martes, 3 de septiembre de 2013

Tiermes insospechado


Salimos de Cáceres con destino a Tudela, nuestra ciudad de residencia, con el propósito, como ya es habitual en nuestros viajes, de hacer una parada para conocer alguna peculiaridad interesante cercana a nuestro trayecto. Hicimos un alto en el camino para comer en Ayllón, villa segoviana ya conocida por nosotros por haber recalado en ella en algunas ocasiones. Durante el almuerzo, recordé el rótulo  existente en San Esteban de Gormaz, cercano al puente medieval sobre el río Duero, anunciador del yacimiento arqueológico de Tiermes, y pensé desviarme al llegar a él. Nada más salir de Ayllón en dirección a Soria, a unos doscientos metros, topé con otro indicador de una carretera que llevaba directamente a ese lugar.

Descarté mi primera idea y tomé esta inesperada ruta. La pista serpeaba entre las ondulaciones de los cerros amarillentos y el sol reverberaba sobre el asfalto. Pasado Montejo de Tiermes, ya en la provincia de Soria, llegamos a su Museo Monográfico, una edificación que desechamos, situada a la izquierda de la carretera, tomando un desvío en el lado contrario, con un piso infernal, que nos situó en el yacimiento al cabo de poco más de dos kilómetros. Lo primero que se nos mostró a la vista fue una iglesia románica: se trataba de la ermita de Nuestra Señora de Tiermes. Aparcamos junto a ella.

Ermita de Nuestra Señora de Tiermes
Consta de una sola nave, con ábside semicircular y una galería lateral porticada, con cinco arcos de medio punto, que descansan sobre columnas germinadas, siendo el central de acceso. Los capiteles presentan un magnífico compendio tanto en calidad como variedad de temas, aunque se hallan un tanto deteriorados.


Pórtico de la ermita
Dentro de este pórtico, se encuentran tres figuras decapitadas y  la puerta de acceso al templo, enmarcada por sencillas arquivoltas, sustentadas por dos columnas con capiteles figurados. En los pies de la iglesia, se erige una espadaña con dos arcos de medio punto, en cuyo vano se alojan sendas campanas. Soportando el alero numerosos canecillos.  

Las ruinas romanas
Visto lo anterior comenzamos, a través de un acceso cercano, la visita a las ruinas romanas. Se trata de un paseo cómodo en el que hay que tener cierta precaución a causa de los desniveles del terreno.


¿El decumanus máximus?
Durante el recorrido por el recinto amurallado, que defendía los tres lados vulnerables de la ciudad, fueron desfilando ante nosotros los foros Flavio y Claudio, una plaza triangular con tabernae, el barrio del foro, un edificio con mosaicos, algo más lejos, la casa del acueducto en la que se estaban efectuando obras y no quisimos acercarnos... en fin, todo lo que habitualmente suele verse en este tipo de ruinas. A mí, personalmente, después de haber visto las de Baelo Claudia, en la pedanía gaditana de Bolonia, de la que hace cierto tiempo publiqué una entrada, ya no me sorprende ninguno de estos yacimientos. 

Zona de las tarbernae
Volvimos a donde estaba nuestro vehículo dispuestos a emprender la marcha hacia nuestra casa, si no defraudados, sí un tanto apáticos ante algo parecido a lo que se ve en numerosos sitios con vestigios romanos.

- Aquí no se puede aparcar -nos dijo una señorita que nos estaba esperando- pueden dejar el coche ahí detrás, pronto le dará la sombra.
- Nos marchamos ya.
- ¿Ya han visto todo?
- Si, todas las ruinas romanas salvo la casa del acueducto.
- ¿La ciudad celtíbera también? 
- No, eso no -contestamos extrañados.
- Pues se pierden lo mejor. Si tienen tiempo yo les acompaño dando un paseo.

Como tan solo nos quedaban dos horas de viaje hasta Tudela y al sol todavía le restaba un largo recorrido, accedimos de muy buen grado. Mientras caminábamos entablamos conversación.

