miércoles, 9 de diciembre de 2015

En el ombligo del mundo

Maqueta de Delfos
Viajamos desde Madrid en un avión de Aegean Airlines, donde nos sirvieron la poco apetitosa comida que se facilita en los vuelos. Poco después, aterrizamos en el eropuerto de Eleftherios Venicelo  y, a través de la autopista Attiki Odos, nos plantamos en Atenas, en el hotel situado junto a la Plaza Karaiskaki. Esa misma tarde, antes de la cena, tomamos unas cervezas en el barrio de Plaka, viendo pasar una manifestación en la que marchaban hermanados componentes de la coalición griega SYRIZA, que lidera Tsipras, y del partido español Podemos, cuyo secretario general, Pablo Iglesias, había viajado en el mismo avión que nosotros.

El Partenón desde la terraza del hotel
Por la noche, después de cenar, disfrutamos, desde la terraza del hotel, en compañía de unos gin tonics, de unas vistas increíbles de la Acrópolis con el Partenón iluminado.

Al fondo, el Parnaso
A la mañana del día siguiente,  con un día diáfano y luminoso, iniciamos nuestro periplo en dirección a Delfos. Fuimos dejando atrás el monte Parnaso y la llanura de Maratón, atravesando algunos pueblos turísticos, internándonos en la orografía montañosa de la Fócida hasta llegar a ese sitio maravilloso, donde las leyendas juegan al escondite con la naturaleza.

Museo Arqueológico de Delfos
Allí se encuentra el santuario de Apolo, dios de la belleza y de la música, que era considerado en el mundo griego como el centro del universo. Iniciamos la visita al Museo Arqueológico, en cuyo interior pudimos admirar unos cuantos frisos, amén de una colección impresionante de esculturas.

Detalle de uno de los frisos
Entre ellas se encuentran la estatua de Antinoo, el bello amante de Adriano, la Esfinge de los Naxios, los Gemelos de Argos, las Danzarinas y el Auriga de Delfos. También examinamos la copia del ónfalos u ombligo del mundo, que representaba la piedra que depositó Zeus en Delfos, el centro de la tierra, según uno de los cantos de Píndaro.

El Auriga de Delfos
Salimos al exterior e hicimos un recorrido por el gran espacio del santuario, en el que cada piedra nos hablaba de la extensa mitología griega.  El paseo era un tanto exigente por lo empinado de los desniveles.

El terreno es abrupto
Fuimos pasando por los diversos tesoros que eran unas pequeñas capillas con exvotos. Llama la atención sobre todos ellos el reconstruido de los atenienses.

Tesoro de los Atenienses
Mientras descansaba del esfuerzo, contemplé el espléndido panorama montañoso de la Fócida, desde lo alto del graderío del teatro, al pie de los picos Frediales. Se acercaba la hora de la pitanza sin que la pitonisa diera señales de vida para interpretarnos el oráculo de los dioses. Con toda seguridad, había marchado para Atenas con el fin de aclarar al resto de los mortales el resultado de las elecciones que iban a tener lugar al día siguiente.

Graderío del teatro
En el mismo pueblo de Delfos, comimos en un restaurante típico griego, en el que degustamos unos excelentes platos tradicionales, además de los populares loukoumades, una especie de buñuelos o bollos con miel.

El teatro y las montañas de La Fócida
Continuamos nuestro viaje a través de Grecia Central hasta llegar a la región de Tesalia. Era ya la hora del crepúsculo cuando hacíamos nuestra entrada en Kalambaka, a los pies de Las Meteoras, donde íbamos a pernoctar. Después de la cena, salimos a dar un paseo por las animadas calles de la turística población, aprovechando para comprar algún souvenir y descansar de largo viaje en una de las numerosas terrazas, disfrutando de una  agradable noche del otoño recién estrenado.

