sábado, 9 de abril de 2016

Un día diferente


Se había preparado cuidadosamente pero, al ser un tipo de excursión que nunca habíamos realizado, manteníamos cierta reserva sobre el resultado de esta nueva experiencia. Salir a las ocho y media tampoco es madrugar en exceso, las nubes amagaron mañana y tarde , más no pasaron de ahí; sin embargo el viento, nuestro familiar cierzo, continuó haciendo acto de presencia durante todo el día.

Javier, uno de los dueños de Hípica Zahorí, nos vino a recoger a la entrada de Falces y, siguiendo su estela, llegamos a la finca. A un tiro de piedra el pueblo, en un promontorio la ermita del Salvador del Mundo y muy cercano el barranco por donde discurre el famoso encierro del pilón.

ermita del Salvador del Mundo
Un breve descanso para reponer fuerzas y otras necesidades perentorias y de nuevo al autobús, gozando esta vez de su compañía como cicerone, con el fin de cumplir con nuestro primer hito del día: la visita a Bodegas Inurrieta. El Arga, río que junto al Ega y Aragón hacen al Ebro varón, dibujaba meandros en los terrenos donde se estaba trabajando para la concentración de regadíos del nuevo Canal de Navarra, mientras Javier desgranaba su explicaciones. A derecha e izquierda, en el llano del valle y en las laderas, las vides de Inurrieta nos mostraban sus bien cuidadas hileras de cepas.

Bodegas Inurrieta
Nos recibe Antonio, uno de los propietarios, para guiarnos por las instalaciones. Antes de comenzar ésta, nos puso al corriente del proyecto y la filosofía de Inurrieta. Sólo producen caldos de sus propios viñedos y con sus propios medios, sin ingerencias externas. La tierra dedicada a la vid alcanza las doscientas cuarenta hectáreas, con seis variedades: Sauvignon Blanca, setenta y cinco hectáreas, y las ciento sesenta y cinco restantes conformadas por Merlot, Cabernet Sauvignon, Garnacha, Graciano y Syrah. Las paredes del habitáculo donde nos hallamos se encontraban llenas de diplomas excepto los ventanales por los que divisábamos las plantaciones en las laderas del monte cercano.

Sala de barricas bordelesas

Comenzamos la visita y quedamos sorprendidos por la resplandeciente limpieza de todos y cada uno de los lugares por los que íbamos pasando. Las barricas bordelesas, los depósitos de acero inoxidable, las máquinas de todas clases, los pasillos, escaleras, paredes, techos... todo estaba impoluto. Más parecía un laboratorio que una bodega. Me recordó la fábrica de Chocolates Valor que recorrí algunos años en Villajoyosa.

Sala de depósitos de acero inoxidable

Después de haber fisgoneado la bodega, pasamos a la parte práctica, a la degustación. Bien acomodados, confortablemente sentados ante unas mesas bien provistas de chorizo, salchichón y quesos y las correspondientes botellas de blanco, tinto y rosado para acompañar tan ricas viandas. Pasamos un ratico entretenidos en esos menesteres de tal manera que dimos fin a todo, más que nada por no hacer un desaire. Tan satisfechos salimos y tanto nos gustaron los caldos, que todos compramos algunas botellas.

Las vacas bravas se nos acercan
Con un poco de retraso volvimos a la Hípica Zahorí. En primer lugar, un caballista nos acercó las vacas bravas, mientras permanecíamos silenciosos para no espantarlas.

Javier en su espectáculo
Más tarde, Javier nos mostró los caballos, pasando seguidamente a la arena donde pudimos presenciar su espectáculo de doma de los mismos.

Con otro de sus caballos
Algo más de una hora estuvimos disfrutando de las evoluciones y carreras de unos animales verdaderamente preciosos.

Otro de los números
No nos cansábamos, pero la hora se nos echaba encima. Mientras la mayoría se encaminaban al autocar, unos pocos pudimos dar un corto paseo en una calesa a un trotecillo retozón. 

Eran las tres y cuarto cuando entrábamos en el comedor de restaurante de Calahorra. Bien comidos y bebidos, nos trasladamos hasta la plaza de la catedral, situada en la parte baja de la ciudad, junto al río Cidacos. Allí nos estaba esperando nuestra guía para mostrarnos sus encantos, los de la catedral, digo.

Catedral de Calahorra
La fachada principal es de estilo barroco la parte inferior y la superior renacentista. En la fábrica del interior se alternan también dos estilos, el gótico y el renacentista. Me llamaron la atención una pila bautismal gótica y la sillería del coro plateresca. Hay numerosas capillas de un barroco casi insultante, entre ellas la de Santa Ana de la que me traje la fotografía de su titular para mi colección. 

Retablo mayor
A continuación dimos un paseo por una judería sin pena ni gloria, dejando atrás el palacio arzobispal. En el casco antiguo de esta ciudad no vi ningún edificio digno de mención. Por destacar algo,  la llamada casa de los curas, hoy sala de exposiciones; en la plaza, la iglesia de Santiago, y pare usted de contar.

Casa de los curas
Aun tuvimos un poco de tiempo libre para conocer alguna cafetería calagurritana. Por no irnos a casa sin comprobar los precios.   

5 comentarios:

  1. La explicacioion es tan buena, que me parece vivir la excursion, gracias Felipe, asi siento un poco menos habermela perdido

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    1. Bueno, por esta vez pase, pero no faltes muchos días.

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  2. Tus entradas no se actualizan en mi blog, pensé que estarías de vacaciones y hoy te he encontrado por casualidad. Nos cuentas otro de esos bonitos días que pasáis, y hoy me traen recuerdos, algunos lugares los conozco. Te dejo un enlace de vídeo por si quieres verlo: https://www.youtube.com/watch?v=mubHEIy1iow.
    Y un abrazo

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    1. No sé lo que pasa con blogger. A mi de vez en cuando me desaparece alguno del la sidebar y cuando me doy cuenta vuelvo a introducirlo.

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  3. La particularidad de tus viajes, Felipe, es que los explicas de un modo en que tus lectores parecemos hacerlos contigo.Incluso el sabor de las comidas nos quedan a flor de boca.

    Saludo austral.

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Tu comentario es bien recibido aunque sea anónimo. Muchas gracias por tu atención.

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