- Trabajo en el museo desde hace un par de meses -comentó-. Soy de Valladolid, de Roa de Duero.
- Tierra de buenos vinos. Hay que buscar el trabajo donde está. ¿Qué tal por aquí?
- Muy bien. Allí también tenía trabajo, pero me interesó más éste. Todos los días a esta hora hago este recorrido para vigilar todo esto. Me encanta el tiempo que paso aquí.

Habíamos llegado a un suelo rocoso donde vimos una especie de compartimientos excavados en la piedra. Hizo que nos fijásemos en un corredor tallado en la roca, de más de dos metros, en cuyo centro se aprecian las señales de goznes y apoyos.


La Puerta del Sol
Este corredor descendente, llamado Puerta del Sol, nos condujo a una explanada inferior. En ella contemplamos atónitos un graderío rupestre tallado en la roca siguiendo las sinuosidades de la misma, en cuyo centro se situaban unas escaleras también excavadas en ella.

Graderío rupestre
Continuamos en pos de nuestra improvisada guía, cuyo nombre no recuerdo. Nos llevó ante unos farallones graníticos donde se encuentran los restos de las casas celtíberas en las que los romanos se apoyaron para edificar las suyas. Se delimitan claramente los huecos, hasta tres alturas,  para los maderos que sostenían los pisos superiores. Un poco más atrás lo poco que queda de las termas.


Arriba los restos de las termas
Después nos mostró la que ella llamó "la casa de Pedro", con una escalera central que la divide en dos y, a continuación, la casa de las hornacinas, con éstas excavadas dentro de la casa igualmente excavada en los grandes peñascos. No salía de mi asombro por aquello que estaba viendo y que jamás habría imaginado.
Casa de Pedro
Casa de las hornacinas

Continuamos el recorrido y nos invitó a adentrarnos en un pasadizo, el acueducto por el que se transportaba el agua. Nos daba toda clase de explicaciones, nos nos puso ninguna traba para observar con detenimiento todo aquello que llamaba nuestra atención, nos invitaba a no perder detalle, tan solo nos pedía un poco de cuidado para no sufrir ningún percance. 


El acueducto penetra al interior de la roca
Estaba enamorada de su trabajo y se notaba. Pasamos después a un farallón de cerca de treinta metros de altura al que llamó edificio de casas vecinales. Se veían claramente las huellas de las líneas para los forjados de los pisos, de los que se podían contar hasta seis alturas. Íbamos de sorpresa en sorpresa.

Escaleras 
Vimos el acueducto a ras de tierra y nos dirigimos a la casa del mismo donde estaban trabajando los obreros que habíamos visto desde las ruinas romanas. Les saludó y nos animó a ver las labores que estaban realizando. Ascendimos por la puerta del oeste, pasando junto a una habitación con cabecera circular, horadada en el granito, a la meseta superior desde donde podíamos contemplar todo el panorama.


Puerta del Oeste

Casa con cabecera circular

Los buitres, planeando a gran altura, se retiraban a las buitreras que se oteaban en la lejanía. Unas piedras ordenadas en el suelo dan pábulo a la suposición de la existencia en ese lugar de un templo celtibérico modificado posteriormente por los romanos. 

El acueducto a la vista
Nos acompañó en el descenso del cerro entre las ruinas de la ciudad romana que ya habíamos recorrido inicialmente, y llegamos a nuestro vehículo estacionado junto a la ermita. Nos despedimos de ella, agradeciéndole sus atenciones, y deseándole toda suerte de parabienes en su trabajo y estancia en tierras sorianas.

Nos congratulamos de haber coincidido con una persona tan inclinada a poner sus conocimientos a disposición de los visitantes con tanta amabilidad y entusiasmo.  De su mano perdimos la indiferencia con la que nos disponíamos a partir inicialmente pues, de no haber topado con ella, nos hubiésemos marchado sin conocer el atractivo primordial de este lugar.  



22 comentarios:

  1. Menudo paseo por el tiempo, no has necesitado ninguna máquina.

    Un abrazo y que sigas disfrutando de tus viajes.

