono mi vehículo, me calzo las botas y, cámara en ristre, tras asegurarme de haberlo dejado bien cerrado, emprendo mi recorrido a pie por una senda que bordea por detrás la zona de Sanchicorrota.


Sanchicorrota. Cerro de leyenda


Camino animosamente a través de un vasto rastrojo. A mi izquierda se yerguen Sanchicorrota y las estribaciones del Rallón. A la derecha los fantásticos farallones de la Ralla. Por el centro del valle discurre la Cañada de los Roncaleses de la que me separa un barranco de unos cuatro metros de profundidad.


Farallones de La Ralla


Ahora marcho por un espartal salteado de romeros buscando un lugar por donde cruzar la quebrada. Se ha esfumado el cautivador sosiego de la mañana. Los Phantom han comenzado su macabro entretenimiento poniendo las notas discordantes mientras los buitres, impertérritos, planean en las cumbres. El verde de los romeros, parcialmente en flor y ahora más abundantes, se ha impuesto al gris del esparto. Sigo una trocha marcada por huellas de herraduras de caballo y, por fin, encuentro el paso deseado para tomar la zigzagueante vía roncalesa que abandono antes de terminar la vaguada tomando una vereda que asciende a la cima del Rallón.

Cañada de los Roncaleses al pie de La Ralla

La empinada cuesta del Rallón


La cuesta es empinada y mi respiración se alborota por el esfuerzo. No sé si pesan los años o los kilos; me temo que las dos cosas. Llego sudoroso a la cumbre en la que se extiende un pequeño  altiplano alargado, poblado de matorrales, cincundado por la continuación del sendero que discurre contiguo a unos profundos precipicios que delimitan la planicie. Percibo el pavoroso estruendo de las bombas al estallar en la hondonada del polígono. Los aviones, cada dos o tres minutos parecen entrar en barrena y surgir de los acantilados después de dejar caer su mortífera carga sobre las dianas.

Punta de La Ralla

Desde la cima del Rallón, La Ralla y el embalse de Malvecino


Descanso unos instantes contemplando el panorama  que se extiende a otro lado del valle del que acabo de acceder. Sobre sus despeñaderos arcillosos, un llano mayor que el que me encuentro, configura La Ralla y al fondo se divisa el embalse de Malvecino perteneciente al pueblo aragonés de Pinsoro. Dirijo mis pasos hacia la punta norte de la meseta. Me topo con un abismo a mis pies al que me acerco con precaución. A mi derecha la punta de la Ralla y algo más adelante Los Angarillones y La Gorra; al frente Piskerra  y, más próximo, el Circo. La Bardena Blanca Alta se extiende perdiéndose en el horizonte hasta El Paso.


Desde el Rallón, el Circo y Piskerra

Piskerra


A causa de la neblina no distingo Castildetierra ni La Estroza, más lejana. Giro siguiendo la senda marcada contemplando los cortados en cuyo fondo, tras los montículos de Los Cambrones,  se prolonga la llanura de la Bardena Blanca Baja en la que se enclava el polígono de tiro desde el que se elevan dos humeantes columnas y tras ellas los cerros de Tres hermanos con las instalaciones militares.

Desde el Rallón, Los Cambrones y el polígono

Las bombas han estallado en la diana


Continúo en dirección sur hasta llegar a unas escarpaduras en forma de circo. Me asomo al precipicio y observo la presencia de un buitre en su nido en tanto otros, indiferentes al fragor de las aeronaves, sobrevuelan las crestas.  Al intuirme emprende el vuelo sin darme tiempo de preparar el zoom de mi cámara fotográfica y me tengo que conformar con la instantánea de un solitario huevo. Me causa extrañeza que no les incomoden el estruendo de los vuelos rasantes ni el sobrecogedor estrépito de las explosiones y sin embargo se asusten de mi presencia.
El buitre ha huido al aproximarme

El solitario huevo del buitre


Escorados hacia el sur los picos de Sanchicorrota, mi punto de partida, y cerrando el panorama La Nasa, Tripazul, el Rincón del Bú y la Plana de La Negra. Cruzo oblicuamente al otro lado del plano e inicio el descenso por el mismo itinerario por que he venido. Tras unas vacilaciones doy con el sendero que me permite atravesar el barranco y hollar de nuevo los rastrojos cercanos al lugar donde he dejado el coche.

De vuelta en el Rincón de las Rallas


Me cambio de calzado, bebo abundante agua y me pongo al volante. A mi casa tengo algo más de veinte kilómetros, pero me costará llegar tres cuartos de hora ya que debo marchar a velocidad reducida hasta tomar la carretera.


Este recorrido que he hecho en varias ocasiones, la última hace apenas dos años, es uno de los más espectaculares de las Bardenas Reales de Navarra, desconocido para muchos de los que vienen a visitarlas que se limitan a contemplar este panorama desde la pista que da la vuelta al polígono de tiro.

"Las Bardenas Reales de Navarra, Parque Natural y Reserva de la Biosfera, forman un territorio de excepcional valor ecológico, en el que durante siglos se han venido desarrollando aprovechamientos tradicionales. La conservación de este lugar, sometido a un frágil equilibrio en un medio natural extremo, es labor de todos, bardeneros y visitantes. Cuida y respeta, hasta el más mínimo detalle, todo lo que encuentres a tu paso." 

Esto es lo que dice el folleto de la Comunidad de Bardenas Reales de Navarra. Sorprende que este polígono de tiro, en el que se entrenan los cazabombarderos españoles y de la OTAN, esté ubicado en el centro del parque en el que además se encuentran enclavadas tres reservas naturales:  Vedado de Eguaras,  Rincón del Bú  y Caídas de La Negra. Sin lugar a duda, priman los intereses militares nacionales y económicos de los pueblos congozantes, a pesar de los acuerdos municipales en contra,  antes que los naturalísticos y ecológicos.

domingo, 8 de enero de 2012

Navidades soleadas

 El buen tiempo nos ha acompañado durante estas navidades. El sol ha lucido con entusiasmo y las temperaturas, aunque bajas, no han llegado ni mucho menos a los extremos de años pasados. Por otra parte, la lluvia tampoco ha hecho su aparición salvo algún chubasco aislado.  En definitiva, hemos disfrutado de una climatología no muy acorde con la actual estación invernal.

Aprovechando estas circunstancias, he realizado alguna salida en mi vehículo puesto que tengo el pie resentido y no puedo efectuar una caminata relativamente larga.

Uno de estos días pasados subí al coche y me encaminé a las Bardenas Reales de Navarra. Un breve paseo por los alrededores de Castildetierra me facilitó la excusa para estrenar mi nueva cámara fotográfica. Os dejo unas cuantas instantáneas de este emblemático lugar que deseo sirvan para que aquellos que lo desconozcan adquieran una ligera idea de su belleza.


Tres Hermanos

Barranco de Limas


Castildetierra

Detalle de la cima de Castildetierra

Balsa, al fondo en primer plano Tres Hermanos

Cerro de Las Cortinillas


Sorprendente ¿verdad?. No os habréis apercibido, pero cualquiera de estos paisajes aparecen en numerosos espacios publicitarios.

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