jueves, 16 de julio de 2015

Ágreda, tres culturas

No había despertado mucho interés esta excursión, programada para el mes de julio, entre los socios de Albea, quizás debido a la proximidad de Ágreda de nuestra ciudad y el conocimiento, más bien escaso, que todos teníamos de esta población soriana. A mí, sin embargo, me apetecía recorrer las calles que de niño visité en una romería de la Virgen de los Milagros. Posteriormente, en todos mis viajes hacia Madrid, siempre había pasado de largo por lo que mis recuerdos se habían instalado en la nebulosa de los tiempos.

Por el Paseo de Invierno, dejando a nuestra derecha el encauzado Queiles, Cailes o Val, de las tres formas se le nombra, pasando bajo la bóveda sobre la que se halla el jardín barroco de los Marqueses de Paredes, llegamos la Plaza Mayor donde nos esperaba nuestra guía local junto al Ayuntamiento, situado en un palacio renacentista del siglo XVI, desde el que íbamos a iniciar un pequeño recorrido por los lugares más interesantes  de la villa.

Ayuntamiento

Dejando a nuestra izquierda el arco de Santo Domingo, llegamos a un edificio con una especie de ábside pétreo de tambor, lugar donde existió una iglesia del siglo XII edificada sobre la antigua Sinagoga y que hoy día ocupa un bar homónimo. Continuamos descendiendo la calle hasta llegar al Arco de Felipe II, puerta almenada junto al Palacio de los Castejones, que da acceso al barrio árabe.

Arco de Felipe II
Proseguimos por ésta hasta llegar a otro lienzo mayor de murallas. Sobre éstas el Centro de Interpretación.

Murallas y Centro de Interpretación
Es un sitio muy agradable en el que se ubica un mirador con hermosas vistas sobre un barranco donde, entre huertas muy bien cuidadas, en las que se cultiva el apreciado cardo rojo agredano, se encuentra la Fuente Árabe; un paisaje de terrazas y cipreses que le dan un cierto aire granadino y, frente a nosotros, los picos del Moncayo de donde Hércules expulsó a Caco, que se refugió en esta villa antes de marchar a Italia.

Huertas y Moncayo al fondo
Aquí se encuentra también el precioso Arco Emiral, de herradura al exterior y de cañón al interior.

Arco Emiral
Atravesando unas calles sin más interés que su estrechez, llegamos a la Ermita del Barrio o de Ntra. Sra. de los Desamparados, edificada en la muralla sobre la casa del zapatero morisco Juan Medrano, uno de los personajes más notorios de la historia popular. Junto a este templo se encuentra la Puerta del Agua, con arco de herradura, que daba acceso a la alcazaba y donde se hallaba un aljibe. Desde aquí divisamos el torreón de la Muela, del que no convence mucho la extraña forma de su reconstrucción.

Puerta del Agua
Llegamos al Palacio de los Castejón, un magnífico edificio herreriano, construido sobre el desnivel del barranco natural que separaba el recinto amurallado del barrio de San Miguel y la morería. Dos torres cuadradas con galerías de arcos mudéjares le añaden majestuosidad. Penetramos por un puerta flanqueada por dos pilastras estriadas sobre basamentos con capiteles jónicos, sobre la que vuela un balcón de forja con un frontón partido que ostenta el escudo del linaje de los Castejón. Nos encontramos con el Patio de Columnas, de dos alturas, la primera con arquerías y la segunda adintelada a la que se accede por una escalera cubierta por una cúpula de estilo florentino. Del patio pasamos al bello jardín renacentista, muy bien cuidado, que da paso a otro barroco, desde los que tenemos una vista del ábside de la Iglesia de San Miguel, cuya visita vamos a iniciar.

San Miguel desde el jardín de los Castejones
Es un templo gótico, que posee una hermosa torre románica almenada y tiene una sola nave, cuenta con un retablo plateresco del siglo XVI y un sepulcro en alabastro policromado. De él me llevo tres fotografías distintas de Santa Ana para incrementar mi colección.

