martes, 23 de diciembre de 2014

Mis deseos



¡Feliz Navidad! 
Eguberri on!
¡Bon Nadal
Bo Nadal!
¡Feliz Nadal!
¡Felices Navidaes!


sábado, 20 de diciembre de 2014

Una de toreros

El tema taurino, de unos años a esta parte, se percibe calentito y la Fiesta Nacional entró en capilla, hace ya tiempo que está de capa caída y son muy pocos los que le echan un capote. Personalmente, no me siento ni taurófilo ni taurófobo, más bien indiferente, vamos que el tema lo veo desde la barrera. En mi poco autorizada opinión, la "fiesta" no precisa de muchos bajonazos para doblar las manos; carece de suficiente trapío para estímular la querencia de las nuevas generaciones que en su momento dieron la espantá dedicándose al acoso y derribo y entienden por "casta" a otra muy distinta de la de los bureles que se prueba en las tientas. Los que se consideran aficionados  ya pueden atarse bien los machos, estar al quite, bregarse, embraguetarse, cargar la suerte y coger el toro por los cuernos, entrando al trapo en corto y por derecho, sin escurrir el bulto; de lo contrario, con las últimas estocadas hasta la bola, recibidas en todo lo alto, debido a las decisiones de Canarias y Cataluña, les va a coger el toro, recibiendo un revolcón e incluso una cornada. Si el tiempo no lo impide y con permiso de la autoridad, a la "fiesta" le ha llegado la hora de la verdad y, aunque se crezca en el castigo, poco le resta para, en la suerte suprema, recibir la puntilla y estar para el arrastre .

Plaza de toros de Tudela

A pesar de todo esto, si durante los festejos de la feria de Tudela estamos en la ciudad, suelo acompañar a mi mujer, que sí es aficionada. Me entretienen los comentarios, el ambiente, los pasodobles, la música de los gaiteros y la merienda. De lo que sucede en el ruedo paso olímpicamente y, a las primeras de cambio, doy un quiebro e inicio una nueva faena en la que me encanta el brindis.

En esta inclinación de mi mujer supongo que alguna influencia tendrá su herencia familiar ya que el padre de su abuela paterna lo era también de los diestros navarros Julián e Isidro Marín, aunque éstos de madre distinta. La numerosa prole de Bernabé Marín estaba compuesta por diez hijos habidos con Matías Magaña, su primera esposa, y ocho con Amalia Arnedo, la segunda. Nada más y nada menos que dieciocho vástagos. ¡Qué tiempos aquellos!


Julián Marín Arnedo (1920-2000)

Julián Marín Arnedo, el león navarro
Julián Marín Arnedo. Nació en Tudela el catorce de octubre de 1920. Tomó la alternativa en Pamplona el siete de julio de 1943 con Pepe Bienvenida y Manolete. Gozó de gran cartel en Barcelona y Valencia, donde cosechó sus mayores triunfos. Sin duda ha sido el torero de a pié más destacado y popular que haya dado Navarra. Según cuentan, de reconocida valentía, impavidez y arrojo.

Se codeó con los mejores toreros del momento: Manolete, Bienvenida, Cañitas, Arruza, Domingo Ortega, Armillita etc., en fin, con todos los grandes. Toreó también dos temporadas en Colombia y Venezuela.

Tras cortarse la coleta en 1953 abrió, contiguo al Hotel La Unión, un negocio de bar al que puso por nombre La Bolera debido a las pistas que tenía para este juego. Tuvo un gran éxito y allí recalaban todos los artistas, toreros  y amigos que pasaban por Tudela. Había así mismo un salón de baile que frecuentábamos los jóvenes los domingos para lo que hoy sería ligar; entonces no se salía los sábados. Se cerró por jubilación del propietario en 1975 y hace ya muchos años que tanto La Bolera como el Hotel La Unión desaparecieron construyéndose un bloque de viviendas en el solar en el que se ubicaban.

A partir de entonces llevó una vida de lo más apacible pero, trascurridos algunos años, una larga enfermedad lo dejó postrado y el día nueve de diciembre del año 2000 falleció en la residencia de ancianos de San Adrián. Fue enterrado en nuestra ciudad.


Isidro Marín Arnedo (1926-1991)

Isidro Marín Arnedo
Isidro Marín Arnedo. Nació también en Tudela el quince de mayo de 1926. Su hermano Julián le dio la alternativa en Pamplona el día once de julio de 1951. Cosío al referirse a él lo califica como torero valiente, bullidor, con mucho arte y una gran voluntad. La fatalidad se cruzó en su camino y el quince de agosto de 1952 sufrió una gravísima cornada en Játiva que le seccionó las venas safena y femoral y lo tuvo entre la vida y la muerte varios días. Una segunda cogida casi tan grave como la anterior lo alejó de los ruedos. Fue un diestro sin suerte.

En noviembre de 1957, dando pruebas de una gran solidaridad, emprendió una marcha a pié desde Pamplona a Valencia pidiendo donativos en favor de los damnificados por las graves inundaciones habidas en esa capital.

