jueves, 23 de febrero de 2012

Carnestolendas

Miel Otxin
La tarde-noche estaba húmeda y fría. Aparcamos el coche a la entrada del pueblo. En las cunetas restos de nieve sucia por el tránsito de los vehículos. Me encontraba ansioso por contemplar en su propio escenario el renombrado carnaval de Lantz, población situada a veinticinco kilómetros de Pamplona. 

Arotzak
Avanzamos por una calle hasta acceder a la posada. Un cansino sirimiri, celoso de los personajes carnavalescos, se había unido para participar en la ejecución del malvado bandido Miel Otxin en esa noche del martes de carnaval. 

En la posada, los arotzak, con martillos y tenazas, intentaban poner las herraduras y dominar a los alegres y saltarines zaldikos. Éstos, mitad hombre mitad caballo, recorrían ataviados con sus mejores galas las calles del lugar, derribando al suelo a los gordinflones ziripot, vestidos con  sacos rellenos de hierbas y helechos. Los txatxos, representantes del pueblo de Lantz , oculta la cara, enfundados en pieles de animales y en coloridas y viejas ropas, arremetían contra todo hijo de vecino que se les ponía por delante hostigándolo con los palos y escobas de paja que portaban y con sus gritos chillones.


Txatxo
Miel Otxin, bandido representante de los malos espíritus,  fue capturado el día anterior y su gigantesca figura fue paseada  por la población al son del txistu y tamboril durante los dos días hasta que, llegada la noche,  fue ejecutado en la plaza con dos tiros de escopeta y quemado en la hoguera a cuyo alrededor los txatxos, acompañados de otros participantes, bailaron el zortzico de Lantz, cuya música se remonta al siglo XVIII.

El recuerdo de estos actos, contemplados hace ya cuatro años, en contraposición al desfile presenciado días pasados en nuestra ciudad, me afirman en la aseveración de que las comparaciones siempre son odiosas. Sobre todo para la parte que sale malparada.                 .

A mi entender, el de nuestra ciudad es un carnaval algo anodino y copia un tanto ramplona de la mayoría de los que se celebran actualmente. El chupinazo, el toro de fuego y unos desfiles más o menos vistosos  encaminados principalmente al disfrute de los niños constituyen el centro del espectáculo.

Ziripot
Los jóvenes los han convertido en una fiesta de disfraces,  acompañada de una cena y noche discotequera. Para los que nacimos en la posguerra pasan sin pena ni gloria y el mayor atractivo consiste en ver a nuestros nietos y a algunos más lanzados participar en los desfiles que tienen lugar.


Nuestro popular Cipotero no realiza ninguna de las funciones que según cuentan ejecutaba.  Llevaba máscara y una bolsa o zurrón con chucherías para repartir a los niños y los encorría para pegarles con una especie de pelota que colgaba de un palo. No lo hemos conocido. Recuerdo que mi madre nos solía decir si nos ensuciábamos que nos poníamos como cipoteros. Ahora los cipoteros simplemente tiran el cohete y desfilan.

Hoy día, nuestros carnavales se limitan al fin de semana. Antaño comenzaban el jueves lardero que era el anterior al miércoles de ceniza; seguían viernes, sábado, domingo, lunes y martes de carnaval, miércoles de ceniza y terminaban con el domingo de piñata, primero después del miércoles de ceniza. Los días más celebrados eran el domingo y martes de carnaval. Demasiado para el cuerpo.



El nombre de Carnestolendas creo que quiere decir quitadas las carnes y alude a la prohibición de comer carne durante la cuaresma.  Eran otros tiempos.

Fotos tomadas de la red

jueves, 16 de febrero de 2012

Sirenas


Es la hora. El anhelado y estridente ulular de las alarmas pone punto final a la dura jornada laboral. La salida del trabajo  provoca en su rostro algo parecido a una sonrisa. Atrás quedan los momentos monótonos de la tarea. Hora tras hora, minuto a minuto golpeando, cincelando, esculpiendo graníticas losas que quizá, más adelante, servirán de túmulo al cuerpo del último pescador desaparecido.

