domingo, 6 de febrero de 2011

El cerro de Santa Bárbara

Hoy tocaba un paseo comedido. Estoy recuperándome de la indisposición de esta semana, mañana me uno al grupo “tebano” y haremos un recorrido de veinte kilómetros como mínimo. Con estas premisas he decido hacer una excursión por el Cerro de Santa Bárbara donde está situado el monumento a Corazón de Jesús, erigido en el lugar en que antiguamente se encontraba ubicado el desaparecido castillo del rey tudelano Sancho VII El Fuerte.


La Mejana vista desde la muralla

Ascendiendo por las calles que tantas veces recorrí en mi niñez, me he situado en la base del cerro. Me he acercado a una abandonada nave abovedada de sillares con los alrededores llenos de porquería. No he logrado averiguar la función que cumplía esta construcción en la actualidad sin ninguna utilidad. He continuado subiendo adentrándome en las excavaciones de las murallas, he hollado las maltrechas escaleras por las que triscábamos de niños cuando íbamos al “esbarizaculos” y me he detenido en la cima, en el pequeño parque, epicentro desde el  que se domina una panorámica circular con unas vistas espléndidas de la Mejana, Las Bardenas, el Ebro, la ciudad de Tudela, el Moncayo, los Montes del Cierzo y Canraso.

Las Bardenas en lontananza

El barranco del Cristo

He descendido entre los pinos y he continuado por un camino que, por la ladera del monte,  discurre a media altura entre el mirador del parque de la Virgen de la Cabeza y la cuesta de los labradores que conduce a la ermita de la Santa Cruz.

El Moncayo siempre presente

Los Pendientes de la reina

Por esta senda he dado la vuelta al lugar donde están situados los nuevos depósitos de agua, dejándolos a la izquierda. A la derecha el barranco del Cristo, su ermita y, al frente, los Pendientes de la reina. Ascendiendo de nuevo un fuerte repecho he salido a la carretera que lleva a la potabilizadora y, en dirección contraria a ésta, he descendido de nuevo a la ciudad.


Misil dirigido a su objetivo

El impacto ha hecho estallar el cardo

He hecho buen acopio de fotografías durante este recorrido y os dejo alguna de ellas. El paseo ha resultado magnífico por el día soleado, con una agradable temperatura y duración no muy prolongada. No obstante entre pitos y flautas se me han ido dos horas y media. Suficiente para desentumecer los músculos. Mañana más.

sábado, 5 de febrero de 2011

Nuevo obsequio


Esta vez ha sido mi también amiga virtual Zamarat la que se ha acordado de mí al situarme entre los blogueros que recomienda concediéndome esta distinción. Como de bien nacidos es ser agradecidos correspondo a su gesto dándole la notoriedad debida y voy a intentar cumplir las condiciones exponiendo al aire mis vergüenzas: Creo que soy

  1. Celoso de mi intimidad
  2. Receloso del poder de la red
  3. Cauteloso al exponer mis opiniones
  4. Ávido de conocer las de los demás
  5. Defensor de mis ideas y respetuoso con quien expone las que no comparto.
  6. Parco en conversaciones con desconocidos
  7. Deseoso de no responder este tipo de cuestiones


Debiera traspasar este “premio” a quince personas. No las he contado, pero en el sidebar están relacionadas en los blogs preferidos de mi mejana. A todas ellas doy reconocimiento de forma continuada y ellas a su vez me obsequian con sus escritos día a día.

Digo lo mismo que la vez anterior. Siéntanse todos reconocidos y aquel que lo desee está invitado a proseguir con este amistoso pasatiempo.  

jueves, 3 de febrero de 2011

En la mística tierra de Egipto

Inmortalizada musicalmente por Ketelbey, es la actualidad más rabiosa en prensa, radio, televisión, redes sociales… En ella se ha suscitado, miméticamente a la de Túnez, una revolución para tratar de derribar el régimen del último faraón, que pretendía  ser inicialmente pacífica, pero que cada día que pasa cobra tintes más dramáticos.

Una gran parte de los que hemos tenido la fortuna de viajar a ese país en tiempos de bonanza pacífica, hemos retornado a nuestros lugares de procedencia con una sensación agridulce de nuestra estancia causada por los grandes contrastes existentes  y por la sutil percepción de sentirnos unos privilegiados con respecto a ellos que nos mantiene un tanto abochornados.

A la riqueza del patrimonio del estado egipcio y sus múltiples recursos turísticos que le proporcionan unos ingresos ingentes, se opone la corrupción y la pobreza que se aprecia palpablemente en el pueblo.

Edificios con sus columnas apuntando al cielo

En El Cairo edificios a medio construir con sus terrazas llenas de basuras conviven con hoteles de 4 y 5 estrellas y no en barrios marginales. Impera un caos circulatorio abrumador, ruidoso,  a todas horas del día y de la noche y, a pesar de ello,  hay muy pocos accidentes. La suciedad es la característica nacional.  No causan extrañeza ni las chicas con minifalda ni las mujeres vestidas totalmente de negro a las que no se les ve ni los ojos.

Plaza y mezquita cercana al Jan el Jalili

Numerosos jóvenes universitarios han estudiado y vivido en Europa, sin embargo conservan un tradicional machismo inusitado para con sus mujeres.

En un país de mayoría musulmana y minoría copta, pudimos visitar con toda tranquilidad una iglesia de frailes capuchinos italianos asentados en Luxor desde el siglo XVI, lo que nos confirmó la relativa tolerancia religiosa de la que nos había informado nuestro guía.

