lunes, 26 de mayo de 2014

En las Tablas de Daimiel

Salimos pronto, después del desayuno matinal. Poco a poco el paisaje fue trocando el verde de los cereales, salpicado del tono rojizo de las parcelas labradas, por los más que incipientes brotes de las vides, tanto de vaso como de espaldera, en la comarca de Tomelloso. Nuestro autobús siguió rodando por la A-43, atravesando la provincia de Ciudad Real. Dejamos atrás las poblaciones de Manzanares y Daimiel. Por el camino, nos deleitamos al contemplar la bella alfombra que, con un insultante bermellón,  habían tejido los ababoles. En la lejanía las formaciones difusas de los Montes de Toledo cabalgaban sobre el horizonte. Eran las diez y media de la mañana cuando entramos en el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel. Bajamos del autocar y nos encaminamos para hacer nuestro recorrido.

Los tarayes a ambos lados de la senda
El humedal,  situado a caballo entre los términos municipales de Daimiel y Villarrubia de los Ojos, está formado por las inundaciones del río Guadiana, que vuelve a aparecer tras su desaparición poco después del embalse de Peñarroya, y las aguas salobres del río Cigüela. La escasez de pendientes favorece la retención y el estancamiento de estas aguas, originando varias islas y conformando un paraje de gran belleza y alto valor ecológico donde conviven aves y plantas en singular armonía.

Una vista del parque
A pesar de los problemas que acechan al parque, en esta época se encuentra con un nivel freático más que aceptable, dando la impresión de haber superado la degradación temida durante algún tiempo. Iniciamos nuestra visita por una pista, bajo la sombra de los tarayes plateados, tamarices los llamamos en Tudela, hacia la laguna de aclimatación. Penetramos en el observatorio de madera y, a través de sus ventanas, contemplamos unos patos que nos obsequiaron con sus inmersiones.


En la laguna de aclimatación
A partir de aquí comenzamos el verdadero recorrido por la ruta de la Isla del Pan. Por unas pasarelas muy acordes con el lugar, fuimos saltando de isla en isla. Vimos agua por todas partes, un agua oscura, delimitada por masiegas, eneas, carrizos y juncos; produciendo unos reflejos increíbles de toda esta flora con los azules algodonados del cielo.  Espejos que hicieron que mi entusiasmo por la fotografía se desbordase sin saber a donde acudir.


Un mundo de reflejos

Agua, vegetación, cielo
Nos detuvimos unos instantes en la casita de los pescadores y continuamos por una senda, a cuyos lados crecían las amapolas de flores carmesíes y los cardos, todavía sin flor, hasta llegar al observatorio de la Isla del Pan.


Fauna y flora
Desde aquí se puede contemplar la panorámica completa del parque, la vegetación exuberante de las islas y los meandros que dibuja el Guadiana. Proseguimos en dirección al bosque de tarayes. El sonido amortiguado de nuestros pasos sobre la madera de las pasarelas, se abría camino entre los trinos incesantes de los pájaros.


Nos acompaña el trino de este ejemplar
Penetramos en el bosquecillo. A ambos lados de la senda sinuosa los troncos perfilan formas caprichosas alternando el verde de las finísimas hojas con el amarillo crema de los racimos de sus flores.


En el bosque de tarayes
A la salida, más agua, más pasarelas, más islas. En una de ellas, las aves habían puesto a secar los pañuelos blancos de sus alas en las ramas secas de los arbustos.


Las aves en la isla cercana
En el agua los ánades rompían con sus estelas los espejos verdiazules de la laguna.


Un ánade marca su camino 

Los troncos hundían sus extremidades con formas oblicuas buscando el tesoro de sus recuerdos en el fondo.


Reflejos
Los aficionados a la fotografía nos fuimos quedando rezagados y, cuando finalizamos el recorrido circular que se nos había propuesto, nuestros compañeros estaban a punto de subir a autobús.


y más reflejos

El paseo, de unos dos kilómetros, con una duración de algo más de hora y media, se me hizo corto, sin apenas darme cuenta de que el tiempo transcurría inexorablemente. 


