lunes, 20 de agosto de 2012

Un pueblo entre peñascos



Eran ya cerca de las once de la mañana cuando partimos de Cáceres. Si hay niños ya se sabe, es difícil calcular los tiempos. Tras hora y media un poquito larga de viaje llegamos a Monsanto, en el vecino Portugal. Aparcamos los coches y después de una parada técnica para dar de comer al pequeño Javi y trasegar las primeras cervezas, iniciamos entusiásticamente el ascenso hacia el castillo. A los pocos minutos nos damos cuenta que esto es imposible. El niño, la silleta, mi nuera embarazada y mi mujer que no está para muchas con sus rodillas lo hacen inviable. Decidimos dejar a su aire a las mujeres con el pequeño y continuar la ascensión mi hijo Ricardo y yo solos con nuestras cámaras fotográficas en ristre.

Contemplamos la curiosa arquitectura

Monsanto se encuentra en la ladera de una gran elevación granítica muy escarpada. Mi baja forma se hace cada vez más evidente; mis jadeos los escuchan hasta los inquilinos del camposanto cercano mientras subimos rodeados de grandes moles berroqueñas. La pendiente es endiablada, pero logro reponerme y a duras penas llegar a un descansillo cercano al castillo. Nos llevamos una grata sorpresa. Una hermosa capilla dedicada a San Miguel con un pórtico abocinado románico nos ha salido al paso. Nos damos un reposo dando rienda suelta a nuestra pasión fotográfica.

Iglesia de San Miguel

Comunico a  Ricardo que yo voy a continuar mientras él sigue dándole gusto al dedo; que le espero arriba. Me tiemblan las piernas y me acuerdo de mi amiga Liova que, con su entrada, acrecentó mi deseo de conocer este sitio. A pesar de todo llego al castillo y atravieso dos puertas con arcos de medio punto que dan paso a dos recintos amurallados. En el centro de la plaza de armas se encuentra otra capilla, la de Santa María do Castelo, y un aljibe al que me asomo comprobando que contiene agua a pesar de estar en la cima. 


Santa María do Castelo

Contemplo las murallas y no me resisto a visitarlas y acercarme al lugar más elevado: el punto geodésico. Los escalones son altos y las piernas se resienten. En lo alto, la vista es impresionante en una panorámica de trescientos sesenta grados. Sentado en la base del monolito, descanso  un rato esperando la llegada de mi hijo  mientras realizo unas cuantas fotos. Lo veo subir hasta donde estoy yo. Observamos todo con detenimiento, fotografiando lo que se nos ocurre y está a tiro. Iniciamos el descenso porque son cerca de las dos en España, en Portugal la una.

Testimonio gráfico de mi ascensión

Recogemos a las señoras y al niño y penetramos en un típico restaurante. Tenemos sitio y nos situamos en una mesa junto a la roca que ha penetrado en el comedor y cuyo enorme tamaño vemos desde la ventana. Pedimos bacalao a la plancha con patatas asadas y migas unos y otros pulpo al horno con aceite crudo de oliva. El bacalao muy rico y el pulpo exquisito. Lo regamos con vinho verde y finalizamos con unos pingados.


Esa enorme roca es la del comedor junto a la ventana


Tras la comida volvemos a abandonar a las mujeres y al niño; ellas se encuentran cansadas, él tiene que dormir y nosotros continuar nuestra visita. Las casas se encuentran atrapadas entre las peñas formando un espectáculo impresionante. Es un pueblo construido entre rocas gigantescas formando un conglomerado de casas que se extiende hacia lo alto del cabezo aprovechando los pedruscos de granito para sus paredes e incluso tejados. Sobre el caserío sobresale la Torre de Lucano en cuyo cimborrio anida un gallo de plata, trofeo ganado por esta población  en 1938 adquiriendo el título de "aldea más portuguesa de Portugal". Dos cervezas heladas nos hacen soportar la canícula. 

Torre de Lucano

Tornamos con nuestras esposas que tratan de entender la conversación de una lugareña que le hace carantoñas al niño. En realidad trata de vender su mercancía : unas muñecas de trapo en forma de cruz, sin rostro llamadas Marafonas, producto típico del lugar junto con los adufes, panderos cuadrados, que hemos visto en las tiendas de regalos. 