Nuestra Señora de la Peña
Por la puerta de Pilares, dejando a la izquierda el Torreón del Tirador y la Puerta de Almazán, alcanzamos la iglesia más antigua del pueblo, la de Nuestra Señora de la Peña, actualmente Museo de Arte Sacro, en la que contrajo matrimonio Jaime I El Conquistador con doña Leonor de Castilla. Llama la atención su portada de acceso, románica, con cuatro arquivoltas decoradas. Muy curioso su interior con planta de dos naves de desigual anchura, divididas por un gran pilar rectangular. En uno de los dos altares mayores hay un gran fresco de la Inmaculada Concepción a cuyos pies se encuentran las imágenes de San Joaquín y Santa Ana, que me apresuré a fotografiar. El museo recoge diversas obras artísticas de los siglos XIII al XVIII, entre ellas destaco, por razones muy particulares, parte del coro de madera policromada perteneciente a la iglesia del desaparecido despoblado de Masegoso.

Basílica de Nuestra Señora de los Milagros
Finalizada la visita guiada en la Plaza Mayor, antes de disfrutar de una refrescante cerveza, algunos nos acercamos a la basílica de Nuestra Señora de los Milagros. Poco recordaba de su interior salvo la figura del zapatero Juan Medrano que se convirtió al ver que la imagen de la Virgen giraba su cabeza hacia él porque se encontraba trabajando durante la procesión del Corpus.

Paseo de la Dehesa
Después de la comida, en la que pudimos degustar un sabroso plato del afamado bacalao de Ágreda, hicimos un recorrido por el agradable Paseo de la Dehesa. Bebí unos sorbos del agua sulfurosa de la fuente, pareciéndome que tiene menos sabor y olor que antaño. De niños siempre magnificamos las cosas. Busqué con la vista la estación de ferrocarril de la desaparecida línea Castejón-Madrid, a la que arribé en mi niñez, procedente de Cintruénigo, para asistir a la romería de la Virgen de los Milagros, romería que gozaba y goza de un gran predicamento entre los pueblos de Soria y los vecinos de Aragón, Navarra y La Rioja. Un nuevo refrigerio a base de zumo de cebada fermentado nos dejó listos para afrontar el resto de la jornada.  

Fuente de agua sulfurosa
El Queiles, Cailes o Val que nace en Ólvega, se oculta como el Guadiana y reaparece en esta dehesa, en el paraje denominado de Los Ojillos, regando las huertas de Ágreda. Más tarde, en la zona de Los Fayos, se une al Queiles nacido en Vozmediano, en un manantial con el segundo mayor flujo de Europa y, después de pasar por ciudades como Tarazona y Cascante, tras recorrer cuarenta y cinco kilómetros, vierte sus aguas al Ebro en Tudela. Algunos aseguran que el Queiles es un río bicéfalo, con dos cabeceras.  

Los Ojillos
Ágreda, como otros muchos lugares a lo largo y ancho de nuestra piel de toro, entre ellos Tudela, se configura como villa de las tres culturas: árabe, judía y cristiana, que convivieron durante varios siglos de forma más o menos pacífica y dejaron un legado que nosotros hemos podido disfrutar en una excursión que cumplió con creces las expectativas que había despertado.







    

10 comentarios:

  1. No conocía este lugar así que me ha encantado el recorrido que nos has presentado.
    Un abrazo!

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    1. Muchos lugares desconocidos de España tienen historia y mucho encantos. Un fuerte abrazo

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  2. Sin conocerla, viendo tus comentarios y fotografías me entran ganas de coger el coche y lanzarme a verla.

    Saludos

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    1. Es la encrucijada de tres antiguos reinos: Castilla, Aragón y Navarra. Un pueblo de apenas tres mil habitantes con mucha historia y patrimonio monumental. ¡Anímate! Un saludo

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  3. Como el recorrido me ha parecido muy interesante, me he situado junto al guía para no perderme detalle.
    Saludos

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    1. Eso es ser un alumno aventajado. Una "ruciadica" de cierzo no nos vendría mal, ¿eh, vecino? Saludos calenticos.

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  4. Qué bonito paseo nos ha dado por esta población, cuya hija más famosa, María Coronel, la monja Sor María Jesús Agreda,mantuvo durante más de veinte años correspondencia desde su convento con el rey Felipe IV. Un lugar lleno de historia. y curiosidades como esa singular fuente de agua sulfurosa.
    Un abrazo.

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    1. También nos hablaron y contaron la historia de "la venerable" Sor María Jesús.

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  5. ¡Y eso, Felipe, que el recorrido no había despertado mayor entusiasmo!

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    1. Es que se trata de una población muy cercana a Tudela y, ya se sabe: en casa del herrero, badil de palo. Abrazo

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