A Chechu Alcate, el de la Motrila, alias Pocoapego, le dio la turruntera y decidió darse un garbeo por la corraliza donde guarda las ovejas. Nunca se sabe qué puede ocurrir en un día festivo, pensó. Eso pensó mientras conducía su Nissan Patrol hacia la majada de la Remonta, pasado el Soto de los Tetones, a la izquierda del meandro. Hacía frío, un frío del que te entra ganchera en las manos y duelen hasta los zapatos. Aún así, un sol apocado, cohibido por la rosada matinal, intentaba, sin conseguirlo, abrir una brecha en la densa boira reinante.
La Nochebuena en casa del cansalmas de su cuñado Paco, el Fanfarrias, con el que ya ha tenido más de un empentón, había sido similar a la de otros años. Le estuvo corrompiendo durante la cena con los mismos injonazos de todos los días: Mira a ver si te echas novia y te casas, que para luego es tarde; a ver si tienes más aforros y sientas la cabeza, tienes que ser más agre, que no vales más que para pingonear... Este tío es un canso, un tontolaba y un metete con el que acabo pleiteando siempre. Algún día tendremos una enganchada. No sé qué ve la Feli en ese carnuz, porque es más corto que el caño de una braga. Si no fuera por las muetas... Y aún añadió, ya lo dice el refrán: parentesco que lleva la U, pa tú.
Feli Alcate, la de la Motrila, es su hermana pequeña, la tardanica y, como ya se ha dicho antes, está casada con el mendrugo de Paco Bermejo, el Fanfarrias. Tienen dos preciosas niñas a las que Chechu quiere al querer de la vida. Son las causantes de que, con ellas, el apodo de Pocoapego le cuadre menos que a un Santo Cristo dos pistolas. Por ellas no se cantea y acude a casa de su hermana todas las Nochebuenas, aguantando al samaruco del Fanfarrias, en lugar de emprender cualquiera de esos viajes que le tienen devoradico desde hace algún tiempo. Con avisar al Faustino, el Pinto, para que le cuidase las ovejas durante unos días...
Chechu Alcate es un mozo viejo, un camastrón entreverao, algo rebotudico, que nunca ha querido sujetarse a mujer alguna. O no ha logrado convencer a ninguna para que se amarre a él. Que eso tampoco se ha sabido nunca. De ahí le viene el dichoso mote que le tiene encangrenao. Bueno, el caso es que se encuentra más sólo que el kiosco del Prao. Suele decir: más vale sólo que mal acompañado o el buey suelto bien se lame o cada cual en su corral. Eso dice muchas veces. Aunque, en otras ocasiones, cuando está un poco mantudo, cree que el dinero y la mujer son para la vejez.
Entre estas y otras pichorradas, sin apenas darse cuenta, llegó al corral. Bajó del Patrol, se ajustó el anorak y se dirigió al aprisco. Le pareció oír un balido en el chamizo cercano que utiliza para separar las ovejas preñadas próximas a parir. Extrañado porque no tenía ninguna en ese estado, se encaminó, a trompatalega, hacia la choza. Al acercarse, un resplandor de radiante claridad, algo parecido a un cañón de luz, hendió la niebla, alcanzando la paridera como si incidiera sobre un escenario. Abrió, con medrosa precaución, el negro portón desvencijado y cruzó la cancela.
Chechu, con los ojos como platos, contempló aquel belén. Una joven, cubierta con un yihab, daba el pecho a un niño envuelto con una sudadera. A su lado, un sujeto alto, de rostro atezado, cabellos ensortijados y barba rala, ataviado con vaqueros ajustados y, solamente, con una camiseta de manga corta, tiritaba de frío. A Checu le dio, de pronto, una ardorada y se concaró con ellos, a pesar de que no tenían mala traza.
- ¿Qué hacéis aquí?
- Il fatit froid dehors. Nous sommes mieux ici.
- ¡Joder! No entiendo nada. ¿Tú no spik español?
- Je ne parle pas espagnol, mais je comprends un petit peu. Je ne parle que français.
