lunes, 4 de mayo de 2015

El domador


Anselmo, natural de Villacerca del Matojo, siempre había anhelado ser un gran domador circense. Quiso probar con leones, con tigres, con focas o con elefantes; mas, ante la inexistencia de esos animales en los alrededores, lo intentó con perros y gatos, fieras mucho más cercanas. Pronto se percató de que ni canes ni mininos estaban por la labor; acabó lleno de arañazos y con algún que otro mordisco.
Recordó a Chaplin en Candilejas y tuvo una idea genial: amaestrar pulgas, especie muy abundante en el lugar. Puso manos a la obra y convocó un casting de estos parásitos. Los insectos elegidos aprendieron con rapidez los números que exigía: piruetas, juegos de magia, malabares... y otros que asombraron a cuantos vieron sus progresos. Cambió su nombre por el del primo Antonio, emigrante en Francia, al que todos llamaban Antuán.
Su fama se extendió como el humo de las hogueras y, al fin, fue contratado por el Circo Mundial, haciendo realidad sus sueños.  Durante una de sus actuaciones, las pulgas se enamoraron de una linda gatita de Angora que presenciaba el espectáculo, dieron un triple salto mortal y se perdieron en sus mechones algodonados.
Desde entonces, el Gran Antuán, actúa en solitario como si todavía estuvieran presentes… ¡Y el público sigue aplaudiendo!


Felipe Tajafuerte
2014

14 comentarios:

  1. Tierno y bonito relato. Besicos.

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  2. Un cuento para adultos y niños, entrañable y sentimental. Un abrazo

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  3. Buen y divertido relato amigo Felipe, gracias por traernos una sonrisa
    SAlud

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  4. Felipe, domador de palabras.

    Un abrazo.

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  5. Ay, no hay fidelidad que cien años dure.
    Un saludo.

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    1. Ya se sabe: la donna è mobile qual piuma al vento. Saludos

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  6. Entre la realidad y ficción no hay mucha distancia. Buen cuento y el personaje es entrañable. Un abrazo

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    1. Gracias Katy, me alegra que los hayas encontrado entrañable. Abrazos

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  7. ¿Y no le dio desde ese momento en convertirse en domador...de gatos? jajaja. Buen relato, Felipe.

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