domingo, 9 de enero de 2011

Soto de Traslapuente

Hoy he salido más tarde por lo que el paseo necesariamente ha de ser más bien corto. Cruzo la plaza de la Judería y por las calles Magallón, Portal y Fosal, atravesando el túnel del ferrocarril, me planto en nuestro remozado puente de piedra. Tras un ligero titubeo, decido atravesarlo y dirigirme, aguas arriba, por la margen izquierda, hasta el paraje de Las Norias. Me detengo un instante para ojear la leyenda del pretil recordando la voladura del quinto ojo por los propios tudelanos el 6 de junio de 1808 ante la inminente llegada de los franceses.

El día está gris, plomizo. El cielo se encuentra cubierto de nubes enlutadas que no presagian un buen final para mi andadura. No obstante, persisto y continúo hasta el final del puente donde tomo el camino de la izquierda, no sin antes echar un vistazo a los vestigios del humilladero. Siento vergüenza ajena al contemplar las cuatro piedras que restan asomando entre los hierbajos y las bolsas de plástico. ¡Que desidia!

Los restos del humilladero una verdadera ruina
Abochornado, prosigo por esta pista paralela al río en dirección contraria a sus aguas. Es el Camino Natural Ebro GR-99, dique de contención del Ebro e itinerario obligado de la javierada de los tudelanos, que tantas veces he transitado.

Carramurillo. Un lugar entrañable para mí
Avanzo a buen ritmo entre las bardas, cañales y chopos desnudos del lado izquierdo y los bien cuidados campos con toda clase de verduras de la espléndida huerta tudelana situados a mi derecha. Un rótulo medio oxidado me informa que acabo de penetrar en el término de Carramurillo.

Escudriño con detenimiento los huertos tratando de recordar cual era el de mi padre. Vano intento. Está todo tan cambiado que no logro ubicarlo.

Sotobosque de Traslapuente
Llego al Enclave Natural del Soto de Traslapuente. Vegetación típica de ribera: álamos, sauces blancos, fresnos y en el borde del río tupidos carrizales. La hiedra trepa osadamente rompiendo con su verdor el ocre grisáceo de los chopos. Dos ruidosos quads quiebran la tranquilidad del entorno haciendo enmudecer el canto de los ruiseñores. Se trata de un sotobosque nato con la espesura creciendo a su antojo, sin cortapisas.

Tamarices y cañas a ambos lados
Reanudo mi caminar entre los tamarices pardos de la orilla y las vallas de cañas que impiden ahora la visión de las huertas. Se entrevé a través de la maleza la lámina plateada del agua y la presa de Las Norias.  Alcanzo la pequeña antigua central en desuso y junto a ella el edificio anodino de la nueva minicentral eléctrica. Es el final que me había marcado y por tanto hora de volver.    

La presa está cercana
Ahora voy dejando el río a mi derecha y sigo el lento curso de las aguas. Unos perros me ladran desaforadamente cuando paso junto a ellos. A pesar de estar a otro lado del cercado me han dado un buen sobresalto.

El Ebro
Hace calor. Me quito la parka. Se oye lejano el ronroneo de un motocultor. Sigo caminando pero se nota que estoy desacostumbrado porque el paso se hace más cansino. Miro a mi izquierda y veo en la lejanía el toro de Osborne, erguido, amenazando con sus cuernos a los aerogeneradores de Valdetellas. Al frente, en lontananza, edificios del ensanche. El arbolado impide ver, sobrepasando el puente, las torres de la Catedral y la Magdalena.

Me voy acercando a la ciudad
En la orilla opuesta del Ebro la Mejana. Sobre ella, en lo alto del cerro de Santa Bárbara, sede del antiguo castillo derruido de Sancho VII el Fuerte, la gran estatua del Corazón de Jesús dirige su mirada por encima de la ciudad hacia el cerro de la Torre Monreal, en cuyas cercanías se sitúa el monumento al Corazón de María, su madre.

Son casi las dos de la tarde cuando atravieso el portal de mi casa. El termómetro marca 16º. La caminata ha durado cerca de dos horas y… ¡NO HA LLOVIDO! 

7 comentarios:

  1. Cómo se agradece un paseo en el que, pese a las amenazas de lluvia, al final disfrutamos del caminar sin la incomodidad del agua.
    Las fotos, como siempre, presiosas, Felipe.
    ¡Cómo me gustan tus paseos!

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  2. Por un momento he imaginado que iba contigo, Felipe, que te acompañaba, que te amoldabas a mis pasos cansinos, y que me ibas explicando cada detalle del camino: los álamos, los fresnos, los carrizos...
    ¡Gracias por tu conversación y compañía!

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  3. Toda esa zona es una desconicida para mí y me das tanta envidia que estoy deseando que venga el buen tiempo para hacer una escapada . Un abrazo

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  4. ¡Estupendo paseo el que me ha dado contigo!
    Desde mi jubileo bancario (al igual que tú) me agrada haber dado con tu blog.

    Un saludo

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  5. Un chulo paseo con riesgo a mojarse. Los parajes son muy bonitos. Te sentarías con hambre, con la caminata seguro te has quitado el roscón y el turrón de estos días. Mira que le tengo miedo a los perros...
    Un abrazo

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  6. Hola:
    Veo que has entrado en el artículo
    de "La Javierada" que hace tiempo recordé. He de confesarte que solo los Navarricos hacen esas demostraciones que son dignas de admiración para cualquier peregrino.Ya he oido que es una buena paliza el ir a la javierada desde Tudela.
    Saludos!!!

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  7. Felipe en mi blog te he dejado un regalo, puedes pasar a recogerlo si te apetece Pasatiempo
    Recuerda que no hay compromiso ningno

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Tu comentario es bien recibido aunque sea anónimo. Muchas gracias por tu atención.

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