La roca parece emerger de la casa

Mi nuera, debido a su estado, se encuentra cansada y mi nieto no ha dormido su siesta, por lo cual subimos a los vehículos y emprendemos el regreso con la intención de hacer un alto en Coria para tomar un refresco.  Como Javi se queda dormido como un leño, se suspende el receso y continuamos directos hasta Cáceres. Finalizamos la excursión a las ocho de la tarde con 37 grados.

Un bello rincón

Estoy verdaderamente rendido. El baño en la piscina mientras le dan la cena al niño me deja reconfortado y listo para, tras una cena más o menos frugal, entregarme en brazos de Morfeo.

21 comentarios:

  1. Creo que todo el esfuerzo a sido premiado con creces con la imagen de la roca saliendo del techo.
    Mis saludos para ti

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    1. Sí que mereció la pena el esfuerzo y ¡la calorrrr! Saludos

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  2. hola Felipe!!!! cuánto me alegra que por fin hayáis hecho esta excursión a Monsanto. Como habéis comprobado creo que vale la pena su visita a pesar de las cuestas y de la fatiga.
    Gracias por acordarte de mi, jajajajajajaja!!!!!
    A seguir pasándolo estupendamente por esos Cáceres, enhorabuena por el futuro nieto/a y muchos besos desde Jaca para ti y para Pili.

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    1. Ya tocaba. Merece la pena, pero hay que estar más en forma que yo últimamente. Nieto, esperamos otro nieto, así que la futura mamá a descansar a la sombra. Besos calurosísimos desde Cáceres.

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  3. Qué original parece ese pueblo!
    Gracias por la crónica de una visita tan especial.
    Abrazo!

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  4. Tengo una curiosidad tan grande que no me resisto hacerte la pregunta: ¿te habrás traído como por descuido una piedrecita de ésas en el bolsillo como recuerdo? ¿verdad?
    Saludos, Ángel

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    1. No Angel, me la traje en mis zapatillas sin darme cuenta. En serio, me las traje en una cantidad de fotos guardadas en mi cámara. Un abrazo

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  5. Sigue haciendo estas estupendas crónicas que las guardo bajo llave por si algún día voy por eso lugares, mientras disfruto leyendote.
    Un abrazo

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    1. Es una satisfacción que sean de tu agrado mis crónica muy subjetivas. Un beso

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  6. Genial reportaje. He oído hablar mucho de este pueblo pero aún no lo he visitado. Eso de comer entre piedras debe ser muy llamativo. Te remite a los comienzos de la civilizción.
    Un abrazo y feliz semana

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    1. Es un lugar verdaderamente sorprendente. Si tienes ocasión, visítalo. Abrazos

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  7. Y resulta que el título responde a la realidad. U.nas imágenes bellísimas y una excursión marcada por el pequeño Javi en cuanto a horario.
    Un abrazo.

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    1. A los nietos se les permite prácticamente todo, cuanto más marcar los horarios. Ahora estoy disfrutando de él pues a este lo veo muy poco. Voy a ver que cuentas en tu Amanecida. Un abrazo

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  8. Increible tu visita y tus fotos. Enhorabuena

    un abrazo

    fus

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    1. Pues créelo, es un lugar sorprendente. Abrazos

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  9. Qué buen lugar, la cumbre de una montaña para que un padre y su hijo estén juntos contemplando el mundo.
    Tomo nota de este fantástico lugar, ya sabes cuánto me gusta todas estas excursiones, por si se tercia alguna vez.
    Un abrazo.

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    1. Cuando los visito en Cáceres solemos hacer alguna excursión el fin de semana. Este lugar lo tenía in mente hace mucho tiempo. Abrazos

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  10. A pesar de que tus narraciones por lo general son muy descriptivas, si no fuera por las imágenes que aportas a esta excursión, resultaría difícil de imaginar la situación de las casas dentro de las peñas o las piedras dentro de las casas. Verdaderamente curioso.
    Un abrazo.

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    1. Es que, a pesar de estar viéndolo, cuesta creerlo. Abrazos

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