En la tarde estival,
observando las nubes de algodón,
dejo pasar las horas que diluyen
minutos y segundos
cual azúcar
en taza de café.
Me encanta este sopor
veraniego
¿Y a quién no?
No, ¡por Dios! Me dirán:
Es la ola, la ola de calor.
Sin embargo,
todo
es cuestión de vientos.
De
brisas que estremecen la arboleda,
de céfiros que mecen la hojarasca
y
del cierzo.
Sobre
todo, del cierzo
que
no muestra sus dientes estos días
y apacienta el estío con su sxaña.
Insisto, más, reitero:
Todo
es cuestión del aire,
aire acondicionado, por supuesto.
Felipe Tajafuerte. 2019