Como en un espejo
Dado que en el recito del parque no hay ningún establecimiento de hostelería donde pudiéramos tomar unas cervezas, pretendimos hacer una parada en el restaurante existente a la entrada del mismo, pero se encontraba cerrado. Un poco más adelante vimos otro, cuyo letrero indicaba que estaba abierto. Juani, nuestra guía, nos informó que nunca había parado en él y desconocía cómo era. Descendió para informarse, permaneciendo nosotros en el autocar. Cuando volvió, la perplejidad se dibujó en su rostro al confesarnos:
- Nunca me había sucedido esto; uso palabras textuales: "no os voy a atender porque para lo que voy a ganar... además estoy sólo". 
Nuestro asombro no tuvo límites al darnos cuenta de que, en los tiempos que corren, todavía queda alguien sin las suficientes ganas de trabajar si todo un autobús se detiene ante su puerta, cuando otros muchos lo están suspirando. El restaurante en cuestión responde al apelativo de Los Pinos y, posiblemente sus dueños sean de aquellos que se quejan de la situación de crisis del país. 


Mi última foto del parque
Facilito su nombre para que si alguien tiene la tentación de entrar en él, sepa a qué atenerse. Parece ser cierto el dicho de que Dios da pañuelo a quien no tiene mocos. Quienes ganaron fueron los establecimientos de Ruidera, población cercana a Ossa de Montiel, donde paramos para tomarnos el aperitivo. 


32 comentarios:

  1. Vamos, que seguramente nos hemos cruzado en una de esas pasarelas y ni nos hemos conocido, estuve por ahí el fin de semana.

    Saludos

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    1. No, Emilio, yo estuve allí a primeros de mes, concretamente el día siete. Si nos hubiésemos cruzado en alguna pasarela,posiblemente nos habríamos reconocido. Un cordial saludo.

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  2. Al leerte veo que han conseguido recuperarlas y eso me supone una gran alegría, las he visto secas tantas veces que deje de ir.

    Un abrazo

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    1. Parece ser que, a partir de 2010, la situación ha mejorado mucho y el nivel del acuífero en esas fechas subió unos veinte metros. Esperemos que esta mejoría continúe. Abrazos

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  3. Las Tablas se ven perfectas, después de unos años con problemillas, es una maravilla las fotos que aportas, y si no te importa me llevo la amapola. El comentario del mesero tiene miga, pero se la comerá el solito. Un abrazo

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    1. Estaban muy bien, la verdad sea dicha. La foto de la amapola te la puedes llevar, aunque no está muy bien encuadrada. El restaurante podía haber salvado la mañana porque no había nadie más que nosotros, pero hay quien se agobia para trabajar un poco. Abrazos

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  4. Las fotos son realmente preciosas, me encantaría que las mías hechas en una ciudad europea, que empezaré a hacer pasado mañana salieran tan bien.
    Saludos.

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    1. Seguro que si, Emilio. Que disfrutes del viaje. Un abrazo

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  5. Un lugar en el que he estado varias veces. Con mis hijos y con mis nietos después. Buen post . Creo que ha mejorado bastante desde la primera vez que la visité.
    Un abrazo

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    1. Parece que ya se han superado los problemas de los años anteriores, sobre todo los del año 2009 cuando empezaron a arder las turbas del subsuelo. Abrazos

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  6. Describes tan bien las sensaciones de vuestro paseo por Las Tablas, que me ha hecho revivir momentos inolvidables. Mi marido es de Daimiel.
    Lamento que el camarero no tuviera gana de trabajar. El se lo perdió…
    Un abrazo, y saludo de Jesús.

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    1. Parece mentira que en estos tiempos alguien rechace trabajar un poco, pero así fue. Me alegro de que mi entrada te haya suscitado buenos recuerdos. Abrazos

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  7. Ya se me ha hecho una costumbre pensar que iré a la página de Felipe para viajar un poco por España. No me arrepiento. Lindas imágenes y como siempre, atrayente relato.


    Saludos.

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    1. A mí me parece una buena costumbre, pero ¿qué voy a decir yo? Gracias Esteban por tus visitas. Un muy cordial saludo

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  8. Hola Felipe.Me extreno en tu blog.No conozco las tablas pero con tu descripción ya me has picado.!Enhorabuena por tu trabajo!