- Pues, si no hablas cristiano, vamos a hacer un pan como unas hostias. A ver cómo nos entendemos, porque yo sé poco de francés, aunque alguna palabra juno. Sólo hablo castellano, o sea, español. ¿Por qué estáis aquí? -preguntó ya más calmado.
- Elle a doné naissance. L'enfant est né la nuit dernière.
- ¿Dio a luz aquí? ¿Anoche? ¿Solos? ¿Sin ayuda?
- Oui monsieur. Mieux ici, l'exterieur est mauvais. Nous avons faim... hambre.
Chechu fue al cuatroporcuatro, volvió y les ofreció unas pringles, un par de cafareles más duros que pie de Cristo y una cocacola algo esbafada; todo ello sacado de la guantera. El hombre bebió un trago largo, con avidez. La muchacha comió unas patatas e ingirió un sorbo, sonriendo agradecida. El bebé rompió a llorar con un llanto débil, como un balido. Justamente como el balido que Chechu había escuchado antes.
- No tengo otra cosa. ¿Cómo te llamas? -dijo quitándose el anorak.
- Mon nom est Joseph. Elle s'apelle Marie.
- Toma, ponte esto que vas a coger un pasmo de muerte. Y al niño, ¿qué le pasa, cómo se llama?
- Le garçon..., comment dit'on?... débil, ne pas nom encore.
- Mi nombre es Jesús Alcate, pero todos me llaman Chechu. ¿De dónde venís?
- Nous venons du Bénin. Nous allons à la France.
¡Cagoensós! Sé tanto de geografía como de idiomas, rezongó Chechu, el de la Motrila. ¿Dónde leches estará Benin? Seguro que allá, donde Cristo dio las tres voces. Echó mano al bolsillo en busca del móvil para llamar a la Cruz Roja y, al no encontrarlo, se dio cuenta de que lo había dejado olvidado en casa, sobre la mesilla de noche. ¡Me ca...!, las veces que me pasa lo mismo.
- Venga, subid al coche que vamos al hospital escopetiaos. Malo será que me paren los forales y me pongan una multa por no llevar la silleta. Luego os llevaré algo para comer.
Chechu, el Pocoapego, a pesar de que allí pintaba menos que Caramba en el Bocal, se quedó en la sala de espera del Reina Sofía, aguardando, un tanto nervioso, la vuelta de Joseph, que había desaparecido, junto a la mujer y el crío, por la puerta de urgencias. Quería saber, antes de marcharse, en qué estado se encontraban.
- ¿Cómo están? - preguntó en cuanto Joseph asomó la cabeza.
- Tres bien. L'enfant est forte et Marie fatigué..., cansada. Merci beaucoup. Nous appelons l'enfant comme toi.
- ¿Le vais a llamar Chechu, como yo?
- Ne pas Chechu, Jésus.
Chechu, el de la Motrila, mostró una sonrisa de oreja a oreja. Quizás sea una buena idea, reflexionó mientras se marchaba colicanguila, comenzar el nuevo año junto a esta pobre gente. En el piso tengo una habitación de sobra que podrían ocupar. Al menos hasta que se repongan y decidan marcharse. Desde luego, casi voy a estar mejor con ellos que con la Feli y el sinsustancia de Paco. Si no fuera por las muetas, no volvía a su casa jamás de los jamases.
- Cuando termine de arreglar las ovejas, aunque sean las tantas, volveré y se lo plantearé, a ver qué les parece. Que no se me olvide llevarles unos bocatas. Así discurrió Pocoapego quien, como podéis ver, no tenía nada de roñoso ni hornicao.
El sol, por fin, había logrado romper por el flanco las defensas de la niebla, levantando un manto de vaho blanquecino, vaporoso, de las huertas lindantes. A pesar de que el termómetro todavía señalaba cuatro grados, el cielo lucía un azul intenso. Cuando llegó a la paridera, le pareció que ésta resplandecía con una luz diferente, muy peculiar.
Eso afirmó Chechu Alcate, el de la Motrila, alias Pocoapego.
Felipe Tajafuerte
Navidad 2015
Dedicado a mis hijos, hoy ausentes, para que se lo lean o cuenten a mis nietas y nietos
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