Lo que verdaderamente me dejó sobrecogido fue la Ciudad de los muertos. Nunca he llegado a digerir que unas personas hayan tenido que hacer de las tumbas su vivienda habitual. Es algo que repugna mi sensibilidad.

tras recoger su botín, los niños abandonan nuestra embarcación.

Me impresionó grandemente ver a los niños pidiendo “un euro” por todas partes y a todas horas. En Aswan, durante un paseo en falúa por el Nilo, se nos acercaban nadando para solicitar la ansiada recompensa. Dos de ellos se asieron a nuestra embarcación en una especie de cajas para cantar una canción (Guantanamera) con el fin de que les diéramos unas monedas. Nos hizo gracia, aflojamos el bolsillo y se marcharon encantados con su botín.

La belleza de sus templos. Habú

El  templo de Habú

A pesar de ello, el viaje resultó fascinante. La grandiosidad de sus templos, los tesoros de su Museo en estos días atacado,  el poso que todos llevamos de la cultura faraónica, las tumbas del Valle de los Reyes, las pirámides, la esfinge, lugares tan conocidos como Luxor, Karnak,  Habú, Edfu, Kom-Ombo, Aswan, Philae, Abú-Simbel etc. etc. todo ello unido a ocho maravillosos días de tranquila navegación por el Nilo, con el desierto al alcance de la mano, viendo pasar árboles y poblados, apoltronados junto a la piscina soportando los cerca de 40º de temperatura, la contemplación de sus puestas de sol y sus amaneceres hicieron de este periplo una experiencia inolvidable.

Los 42º a las diez de la mañana en Abú-Simbel nos agotaron

En honor a este grato recuerdo, deseo para el pueblo egipcio lo mejor. No me atrevo a vaticinar el desenlace de esta revuelta, la omnipresente policía fiel a Hosni Mubarak, hace muy difícil una solución a la tunecina. Ojala logren encontrar una fórmula de reparto más equitativo de la riqueza de su país. Quizá el menos malo sea la democracia, pero soy muy escéptico respecto al sentido democrático que tienen los países árabes, difiere un tanto de como lo entendemos nosotros.

La reconfortante navegación fluvial


Río y desierto siempre presentes


Lo peor que pudiera ocurrir, tanto para ellos como para el resto del mundo occidental, es lo que sucedió en Irán. Sería como salir de Guatemala para entrar en guatepeor, abandonar una dictadura para acabar en otra. Como diría nuestro humorista: “luchar pa ná, es tontería”    

martes, 25 de enero de 2011

Fuente de la salud

Días pasados, en una de mis salidas matinales, paseaba por el camino del bocal y al llegar a la altura de la Fuente de la Salud sentí la curiosidad de averiguar definitivamente, tras intentarlo en otras ocasiones infructuosamente,  el estado actual de ese manantial, que en otro tiempo fue solaz de todos los tudelanos.

A él nos llevaban de excursión con la merienda a los niños de los colegios. En un promontorio berroqueño, a la sombra de los pinos, en una oquedad  a la que se llegaba por una senda estrecha, surgía con fuerza a escasamente un metro de altura un gran chorro de agua que, discurriendo entre los ruejos, iba a desahogar en un riachuelo de agua cristalina que alimentaba el llamado molino de Caritat.

De buenas a primeras, una poderosa familia de agricultores que poseía allí unos terrenos decidió cercarlos y clausuró el acceso a ese idílico lugar de esparcimiento popular. Desconozco si estaba en su derecho o simplemente se lo arrogó. Lo cierto es que al pueblo de Tudela se le imposibilitó el goce de un paraje cautivador del que había venido disfrutando desde tiempos inveterados.  

El río entrando en el Molino de Caritat

Me acerqué hacia el arroyo. Una vieja cadena, arrumbada en el suelo entre dos pinos, pretendía impedir la entrada. Remonté la corriente por una estrecha senda unos cien metros hasta que me fue imposible seguir. Una maraña de vegetación exuberante y descuidada me obstruía  el paso.

Por aquí no se puede pasar

Y por aquí tampoco

Por aquí sí. Así está el acceso

Volví al camino circundando unos edificios abandonados y dejando atrás alguna casa de campo y más construcciones ruinosas, me metí en un barbecho. Por una valla desvencijada que ya no cumplía ninguna misión penetré para acercarme otra vez a la orilla del río. Husmeé dando vueltas por donde alcanzaba y por fin dí con el lugar en el que antiguamente estaba el alumbramiento. 

Ahí está, ahí está

A esto se ha visto reducida

¡Que decepción! Nada se asemejaba a mis recuerdos. Ni chorro de agua, ni ésta fluyendo por los cantos, ni guijarros ni nada de nada. Había sido cegada y encauzada. Un aro de ladrillos de unos dos metros de diámetro, casi oculto por las espinosas bardas resecas, recibía el agua que llegaba a él a través de un tubo de cemento. Todo ello encuadrado en un ambiente de abandono, dejación y deterioro desalentadores.

Al otro lado de los pinos se encuentra la fuente

Volví sobre mis pasos desmoralizado. Mis bellas evocaciones infantiles se vinieron abajo como un castillo de naipes. Ya no lucía tan hermoso ese balcón desde el que se dominan los campos de Lodares, Mosquera y El tamarigal, con el Ebro cercando sus límites y el telón de fondo de San Gregorio y las Bardenas.

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