Kalambaka desde San Esteban, en Meteora
Los brazos de Morfeo nos reclamaban insistentemente y no era cuestión de defraudarlo porque al día siguiente nos esperaba otra dura jornada de viaje, una vez visitados los monasterios de Meteora. Pero esto ya es otra cuestión que trataré en otro momento. ¡Buenas noches!


viernes, 4 de diciembre de 2015

Recordando a Homero


Después de mi reciente viaje a Grecia, me apetecía volver a leer algo de Homero. Por supuesto, no tanto como para releer toda la Ilíada o la Odisea, de cuyos textos cogí un buen empacho en mi juventud, esa época en la que me propuse conocer, de primera mano, con mis propios ojos, algunas de las obras clásicas de las que todos hablaban mucho y, me temo, que pocos leían. Y comencé, de nuevo, aquel canto primero de la Odisea:

"Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio que, después de destruir la sacra ciudad de Troya, anduvo peregrinando larguísimo tiempo, vio las poblaciones y conoció las costumbres de muchos hombres y padeció en su ánimo gran número de trabajos en su navegación por el ponto, en cuanto procuraba salvar su vida y la vuelta de sus compañeros a la patria. Mas ni aún así pudo librarlos, como deseaba, y todos perecieron por sus propias locuras. ¡Insensatos! Comiéronse las vacas del Sol, hijo de Hiperión; el cual no permitió que les llegara el día del regreso. ¡Oh diosa, hija de Zeus!, cuéntanos aunque no sea más que una parte de tales cosas."

Volvieron a aparecer ante mis ojos los adjetivos y epítetos épicos que tan poderosamente  habían llamado mi atención en aquellos años. Aquellos: "Zeus, que amontona las nubes", "Atenea, la diosa de ojos de lechuza", "Aquiles, el de los pies ligeros", el "prudente Telémaco", la "discreta Penélope", el "ingenioso Ulises", la "funesta Caribdis"... Epítetos que se repiten en sus obras con una constancia imperturbablemente machacona. 

Una cosa llevó a la otra y recordé, no sé si por lo de Hiperión, uno de los ejercicios de nuestra clase de Escritura Creativa. Se trataba de un relato geométrico en sesenta palabras. Ni una más, ni una menos. Al poner manos a la obra, me vino a la memoria un  párrafo leído en algún lugar: Según los himnos homéricos, Eos, Helios y Selene (la Aurora, el Sol y la Luna) son hermanos, hijos de Titán (Hiperión) y de su hermana Tea (Eurifaesa). Entre los tres cierran el círculo del día. 

Vi que el tema tenía posibilidades y, en el desarrollo de este asunto, eché mano, sin apercibirme de ello,  de ese poso que van dejando en nuestro subconsciente las lecturas de las que nos vamos alimentando a lo largo de nuestra vida. A pesar de que ésas fueron realizadas cuando contaba diecisiete años, aparecieron con frescura y lozanía en esta edad en la que estoy a punto de invertir las cifras.

Así surgió este relato recordando al legendario y novelesco poeta ciego, pilar de la literatura occidental, cuyas principales obras, la Iliada y la Odisea, son conocidas, en la actualidad, más por las versiones cinematográficas realizadas que por su lectura:


Triángulo circular

Eos, la aurora de dorados cabellos, voló anunciando la llegada de su hermano Helios, el de la brillante aureola, conduciendo su carro tirado por los cuatro toros solares en busca del proceloso Océano. Cuando, cansado, llegó al ocaso, su hermana Selene, la de blanca tez, ocupó su lugar hasta reunirse con Eos y así, una vez más, iniciar el nuevo día. 

Felipe Tajafuerte
2015




domingo, 29 de noviembre de 2015

Un año después

El pasado viernes celebramos la jornada de exaltación de las populares boina y elástica tudelanas. Un año ha transcurrido ya desde aquel lluvioso veintiocho de noviembre de 2014 en el que tuve el privilegio de dar el pistoletazo de salida del homenaje a estas prendas en su cuarta edición.

En la tarde-noche que nos ocupa, en la tudelanísima plaza de San Jaime, cuya "fuente del pez" se encuentra en ignorado paradero, tuvo lugar el quinto pregón, pronunciado por vez primera por una mujer, para suceder en estos menesteres pregoneriles a los cuatro varones, que no barones, emboinados y elasticados, precedentes. La designación, llevada a cabo por el Grupo Literario Traslapuente, recayó, en esta ocasión, en Inmaculada Benítez, más conocida por "Minina", cuya amistad me "llena de orgullo y satisfacción". 