Camina ensimismado recorriendo las callejuelas del pueblo hasta llegar, sin apenas darse cuenta, a la puerta enjalbegada de la casa de Nerea, su novia. Cogidos ambos de la mano, recorren los últimos tramos de la calle y se dirigen a los acantilados. Sentados sobre la hierba,  arrobados, contemplan el atardecer, la estela bermeja que perfilan los rayos del sol.

Permanecen expectantes. Va a suceder de un momento a otro. Es la hora bruja en que, desde los escollos, los dorados cuerpos de las sirenas  se zambullen en las aguas gélidas, tal vez a reunirse con los náufragos que han sucumbido a sus cantos seductores.

Felipe Tajafuerte
2012


(Taller de escritura creativa. Otro de mis ejercicios)

lunes, 13 de febrero de 2012

Banu Qasi (2)


Miguel de Cervantes en el Quijote pone en boca del bachiller Sansón Carrasco aquello de “nunca segundas partes fueron buenas”. A mi entender, no es así en este caso. La nueva entrega de la saga de los Banu Qasi,  La guerra de Al Ándalus, no ha decepcionado las expectativas auspiciadas durante la presentación de la obra realizada por Carlos Aurensanz a la que asistí allá por el mes de noviembre.

Los diversos escenarios hispánicos como León, Pamplona, Huesca, Monzón, Tudela, Zaragoza, Toledo,  Sevilla, Córdoba, Bobastro etc. se encuentran perfectamente enlazados en las escenas de esta historia en la que los descendientes de Musa ibn Musa vuelven a las andadas en sus continuas revueltas. No obstante, la marca superior cede el protagonismo  al incipiente reino de Pamplona, a la nueva corte de León con Alfonso III y, sobre todo, a la Córdoba de los Omeyas con los levantamientos del rebelde Umar ibn Hafsún refugiado en el “nido de águilas” de Bobastro.

El relato se sigue con fruición a pesar de la dificultad que entraña el parecido de los nombres de los protagonistas árabes o muladíes. Ayuda a paliar este inconveniente el inicial Dramatis personae así como el árbol genealógico de los Banu Qasi y los Arista. Dispone además de una ayuda adicional al final del volumen constituida por un Glosario y un Glosario toponímico. De la fidelidad a los hechos históricos observada por Aurensanz da cuenta la abundante bibliografía que se incluye justo antes de los agradecimientos.

Los adeptos a la novela histórica disfrutarán con la narración de estos acontecimientos situados en la España del siglo IX, tan exiguamente examinados en la literatura del género.

El libro llega a su fin con la trágica muerte de Muhammad ibn Lubb en el largo el asedio de Saraqusta (Zaragoza) que hace exclamar amargamente a Sahra su esposa:
¡Sin cabeza me lo entregaron! ¿Lo oyes, Lubb? ¡Sin cabeza! ¡Hasta de eso me privaron, de la posibilidad de despedirme de él mirando su rostro por última vez!  

Finaliza la novela con la promesa que, ante la tumba de su padre, hace Lubb ibn Muhammad junto a sus hermanos:

Estamos todos aquí, padre… todos tus hijos juntos. Y juramos sobre tu tumba… que tu muerte será vengada, y que no cederemos en nuestro empeño hasta culminar tu tarea.

Parece ser el anuncio que hace el autor de una tercera entrega de Banu Qasi, serie dedicada a los descendientes del conde Casio y del gran Musa ibn Musa, rey del Ebro. 

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miércoles, 8 de febrero de 2012

La primera vez


Ocurrió en un 127 blanco adquirido esa misma mañana. Con ella a su lado, acariciaba con la vista la rugosa e incitante tapicería granate. Sentado ante el volante, sus manos trémulas, un tanto sudorosas, lo asían con ansiedad. Inquieto, con los nervios a flor de piel, percibió la invitación en sus ojos glaucos. Imbuido de un deseo irrefrenable, no desdeñó los labios que se le ofrecían. Después de besarla, intuyendo que era el momento idóneo para estrenarse, se decidió y ..., con una sonrisa nerviosa, giró la llave del encendido. El motor respondió de inmediato con un alegre ronroneo.

Por primera vez manejaba un vehículo tras la obtención del permiso de conducir.


Felipe Tajafuerte
 2012


(Mi primer ejercicio en el Taller de escritura creativa) 

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