miércoles, 7 de diciembre de 2016

En los dominios de Drácula


Tras unos días de viaje, entramos en Transilvania por el impresionante desfiladero de Bicaz, entre ingentes rocas que vigilaban nuestro paso, en dirección de Tirgu Mures, lugar donde hicimos noche. De allí, por la mañana, después de la costumbrada visita para conocer la ciudad, partimos hacia Brasov. En la cercana Sighisoara hicimos un alto en el camino para pasar unas horas en el lugar donde nació y residió Vlad Dracul, conocido como Vlad el Empalador (Vlad Tepes en rumano).

Calle de Sighisoara
Quedé subyugado por esta encantadora villa medieval. Ascendimos a la ciudadela y, penetrando bajo el arco de la Torre del Reloj, hicimos un recorrido por ese entorno maravilloso con tranquilidad, disfrutado cada instante.


Torre del reloj en Sighisoara
Junto al ayuntamiento, nos topamos con un busto del personaje más relevante de la ciudad, Vlad Tepes, un gran luchador en contra del expansionismo otomano que amenazaba a su país y al resto de Europa, y que también fue famoso por su manera bárbara forma de castigar a los enemigos y traidores. Actualmente es considerado un héroe nacional.

Vlad Tepes 
En una de las terrazas de la acogedora placita de la ciudadela, rodeados de casas con un colorido sorprendente, nos sentamos para saborear un buen Feteasca Alba, un vino blanco muy apreciado con un excelente sabor afrutado.

En esta casa vivió entre 1431-1435 el príncipe rumano Vlad Dracul, hijo de Mircea el Viejo

Poco después fuimos a comer en otro lugar emblemático, en el restaurante que dicen fue la casa donde vivió Vlad Dracul, figura en la que se basó Bram Stoker para crear el novelesco personaje de Drácula, con el que poco tiene que ver. Tuvimos tiempo suficiente para recorrer las pintorescas callejuelas y sumergirnos en su ambiente medieval. Después de una estancia sumamente agradable nos encaminamos hacia Brasov.

Vista del casco histórico de Brasov
Llegamos a una buena hora para darnos una vuelta y ver exterior de la Iglesia Negra. Continuamos el paseo por la plaza Sfatului, donde se encuentra el ayuntamiento viejo, y deambulamos expectantes por la comercial y turística calle Republicii, en la que pululan las señoras en busca de los productos milagrosos de la doctora Aslan. A estos dos sitios volveríamos después de cenar para tomarnos unas copas en Festival 39, una cervecería-cafetería-restaurante con el ambiente placentero de un café de los años treinta.

Ambiente de la calle Republicii de Brasov
La mañana siguiente pusimos rumbo a Bran para conocer su famoso castillo. En la población reinaba el caos habitual de un lugar turístico multitudinario. Puestos de todas clases, unos con productos típicos, especialmente quesos, y otros con una abigarrada multitud de objetos diversos marcados con la efigie del vampiro Drácula o de Vlad el Empalador. Camisetas, gorras, tazas, bolígrafos, libretas, máscaras etc. Por supuesto, caímos en la tentación y adquirimos alguna cosilla para los nietos, además del consiguiente dedal para incrementar la colección. También probamos, para acompañar a unas pastas, un vino dulce muy caliente. Estaba bueno y nos templó el cuerpo.

Castillop de Bran
En realidad, en esta fortaleza, que emerge de una roca y que nunca cumplió su misión defensiva de frontera entre Valaquia y Transilvania, jamás estuvo el conde Drácula. Pero, cosas de la literatura de ficción, Abraham (Bram) Stoker utilizó su imagen para situar en él a su también ficticio personaje de Drácula, cuyo parecido con Vlad Tepes es pura coincidencia.

El parque del castillo
Al castillo, rodeado de un bonito parque, se accede por una corta pero empinada cuesta en la falda de la montaña. La roca donde se asienta la fortaleza está unida a esta montaña por una especie de istmo, en el que se encuentra la entrada. Fue residencia real y por tanto reformado, aunque sin perder su aspecto de fortaleza.


Uno de los dormitorios
El interior, que nunca fue tétrico, está lleno de muebles y objetos históricos sin relación alguna con el vampiro. Dado que era por la mañana y el sol, aunque tímidamente, estaba presente, no pudimos ver a la celebridad objeto de tanta expectación. Estaría durmiendo su siesta diurna, dentro de su féretro, en alguna galería perdida del castillo.


Otra de las habitaciones
Presumiblemente, Bram Stoker ideó el carácter del conde Drácula basándose en aspectos del personaje real de Vlad Dracul, y usó Bran como modelo para describir el castillo de este vampiro.


Patio del castillo


Desde una galería del castillo
Su imagen ha sido utilizada en múltiples ocasiones por el cine y es conocido como «Castillo de Drácula», pero los propietarios actuales y las autoridades insisten en rechazar el mito de Drácula, y prohíben explotar el castillo como parque temático sobre este personaje. No obstante, la economía local, como entra dentro de la lógica crematística, ha aprovechado las circunstancias para impulsar el turismo.


Iglesia Negra de Brasov
Por la tarde, retornamos a Brasov y, para conocer mejor la población, hicimos un recorrido por los lugares más importantes de uno de los centros económicos de Transilvania que vive del turismo rural y de montaña. Una ciudad medieval preciosa arropada por los Cárpatos, con bosques que lamen sus extrarradios. 

Fortaleza de Brasov
Más tarde, asistimos a un concierto de cinco órganos en el interior de la Iglesia Negra. Dicho sea de paso, la música que se interpretó allí me resultó un tanto extraña.  Después de cenar, nos encaminamos de nuevo en la cervecería Festival 39, que tanto nos había gustado la noche anterior, y nos aposentamos cómodamente para degustar unos chupitos de tiuca, el aguardiente de ciruelas típico del país.

Naturalmente, como no podía ser de otra manera, el libro que he leído, después de este viaje por Rumanía, es la dichosa novela Drácula, de Bram Stoker.


10 comentarios:

  1. Leyendote he recordado el viaje que nosotros hicimos por esas tierras hace años y que tan olvidado lo tengo .

    Un abrazo

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    1. Yo lo tenía pendiente y ya lo he cumplido. Abrazos

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  2. Sencillamente alucinante Felipe.

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    1. Una parte del viaje muy interesante, pero hubo más.

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  3. Qué viaje tan interesante y qué bien nos lo cuentas, Felipe. Tienes una forma de narrar que merecerías ser nombrado cronista de Tudela.

    Un fuerte abrazo.

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    1. Tengo intención de mostrar alguna cosilla más de este viaje que creo puede interesar también. Abrazos

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  4. Lograste hacer que yo diera un paseo encantador. Palabras e imágenes en buen acuerdo.
    Abrazos.

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    1. Pues eso me produce una gran satisfacción. Un abrazo

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  5. Un viaje fascinante que, supongo, realizaría con una ristra de ajos y un crucifijo próximo a usted en todo momento, por si acaso.
    Un saludo.

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    1. Y una petaca con agua bendita que, ¡oh milagro!, se convirtió en orujo de Monforte de Lemos. Saludos

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Tu comentario es bien recibido aunque sea anónimo. Muchas gracias por tu atención.

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