Se retiró en 1961, trabajó en un matadero industrial de aves en Tudela y durante algunos años fue doblador del encierro en Pamplona donde falleció el once de diciembre de 1991.

En la actualidad, estos toreros, cuyos aniversarios de muerte se han cumplido durante este mismo mes, son prácticamente desconocidos pero, hasta hace bien poco tiempo, en Navarra los Marín eran un referente; tanto como hoy día lo es el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza. A mi suegro todo el mundo le llamaba Marín, a pesar de ser su segundo apellido, y a mi mujer, días pasados, todavía alguien la llamó "Marina". 


En mi familia, las aficiones taurinas han concluido con mi cónyuge puesto que mis hijos no las han heredado, más bien se declaran antitaurinos y su relativo parentesco con los toreros les trae sin cuidado. Por ende, de la forma que yo más disfruto de estos animales es en estofado. El rabo de toro con verduritas es un plato digno de la mesa más excelsa.

martes, 9 de diciembre de 2014

De lagos por Italia. Maggiore



Tras nuestro recorrido por Padua, Venecia, Verona, Rávena, Bolonia, Módena y de nuevo Milán, sentamos nuestros reales en Arona, a orillas de este lago que, con sus 66 kilómetros de longitud, es el segundo en extensión detrás del Garda. Fuimos caminando desde el hotel hasta el embarcadero en una mañana gris, precursora de lluvia, en que la niebla apenas dejaba entrever las orillas. En esta ocasión fueron dos los barcos que utilizamos para la navegación.


Nuestra partida de Arona
Poco después de dejar atrás la lejana silueta de nuestro hotel, camino ya de las islas Borromeas, vislumbramos entre la bruma la gigantesca estatua de San Carlos Borromeo con su color de cobre oxidado mimetizándose con el paisaje.

Jardines de Isla Bella
Tres cuartos de hora duró la travesía hasta arribar a la primera de las islas que íbamos a visitar: Isla Bella, Isola Bella, como rezaba un letrero cuando desembarcamos. En la pequeña isla se asienta el majestuoso Palacio Borromeo, con unos preciosos jardines a la italiana del periodo barroco y un reducido poblado de pescadores.


Llegada al Palacio de  Isla Bella
Dimos comienzo por la mansión de los Borromeo y fuimos recorriendo una a una todas las habitaciones, admirando la decoración, el mobiliario, las vajillas, la pinacoteca, las lámparas... 

Interior del Palacio

Una de las estancias
Atravesamos unas estancias decoradas con extrañas rocas, salimos al jardín y por unas escalinatas nos situamos en la terraza superior donde pudimos contemplar numerosas fuentes adornando una especie de retablo barroco en el que, situadas en hornacinas, así como en la parte superior, descansaba una variada colección de estatuas de personajes mitológicos, coronados por un majestuoso y desafiante unicornio.

Una extraña decoración

La terraza superior

Los parterres descendían en terrazas escalonadas, llenas de flores y plantas exóticas,  hacia las olas que rompían contra los muros, al tiempo que unos faisanes blancos picoteaban entre el verde del césped. A través de las aberturas que dejaban los nubarrones de la ribera del lago se adivinaban los Alpes, oscurecidos en un día plomizo.

Las estatuas contemplan impávidas una de las orillas desde Isla Bella
Mientras algunos hacían compras, aprovechamos para degustar una cerveza en una terraza junto a la orilla, contemplando el monótono ir y venir de las olas, esperando el traslado a la cercana isla de los pescadores.

La Isla de los pescadores
Pasamos a la diminuta isla de los pescadores, Isola dei pescatori. Un corto paseo por sus estrechas y tortuosas callejuelas, una breve parada en su iglesia y a comer. Pasta, por supuesto, y pescado. Después de los cafés, tomamos una copita de grappa que nos servimos de un botellón de dos litros que puso ante nosotros la dueña del ristorante. Excelente, por cierto.

Llegada a Isla Madre
Embarcamos de nuevo y, dejando atrás las dos islas, nos dirigimos a Isla Madre, Isola Madre, la mayor del archípiélago borromeo. Allí el palacio del siglo XVI se encuentra inmerso y en un exuberante jardín botánico a la inglesa, con una frondosa vegetación en la que descuellan las azaleas, las camelias y las palmeras.

Un faisán mira sorprendido

Otro nos ignora

Mientras hacíamos el recorrido, unos faisanes de vivos colores correteaban y se perseguían unos a otros, en tanto otros blancos se pavoneaban junto a los árboles.

Este posa coqueto

En la plaza, delante del palacio, contemplamos un enorme árbol sujeto por grandes sirgas. Se trata de un ciprés de Cachermira, símbolo de Isla Madre, nacido de semillas traídas de la región del Himalaya en 1862. A este ciprés lo abatió un tornado en junio de 2006, fue replantado de nuevo y se encuentra en periodo de recuperación.

