domingo, 14 de marzo de 2021

Un encuentro inesperado

Me costó reconocerla cuando me llamó desde la cafetería del aeropuerto. Me encontraba haciendo hora para tomar mi vuelo y ella parecía regresar de algún país extranjero. Habían transcurrido casi dos lustros desde la última vez que nos vimos y su vestimenta me descolocó por completo, así como su carencia de equipaje. Me acerqué, entramos y nos sentamos junto al gran ventanal que mostraba las pistas. Ella pidió una menta poleo. Yo un cortado. Se le notaba con ganas de hablar y a mí no me importaba escuchar. Deformación profesional.

Mi amiga, movida por un arraigado sentimiento altruista, había estudiado educación especial y la solidaridad enraizó con entusiasmo en terreno abonado. Tenía un carácter fuerte y las ideas muy claras; la carta de San Pablo a los efesios, eso de que «las mujeres estén sujetas a sus maridos», no iba con ella. Con el tiempo, nos fuimos distanciando sin que hubiera ninguna causa y, durante algunos años, le perdí la pista definitivamente. Hasta ahora.

Asentí cuando comenzó a hablar: Sabes que me enrolé en una oenegé. Con ella marché a Benín para ayudar en una escuela de niños con situaciones especiales como autismo, síndrome de Down y de Asperger. Allí fui muy feliz realizando un trabajo tan satisfactorio y reconfortante como siempre había soñado. Pero surgió lo más inesperado: Era alto, enjuto, de rostro atezado, cabello ensortijado y barba un tanto rala. Apareció como por ensalmo y me atrajo como nadie lo había hecho hasta entonces. Intimamos. Noté las mariposas en el estómago y me sentí enamorada. En ese pequeño país, incluso entre las propias familias, conviven individuos de distintas religiones sin ningún problema. En mi caso lo hubo: la persona por quien me había colado era musulmán, pero no un musulmán cualquiera; se trataba de un imán. No tardé mucho tiempo en comprobar su integrismo y sufrirlo en mis propias carnes. Poco a poco me fue llevando a su terreno hasta anularme por completo. Sin embargo, estaba obnubilada, no era yo. Con el fin de agradarle, me convertí al islam, vestía de la forma que me indicaba, nunca le llevaba la contraria y siempre caminaba detrás de él. Dejamos de ir a celebraciones con mis compañeros porque no transigía que hubiera en la mesa ni una sola botella de vino o de cerveza para que ellos bebieran, aunque nosotros no lo hiciéramos. Dejé de venir a pasar las vacaciones navideñas con mi familia porque él me lo impidió. Un buen musulmán no celebra la Navidad, me decía. Fui incapaz de rebelarme. Mi refugio fue durante mucho tiempo internet, aunque a hurtadillas.

Al oírla, no salía de mi asombro. Me costaba hacerme a la idea pensando en cómo era. De cualquiera otra lo hubiera creído a pies juntillas, pero ¿de ella? Siempre había sido indiferente, más bien contraria, a las cuestiones religiosas. Aunque, por tradición familiar, era considerada católica, apostólica y romana, nunca había sido una niña piadosa. Ni siquiera consideró su primera comunión como “el día más feliz de su vida”. A pesar de realizar sus estudios primarios y de bachillerato en las jesuitinas, o quizás debido a ello, la religión le traía al pairo y, más adelante, durante su adolescencia, cuando las ideas comenzaron a reordenarse en su cabeza, se declaró abiertamente agnóstica, con gran desconsuelo por parte de su madre, que era tan devota. Aún recuerdo cuando, ante los problemas de visión de ésta, le soltó flemática: Mamá, debes hacer alguna visita al oftalmólogo en lugar de tantas a Santa Lucía, por muy abogada de la vista que sea.

Estaba perpleja con lo escuchado hasta ese momento y debió notar mi asombro porque sonrió continuando su relato: El amor es ciego, ¿sabes? Me tenía abducida. Ahora, en la distancia, dudo si fue amor o una simple atracción física. A pesar de todo, me sentía feliz. Frustrada, pero feliz. Al menos eso creía entonces. Sin embargo, ante sus celos continuados, pienso que enfermizos, poco a poco, fui recuperando la lucidez y dándome cuenta del sometimiento al que me veía forzada. Las discusiones, inicialmente tímidas, comenzaron a prodigarse más y más, aumentando día a día mi atrevimiento y aplomo. Quizá se fue apagando el fulgor del enamoramiento o los ardores de la pasión y ello hizo que brotaran en mí, de nuevo, la autoestima y el amor propio. Todo estalló de súbito. La bofetada me hizo abrir los ojos y me cerró el corazón. Había soportado vejaciones, pero que me pusiera la mano encima, ni hablar. ¡Hasta ahí podía llegar! Me planté y … Allí se ha quedado.