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    1. Ya ves, Emilio, fui a Cáceres a estar unos días con mis hijos y nietos, y al regreso, de paso, cañazo. No necesité más máquina que la común a todos nosotros: el coche. Un abrazo

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  2. Una excursión con sorpresa final, a mí me encantaba perderme en el camino de ida o de vuelta, a veces había sorpresas como la que tu nos cuentas y que yo no conocía, así que me he sentido muy entretenida siguiendo la crónica del viaje.
    Un abrazo grande

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    1. Esta forma de viajar solamente nos la podemos permitir a esta edad porque antes las obligaciones de familia y trabajo nos lo impedían. Había que llegar cuanto antes a nuestro destino. Abrazos

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  3. Había oído hablar de Tiermes pero tampoco me esperaba ver estas casas en este estado de conservación que hablan de un pasado extraordinario. Me imagino lo que disfrutasteis. Las ruinas están bastante aceptables y cuidadas, se diría que casi habitables. Magnífico reportaje.
    Un abrazo

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    1. Parece ser que de Tiermes está casi todo por descubrir, se habla de que solamente se conoce un 5%. Me da coraje nada más pensar que podíamos haber pasado sin verlo de no mediar esa extraordinaria funcionaria. Abrazos

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  4. Es impresionante, y qué suerte dar con esa guía en el último momento. Un abrazo.

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    1. Así es, como ya le he dicho a Katy, si no llega a ser por ella nos vamos con la visión de unos restos romanos más. Abrazos

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  5. Leyéndote, Felipe, tengo la sensación de haber viajado contigo. ¿Recuerdas? Yo iba en el asiento trasero y hemos compartido todo, también el almuerzo. ¡Grandioso!
    Un abrazo

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    1. Voy recordando, oye ¿la comida la pagaste tú? porque yo no recuerdo. Te llamo para la próxima. Un fuerte abrazo

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  6. Que maravilla te encontraste y todo gracias a una profesional de la cultura, esto mismo nos pasò a nosotros en La Olmeda Palencia, encontramos una chica guìa y nos diò una verdadera clase de historia romana.

    un abrazo

    fus

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    1. Cuando te topas con profesionales que disfrutan con su trabajo, es una verdadera maravilla. Abrazos

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  7. Siempre nos traes sitios que desconozco, sitios extraordinarios que dan fe de la magnífica historia que nos precede.

    Un abrazo Felipe.

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    1. En cualquier sitio te puedes tropezar con algo digno de conocerse, y muchos de ellos los tenemos al alcance de la mano. Abrazos, Elena

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  8. Una guía enamorada de su trabajo y unos visitantes interesados.
    La sintonía fue perfecta y la entrada que ha ocasionado magnífica.
    Saludos.

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    1. No siempre es fácil que se dé esa conjunción. Un saludo

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  9. Joaquín Iñigo Álva5 sept. 2013 23:35:00

    Despues de tanta amabilidad, lástima que tan improvisada guia, quede sin identidad.en tu precioso relato. un abrazo FELIPE.

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    1. Joaquín, no logro recordar su nombre, y lo llevaba puesto en una tarjeta colgada junto al bolsillo de la camisa, además pensaba que lo había apuntado, pero parece ser que no. Una lástima.. Un abrazo

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  10. Pepe Martínez5 sept. 2013 23:36:00

    Fantástico reportaje Felipe y tuviste la gran suerte de encontrar a una persona amable ( que hay, y muchas) que te informó de la ciudad celtíbera,que no conozco y me parece de lo mas sorprendente. Tomo nota.

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    1. Pepe, viajando de esta manera encuentras lugares verdaderamente sorprendentes. Ayllón, Puente del Congosto, Maqueda, Piedrahita, estos son sitios que he encontrado así y de los que también hice el correspondiente reportaje. Un saludo

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  11. Desde luego que te dejabas lo mejor, que maravilla. Gracias Felipe por tu ilusión y por compartirla.
    - Ayer fue un rato inolvidable, nos conocimos y nos pusimos la verdadera cara que tenemos, voz, en fin, que estoy encantada de haberos conocido a los dos. Besicos.

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    1. ¿Qué te voy a decir yo? ¿Cómo agradecerte que, el día del cumpleaños de Lucía, tuvieras el detalle de encontrar un hueco para nosotros? Nos veremos otra vez, seguro que nos veremos. Un beso, también de Pili.

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