El ciprés de Cachemira

La delicia del jardín

Visitamos el palacio, no tan espectacular como el de Isla Bella, pero si muy interesante en el que destaca su colección de porcelanas. A resaltar una sala con un escenario para teatro de marionetas. A la salida, en el jardín, se encuentra una pequeña capilla dedicada a San Carlos Borromeo, cuya festividad celebrábamos los bancarios el cuatro de noviembre.

El teatro de marionetas

La capilla de San Carlos Borromeo

Volvimos a embarcar y nos encaminamos a la población de Stresa, a orillas del lago. Rodeada de las altas cumbres de los Alpes piamonteses, es una ciudad coqueta que cautivó en el siglo XIX a la alta burguesía y al empresariado de Italia, que todavía conserva el esplendor pasado de sus villas y palacetes. Ernest Heminway, fascinado por el encanto de sus aguas azules y el verde de sus montañas, eligió este lugar como escenario de su novela Adiós a las armas.

Stresa desde Isla Bella
Su casco histórico se recorre en pocos minutos. Cansados del ajetreo del día, nos sentamos en una terraza para practicar nuestro deporte favorito: levantamiento de vidrio sobre barra libre; claro está, el vidrio rebosante de birra.

Anochecía cuando tomamos de nuevo el barco para volver a nuestro hotel. Durante la travesía traté de descubrir, entre las negras sombras de las montañas, la estatua verdiazul de Don Carlone. Vano empeño, había sido devorada por la oscuridad. Al desembarcar en Arona, era noche cerrada, como boca de lobo, y caía una lluvia fina y persistente.

Entradas relacionadas:
De lagos por Italia. Garda
De lagos por Italia. Como
De lagos por Italia. D'Orta

domingo, 7 de diciembre de 2014

El indiano

En esta corta novela, se nos narra la vida de un componente de esa especie, ya extinguida, que fueron los indianos, aquellos aventureros emprendedores que, a su vuelta, plantaron en sus lugares de origen unas magníficas y ostentosas mansiones. Ejemplos de estas casas las tenemos por toda nuestra geografía pero donde más he visto ha sido en Galicia, Asturias, Cantabria y Navarra.

De vuelta a España, Tarsicio Báguena se casa con Beatriz, mujer altiva y de mucho carácter, que acaba con sus ilusiones, a la que construye una magnífica mansión con la fortuna alcanzada allende los mares. Inmerso en una trama de especulación inmobiliaria en la costa del Mediterráneo y de blanqueo de capitales, Tarsicio comienza a desgranar las peripecias de su existencia a Paco, su chofer, amigo y colaborador fiel. Tras una infancia en la que se ve perseguido por su maestro, un falangista pederasta, huye al matarlo accidentalmente en una reyerta. Se asocia con un charlatán como los que conocimos antaño, seguidores de León Felipe, del que aprende las técnicas de convicción. A la muerte del viajante, se enrola en la legión y de nuevo se ve acosado por un lascivo cabo, por lo que tiene que convertirse en desertor. Huye a Méjico se asocia con un panadero y da muestras de sus dotes emprendedoras. Hace fortuna y vive el mundillo de los pintores como Diego Rivera, conoce a Azucena, una falsificadora de pinturas. Su fortuna se va incrementando. También Argentina es escenario de sus correrías, lugar donde conoce a Paula. Finiquitado el asunto del pelotazo inmobiliario del levante español, se queda solo ante el fallecimiento de su esposa debido a un tumor cerebral. Cuando se le detecta un cáncer de próstata pierde todas las ganas de vivir, se da cuenta que su vida sentimental ha sido un fracaso, a pesar las cinco mujeres que han pasado por su vida, y el relato termina con su fallecimiento.

Esta trepidante novela se lee fácil debido a su historia muy verosímil dentro de la ficción. Está muy bien estructurada y los diálogos no son forzados sino que fluyen plácidamente. Una lectura muy agradable, nada pesada en sus doscientas sesenta y nueve páginas en las que el autor nos muestra su erudición en algunos aspectos puntuales, sin que esto sea un obstáculo para la narración sino que, al contrario, la enriquece.

Cenzano en su despacho. Foto de perfil en Facebook
José Manuel Cenzano Catalán, médico pediatra jubilado, nació en Tudela (Navarra), donde ejerció su oficio, gozando de un gran prestigio no solo profesional, que también, sino por el amable trato que propiciaba a sus pacientes. Fue el pediatra de mis hijos a los que explicaba jocosamente el origen de nuestro apellido. 

Alterna, desde hace muchos años, publicaciones medico-científicas con otras propiamente literarias. Es autor de varios ensayos, cuentos y varias novelas, entre las que se encuentran Cuarto creciente en el lado oculto de la luna, El tren, Cara o cruz, Nostalgia en gris, Víctima del pasado, El indiano, que ahora nos ocupa y la más reciente Un paso atrás, cuya lectura tengo pendiente.

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