Dirigí la mirada a su ropa y le pregunté qué hacía vestida de esa manera. Acabo de llegar con lo puesto y no me ha dado tiempo de comprar nada, me contestó. Pero ¿ahora eres creyente? Inquirí con curiosidad. ¡Bah! Nunca lo he sido, fue su respuesta. Me convertí al islam, ante su insistencia, por complacerle y no arruinar su carrera. A veces se cometen estupideces sin pensarlo. Este periodo me ha servido para reafirmarme en mi agnosticismo de siempre. Además, me subleva el machismo de las religiones monoteístas. Dios, por no ser humano, debiera carecer de sexo. Sin embargo, lo mismo Yahveh que Alá, Cristo, su Padre y el Espíritu Santo (aún con forma de paloma) lo poseen. Son todos muy masculinos ellos. ¡Tiene huevos! (nunca mejor dicho). Así nos ha ido a nosotras, siempre hemos sido “la mala de la película”. Esta percepción de las mujeres como causantes de todos los males se ha perpetuado lo largo de los siglos. ¡Joder, si hasta la guerra de Troya fue por culpa de una mujer que le puso los cuernos a un vejestorio!

No pude menos que sonreír ante el exabrupto. Mi amiga estaba lanzada. Todo, prosiguió relatando, está basado en la desdichada concepción del sexo como pecado, algo inexistente en la antigüedad. Las religiones patriarcales, cuyos sacerdotes siempre han sido masculinos, han encarnado la tentación, cómo no, en el cuerpo desnudo de las mujeres y jamás en los de los hombres. Nosotras, ya lo ves: brujas, siempre brujas, dispuestas para la hoguera. Como las de Salem o Zugarramurdi. La consagración de la maldad femenina se remonta al día en que, según las tres grandes religiones, la primera mujer de la historia nos arrojó a todos del Paraíso. Tanto el Corán como la Biblia coinciden en ello.

Anunciaron la próxima salida de mi vuelo. El tiempo había transcurrido sin apenas darnos cuenta. Todavía añadió con premura: Cuando escribas esta historia, cosa que estoy segura que harás, en esa revista en la que colaboras, no se te ocurra mencionar ningún nombre. Por favor, hazme caso.

Nos despedimos con un par de besos y la promesa de vernos en una nueva ocasión. Además, nos facilitamos nuestros respectivos teléfonos móviles. Ella marchó a una tienda cercana muy conocida para comprarse una ropa más acorde con su situación actual. Yo me dirigí rauda hacia mi puerta de embarque, un tanto alucinada por lo que acababa de oír. En ningún momento dudé de la veracidad de lo escuchado.

Acomodada en mi asiento, elucubré sobre las historias tan extrañas a las que conduce el amor o la pasión… O, tal vez, la religión.





                                                               (Relato publicado en la revista ASCHEL DIGITAL a solicitud de sus editoras Asunción Caballero y Chelo de la Torre)


domingo, 26 de julio de 2020

No sale la Patrona




No sale la Patrona.
Las calles mueren huérfanas
de la albahaca y la cera del estío.
No bailan altaneros los gigantes
encauzando la sierpe blanquirroja.
No acompaña el tamboril a los chistus,
ni la cruz a los cirios.
Desprovistos de jotas con arraigo,
los aleros se olvidan del incienso.
Suenan bronces esquivos, carentes de alborozo,
solapando nostalgias de resol.
En los ojos se asoma
la turbia brillantez de arcaicas emociones.

A la espera de un tiempo más propicio,
Santa Ana reposa en su hornacina
añorando solanas callejeras.
Hoy, veintiséis de julio

del año dos mil veinte,
la Abuela, también, se ha quedado en casa.
No sale la Patrona.








Felipe Tajafuerte. 2020

domingo, 10 de mayo de 2020

COVID 19 Octava semana, ya salimos




Empezamos una etapa nueva y no estamos en la misma reclusión de días anteriores. Tenemos más entretenimientos y por eso creo que ya no es preciso, necesario, ni conveniente, el publicar cada día un poema en facebook. Así que, con vuestro permiso, me tomo un descanso. En esta semana han visto la luz un ovillejo, una décima, unos endecasílabos blancos, un soneto alejandrino, unos haikus, unas redondillas y he finalizado con unas cuartetas. No es un adiós, sino un hasta pronto.



