miércoles, 14 de enero de 2015

Conmigo que no cuenten


No, desde luego que yo no soy Charlie Hebdo, con todos mis respetos para quienes sí se sienten identificados con esa revista. Una cosa es no estar de acuerdo y condenar unos viles asesinatos y otra muy distinta respaldar las ideas y el comportamiento de unos personajes, por muy respetables y buenos profesionales que  sean, cuya ocupación ha sido la de hacer mofa, befa y escarnio de los sentimientos de otras personas en nombre de una sacrosanta libertad de expresión. Sin justificar lo injustificable, hay que tener presente el refrán de quien siembra vientos recoge tempestades. Los dibujantes de Charlie Hebdo sembraron vendavales hiriendo la sensibilidad de muchas personas de distintas confesiones religiosas que merecen la misma consideración que ellos exigían para su dedicación y terminaron desatando la caja de los truenos de unos fanáticos integristas. A pesar de ello, nada disculpa que les fuera arrebatada la vida ni de ésta, ni de ninguna otra forma.

No me hacen gracia los chistes de gangosos, tartamudos, cojos, mancos, discapacitados o de cualquiera que tenga algún defecto; tampoco soy amigo de los de putas o maricones. Me siento incómodo por haber sonreído en ocasiones ante algunas situaciones ridículas de otros. Me desagradan las actividades que atentan contra algo tan íntimo como las creencias de las personas, a pesar de ser un laxo practicante. En mi modesta opinión, el agnosticismo, el laicismo y el ateísmo no están en contraposición con la tolerancia, la educación y la deferencia hacia quienes practican cualquier religión, aunque ésta no sea la mía, ni de mi agrado. Ni siquiera se opone a ello la tan jaleada libertad de expresión que, como todas, acaba donde comienza la del vecino. A eso se le suele llamar respeto.


Por otra parte, quiero dejar meridianamente claro que con ésto no sólo no justifico que unos fanáticos hayan transformado en huracanes los vientos esparcidos cometiendo tamaña iniquidad; sino que ni siquiera aspiro a que quienes actúan del mismo modo que los dibujantes exterminados, dejen de hacerlo por mi forma de pensar. En todo caso, debieran ser los jueces quienes tuvieran la última palabra. Tampoco pretendo que otros modifiquen su opinión por la mía, allá cada cual con sus convicciones; simplemente manifiesto que, aun cuando lamento y condeno su asesinato, no me siento reflejado ni representado por ellos como podría hacerlo con otras muchas víctimas. En otras palabras, a pesar de todas las pancartas que se exhiban diciendo que todos lo somos, yo no soy Charlie Hebdo. Por muy políticamente incorrecto que ello sea: a mí que no me busquen en esa lista.

viernes, 9 de enero de 2015

De lagos por Italia. Como

Después del plúmbeo día de nuestro recorrido por el lago Maggiore, la nueva excursión prevista era el lago Como, el tercero mayor de los italianos, compuesto por tres brazos con forma de Y invertida: al oeste el de Como, al este el de Lecco y al norte el de Colico. Tiene una longitud de cuarenta y seis kilómetros, una anchura de cuatro y medio y una profundidad máxima de cuatrocientos diez metros.

Siempre suele haber una de cal y otra de arena; en esta ocasión el sol lucía con esplendor cuando, después de partir de Arona, recorridos los setenta y ocho kilómetros que la separan de Como, hicimos la entrada en esta ciudad. No obstante, las nubes seguían agarradas en las crestas de las montañas creando una sutil y azulada neblina que nos impedía distinguir el cromatismo de sus laderas. 

Partiendo de la ciudad que da nombre al lago, tomamos la sinuosa carretera de la margen izquierda que, tras media hora de viaje atravesando pueblos como Cernobio, con su lujoso hotel en la Villa D'Este, y algunas otras poblaciones de la Lombardía, nos situó en Tremezzo, lugar donde se encuentra la famosa villa, primer objetivo de nuestro programa.

Entrada a Villa Carlotta
Villa Carlotta es un emplazamiento de excepcional belleza, en el que conviven en perfecta armonía la naturaleza de sus ubérrimos jardines y las obras de arte atesoradas en una espléndida mansión de finales del siglo XVII, convertida en museo, rodeada por un vergel de estilo italiano con numerosas escalinatas, estatuas y fuentes, ocupando más setenta mil metros cuadrados.

Amor y Psique
Comenzamos nuestra visita de la casa museo por un salón en el que fuimos sorprendidos por una magnífica escultura de Marte y Venus y, a continuación, en otra estancia, por una de Amor y Psique, muy similar a la que ya habíamos visto en el Hermitage de San Petesburgo durante nuestro viaje a Rusia.

Galería superior
Tras el paso por otras salas, subimos a la parte superior donde una hermosa galería daba paso a los diversos salones: el Rojo, el Imperio, el Comedor, el aposento de Carlotta, el estudio de Jorge II, el dormitorio y lo que llaman la sala del tapiz por el que cuelga de una de sus paredes.

Aposento de Carlotta

El comedor
Pudimos admirar el riquísimo mobiliario, su colección de pinturas, sus vajillas y la riqueza de su decoración, amén de unas vistas sobre el lago impresionantes. 

