Se me ha ido una amiga bloguera entrañable. Fue una de las primeras amistades virtuales que hice cuando me inicié en este mundo de la blogosfera. Hasta última hora hemos seguido leyéndonos. Se sobrepuso a todo: el abandono de su hogar de Lanuza por la construcción del pantano, la muerte de su esposo Marcos, el diagnóstico de un cáncer... Todo sobrellevado de una forma admirable. Quizás le ayudó a ello su bitácora en la que casi todos los días nos mostraba la cara amable de la vida.
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| De izquierda a derecha: Liova, Trimbolera y yo en 2013 |
En "El bosque de trimbolera", de la mano de Angelines Allúe Escartín, así se llamaba, conocimos el paisaje de su tierra, sus fotografías, sus paseos, la música que le gustaba y nos facilitaba, su poesía, su ternura, su fortaleza, su vitalidad, los homenajes de su pueblo a su marido Marcos, el nacimiento de su nieta Lucía, a su querido bolo, la nieve en Lanuza, las tormentas, cada una de las estaciones del año...
La amistad virtual se transformó en real gracias a Liova, otra bloguera maña, llamada Cristina, a quien había conocido en persona en Cáceres, donde reside. En una excursión a Jaca quedé con ellas para pasar un rato de una tarde a finales del verano de 2013. La empatía que habíamos cultivado hasta entonces se transformó en mutua simpatía.
No ha dejado de publicar en su blog salvo en contadas ocasiones. El día catorce escribió lo siguiente: Estoy ingresada en el hospital. Un abrazo muy fuerte a todos. Volveré cuando se vaya la niebla.
Este medio día se ha publicado una nueva entrada: Hoy Trimbolera ha visto a Marcos entre la niebla y las vacas... y se ha ido con él.
No he llegado a cumplir los deseos que manifestamos de encontrarnos de nuevo. Se ha marchado. Quizás coincida en otras esferas con Alberto Boutellier Caparrós, otro bloguero amigo que nos abandonó el pasado año. Descansa en paz, Angelines.