COVID 19


XLIX (lunes) Ovillejo

¿La primavera florece?
Parece
¿Qué hace tras embellecerse?
verse
¿Qué es lo que se ve al trasluz?
La luz

El virus es una cruz.
En este túnel vital
notarás que en su final
parece verse la luz.


L (martes) Décima)

Señorías, pactar toca.
Equivocarse es de humanos
No hay que lavarse las manos
Seguro que esto provoca
Recelos y descoloca
Mas, no hay duda, es la ocasión
de seguir al del timón
No otorguen cheques en blanco
Porque eso es cosa del banco
Pero encuentren solución.
  

LI (miércoles) Endecasílabos blancos

Que algo no se ha hecho bien no cabe duda
No es por azar, tener tan alto número
de fallecidos, de infectados entre
los sanitarios. No se han acabado
los problemas con EPI’s, mascarillas
tests… Y ahora se nos viene encima el modo
de volver a la vida habitual de antes.
Habrá que buscar los motivos, pero
no es ahora el momento más idóneo
de gastar fuerzas en lo secundario.
Ahora toca otra cosa: arrimar
el hombro, porque es cuando hace más falta
establecer el pacto con quien lleva
el mando. Esto no supone la
aquiescencia de todas las propuestas,
ni proponerlas sin ser consensuadas,
se exige establecer sin tregua un diálogo
sin rencores, con vistas al futuro,
con lealtad sincera en ambas partes.
Consideren que a nadie pertenece
un dominio absoluto de certezas.
Y cuando todo pase, que lo hará,
habrá que analizar lo que falló
y buscar soluciones, allí donde
quiera que se hallen, aun siendo difícil
encontrar otro estilo de vivir
tan acorde con nuestra idiosincrasia


LII (jueves) Soneto alejandrino

No hay forma de que omitan esa marcha triunfal
No empatizan con nadie porque están muy seguros
que ellos son los honestos, el resto los impuros.
Su táctica el insulto, machacar al rival

El pensar por sí mismos es algo tan banal…
-ya lo hace su partido-   y además es traición.
Sus consignas sagradas: descalificación,
al enemigo ni agua, hostilidad total.

Este fuego cruzado de denuestos les pone,
pero aburre y agota. Estamos hasta el gorro
de insultos, menosprecios e inicuas vejaciones.

Escuchar las ideas del rival no supone
ninguna humillación, ni siquiera un engorro.
Ni son obligatorias las felicitaciones


LIII (viernes) Haikus

Gentes hundidas
por el corona virus
Tristeza en gris

Las criaturas
Anhelan desde casa
Cuentos de abuelos

Tiempos difíciles
Las persianas rendidas
de los comercios

Calles desiertas.
Reverdece el asfalto
en las ciudades

La economía
un castillo de naipes.
Desolación


LIV (sábado) Redondillas

Aunque sea con retraso
hay que plantar el tomate
no se pase o desbarate
y el huerto sea un fracaso.

Estarán recuperadas
aquellas cosas perdidas
cuando todas las partidas
al Corona estén ganadas

Vamos a primera fase,
aunque sea la segunda,
para que esto no se hunda
que ninguno se desfase.

Hay quien quiere malmeter
para armar un botellón
o cualquier otro follón
¡Ya son ganas de joder!

Para poder disfrutar
de la vida como antes
y volver a estar boyantes
aun tendremos que esperar.


LV (domingo) Cuartetas

Más de cincuenta poemas
he compuesto en este encierro
de los más diversos temas
hoy, con este, corto y cierro.
  
Espero haber contribuido
a hacer más corta la espera.
Me voy sin hacer más ruido,
torno de nuevo a mi osera.

El pelambre del mentón
ha sido ya eliminado,
parezco ya cuarentón
con tan solo un afeitado.

Gracias por haber leído
los poemas publicados,
no quiero ser aburrido
con asuntos ya tratados

Volveré de vez en cuando
publicando en “facebú”
quizás se vaya acabando
lo del “yo menos que tú”.

¡Joder!, que no digo adiós,
solamente hasta la vista
Cuidaros mucho, rediós.
Disculpad que tanto insista.

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