Vista del lago

Salimos para hacer nuestro recorrido por el jardín y fuimos caminando por un paseo de camelias hasta llegar a una ladera con un colorido inigualable en sus macizos de flores emergiendo de un césped de un verde intenso, brillante.


El lago desde el jardín

Más tarde, pasando por el teatro vergel y el jardín rocoso nos situamos junto al pretil de un puentecillo sobre un riachuelo que descendía desde la fronda formando un pequeño valle de helechos con un impresionante arbolado a ambos lados. 

El valle de los helechos

Un descanso en el jardín

Caminamos descubriendo vericuetos entre azaleas, rododendros y más camelias, con rincones sombríos asomados a la lámina azul del lago.


El lago desde un rincón


Abandonamos Villa Carlotta y Tremezzo

Terminada nuestra visita el autocar nos esperaba para llevarnos a Menaggio, el sitio donde teníamos previsto comer; un luminoso restaurante con grandes ventanales que nos ofrecían el espectáculo de un pequeño y bullicioso puerto lacustre, al que nos dirigimos después de los postres, casi sin tiempo para el café.

Menaggio desde el barco

Esta vez cupimos todo el grupo en un sólo barco que dirigió su proa hacia la orilla opuesta en la que una colorida aldea se derramaba desde la montaña hasta el lago. Un pequeño paseo por este pueblo encantador, por sus empinadas callejuelas, contemplando sus casitas de colores avivados por un sol espléndido, sus arcos de piedra y sus calles transmitiendo paz y sosiego.

Varenna

De nuevo a bordo hacia Bellagio, llamada la "perla del lago", ubicada en la estrecha franja de tierra que más se adentra en él, donde se unen los dos brazos de la Y invertida del mismo y sus calles empinadas huyen hacia la montaña.

Una de las calles de Bellagio

Aquí recalamos algo más de tiempo y aprovechamos para disfrutar algunos de unos exquisitos helados y otros de unas refrescantes birras. Estábamos a gusto, mas el tiempo transcurría inexorable.


Paseando por Bellagio

Atravesamos de nuevo el lago mientras los rayos solares se filtraban entre las nubes. Tras un corto tiempo de navegación, desembarcamos en Tremezzo, donde nos esperaba el autobús para continuar nuestro viaje. 

Los rayos solares sobre el lago

Circulando detrás una auto caravana francesa, el tramo de la sinuosa carretera hasta Como se nos hizo interminable. Cuando llegamos a la plaza del Duomo, el atardecer amenazaba con hurtarnos la luz; no obstante, pudimos percibir la belleza de la fachada de la catedral, de un mármol rosáceo, en la que destaca un tímpano precioso con la representación de la adoración de los Reyes Magos. 


Fachada del Duomo de Como

Después dimos un pequeño paseo por sus alrededores hasta que el encendido del alumbrado público nos indicó que era hora de volver al autocar para retornar a Arona.

Un día muy completo en el que el colorido, la temperatura, el arte y el paisaje colmó con creces las expectativas que esta fantástica excursión había despertado en todos nosotros.


Entradas relacionadas:
De lagos por Italia. Garda
De lagos por Italia. Maggiore
De lagos por Italia. D'Orta

martes, 6 de enero de 2015

Noche de Reyes


Abrió la puerta del salón con mucho cuidado para no despertar a sus padres que todavía dormían. Sobre el sofá, vio recostados los regalos que le habían traído aquellos tres señores barbudos que había visto llegar la tarde anterior rodeados de una multitud de pajes acompañando sus carrozas. Descubrió el triciclo y la muñeca casi de inmediato. Sin hacer el menor ruido, fue apartando uno a uno todos los paquetes buscando con impaciencia.

- Aquí está, musitó bajito, Baltasar no me ha fallado, hace ya casi un año que los abuelitos se fueron a aquel viaje del que aun no han vuelto, los papás me dijeron que el autobús se los llevó derechicos al cielo, ese sitio de donde vienen también los Reyes Magos, me parece que esa cajica es lo que le dije en la carta que pidiera a la yaya, la medalla que siempre llevaba puesta, esa tan guay que me gustaba mogollón y no encontraban, me la había prometido muchas veces, me dijo que sería para mí, estoy segura de que es este paquetico.

Continuó rebuscando con obstinación entre los regalos, repasándolos uno a uno con minuciosidad mientras se lamentaba:

- También le pedí la foto que llevaba el yayo en la cartera, esa tan chula que nos hicieron juntos cuando me llevó a despedir a los gigantes el último día de fiestas, pero no la encuentro, igual se le ha olvidado, como lleva tantas cosas en la cabeza... 

Volvió a su habitación en silencio, se metió en la cama y, arrebujándose en las sábanas, trató de coger el sueño de nuevo. Dejó escapar un suspiro al tiempo que susurraba:

- A lo mejor me la trae mañana algún paje rezagado.
Felipe Tajafuerte
2015



(Relato dedicado al amigo Pepe Martínez Navarro, eterno Rey Baltasar de Tudela)


jueves, 1 de enero de 2015

A la gente de buena voluntad



Feliz Año Nuevo
Urte berri on
Feliç Any Nou
Feliz AniNovo
Buena Añada
Feliz Añu Nuevu

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