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    1. Gracias, Teresa, por tu visita. Me alegra haber suscitado tu interés porque creo que las Tablas de Daimiel merecen una visita. Un cordial saludo

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  9. Que reportaje más bonito. Envidia me dais y siento mucha nostalgia porque os imagino a los juntos. Siempre leo tus entrabas busco la chispa y esta vez el que soltó el fogonazo fue el mesonero ... que risa !!

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    1. Seguiremos así mientras el cuerpo aguante. De vez en cuando, surge alguien que da la nota discordante, pero tampoco hay que amargarse, se le da la vuelta y ya está. Besos

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  10. Amigo Felipe, que bien lo pasasteis, os felicito, las fotos son muy bonitas, estas tablas las he visto con bastante menos agua que hoy, me alegra verlas como están,
    Un abrazo

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    1. Es una gozada que se hayan recuperado. Abrazos

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  11. No he estado nunca en las Tablas de Daimiel, pero me han entrado unas ganas...!
    Las fotografías, como siempre, una gozada, una maravilla, de verdad. GRACIAS por compartir con nosotros !
    No me extraña que no supieras hacia dónde dirigir tu objetivo para "disparar", todo es tan hermoso!

    Y lo del bar, no tiene nombre!

    Un abrazo!
    ;)

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    1. Hace unos años daba pena verlas pero hoy tan recuperadas es una delicia pasear por este humedal. Hay algunos a lo que eso de trabajar no les va mucho. Abrazos

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  12. Y pensar que he llorado cuando en Las Tablas ardía la tierra de seca que estaba. ¡Qué alegría más grande!
    Este viaje que he hecho contigo me está alegrando el día.
    Como siempre muchas gracias Felipe.

    Saludos desde Chipiona

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    1. No llegué a verlas en la situación que dices, aunque lo he leído y me han contado. Ahora da gusto verlas y recorrerlas. Un cordial saludo.

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  13. Comprendo tu emoción con la cámara y tu disgusto e indignación con el bar.
    Un saludo.

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    1. Una de cal y otra de arena, aunque lo del bar se suplió perfectamente en Ruidera con unas cañas y unas tapas de pipirrana que nos quitaron el mal sabor de boca. Saludos

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  14. Quien las ha visto y quién las ve, era deprímete cuando estaban secas por la gran proliferación de pozos que extraían agua para unos regadíos imposibles, esperemos que se mantengan esplendorosas, como nos muestra en tus fotos, durante mucho tiempo.
    Un abrazo.

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    1. Durante la segunda mitad del siglo XX se hicieron en la zona tal cúmulo de despopósitos que hicieron que las tablas entraran en el proceso de su desaparición. Afortunadamente parece ser que en estos últimos años se han corregido algunas de esas barbaridades y se van a poder recuperar. Me comentaron ue el pasado año estuvieron en todo su esplendor y este año cuando las he visitado estaban muy bien. Esperemos que esto perdure. Abrazos

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  15. Mmmmmm… ¡qué bonito, Felipe!
    La hermosa descripción del recorrido pone en mi imaginación los sonidos, colores y fragancias de esos lugares maravillosos :)
    Las fotografías, como siempre espectaculares, los reflejos generalmente son fascinantes.
    Respecto al restaurante de “perezosos”, francamente es algo realmente inimaginable.
    Cuando viajamos al campo siempre llevo en mi bolso: agua, manzanas, chocolates, queso, galletas; entre otros, por acaso no encontremos restaurante cerca.
    Deseo que pases un feliz fin de semana

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    1. Los reflejos me atraen singularmente a la hora de las fotografías. En un viaje de este tipo, la cultura del aperitivo es muy tentadora. Un cordial saludo

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  16. no sospechaba hallar tan precioso, ¡y preciso!, reportaje justo vísperas de conocer por primera vez parajes tan hermoso y singulares.
    he tomado nota cabal de todo y te doy encarecidas gracias por tanta hermosura de blog y de post, Felipe.
    Un abrazo

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    1. Gracias por tu amable comentario y bienvenida a mi rincón. Habrás podido pues comprobar tan idílico lugar, que merece la pena ser contemplado. Abrazos

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Tu comentario es bien recibido aunque sea anónimo. Muchas gracias por tu atención.

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