Una elección afortunadísima ésta. Inma es una mujer menuda, pero... ¡Menuda mujer! Tiene una sagacidad, una facundia y un gracejo envidiables, sabe captar instantáneamente la chispa de cualquier situación, repentizar sobre ella y, en un pis pas, sacarle la punta al perdigón. 

Proguelómenos del pregón
Compartimos pupitre en las clases de Pepe Alfaro, dice ella que para desesperación de éste, y que, según sus propias palabras, le doy cien vueltas en temas de vocabulario; pero la jodida utiliza los palabros populares tudelanos con una agudeza y una maestría sin igual.

Arturo Pérez Reverte ha elogiado dos poemas suyos dando a conocer su bitácora. Esto no tiene mucho mérito por parte de Pérez Reverte, ya que en la sidebar del mío figura el blog de Inmaculada Benítez,  Los cuentos de Minina, como recomendado desde hace varios años y nadie ha dicho nada; claro que yo no pertenezco a la R.A.E. como él.

Inma Benítez "Minina" en plena faena
Hay que poner de relieve que, en este acto, la nueva pregonera gozó de preciadas y envidiables ventajas sobre mí: a ella le pusieron luces, no tuvo como telón de fondo los contenedores de vidrio y basura y, además, no llovió. 

Repartiendo mi pregón de la edición anterior
Tras la proclama, tuve mi momentico de gloria como repartidor del pasquín con el texto de la pasada edición. Cada uno se consuela como quiere. La chispa de la alocución de Minina, con boina y elástica prestadas, encantó a los asistentes. Espero que a vosotros también os guste.

Inma y yo después del pregón de este año
Con su aquiescencia, precedido por las fotos de Jesús Marquina, tras esperarar a que la autora, que me lo ha facilitado, lo publique en su página del feisbu de nuestros pesares, aquí está este

V PREGÓN HOMENAJE A LA BOINA Y A LA ELÁSTICA TUDELANAS

Aún me acuerdo, cuando cría,
la sartenada de veces
que terminaba la tarde
capuzadica en la fuente.
Aún me veo a Jesús Rubio
enarbolando el gancho ése
con el que desincalaba
las bolsas de cafareles.
Aún me vienen los perfumes
de las sardinas arenques,
de las flores, de los bollos
que hacía la Copeleche.
Me he criado en esta plaza,
aquí jugué con los muetes
y las muetas al pañuelo
al marro, al tejo, a esconderme,
a churri, al Equipo A,
y hasta al cero cero siete.
Aquí aprendí a andar en bici,
a chiflar, a hacer el puente,
a pelucar en los cromos,
a escupir y a defenderme.

Y unos añicos más tarde,
la mañana del cohete
ahí al lado, en el Tazón,
y porrón va, porrón viene
(y que perdone mi madre
que sé que ha venido a verme)
me agarré alguna cogorza
de las de no te menees.

Y aquí me veo hoy, delante
de este grupico de gente,
emboinada y chaquetera
que acude a regañadientes
a aguantarme la tabarra
(ojalá que sea breve
que no parca, que da yuyu
si las que hablan son mujeres)
para luego irse de vinos,
que es a lo que aquí se viene,
y a continuación cenar
y al final… lo que se tercie,
que podrá ser cualquier cosa
haga cierzo, llueva o nieve,
porque con esta chaqueta
una aguanta lo que le echen…
Hay quien dice que la prenda
la trajeron los franceses,
desde Bayona… me extraña…
muy sencilla me parece
la chaqueta pa lo hortera
que ha sido la France siempre.
El caso es que vino bien
pa proteger del relente
a los probos hortelanos
que faenaban en Cardete,
Arquetas, Montes de Cierzo,
la Mejana o Traslapuente.

Muchas fiebres evitaron
la chaqueta y el clarete…
Por no hablar de los revueltos
del kiosko y del anisete.
Y qué decir de la boina:
lo mejor para ir caliente,
que ya lo advirtió mi abuela:
Por la cabeza y los pieses
entran bacterias, microbios,
calenturas, hongos, herpes,
infecciones genitales
y lo mismo hasta el Alzheimer”

Así que a aplicarse el cuento,
ya saben vuestras mercedes:
hoy toca boina, chaqueta,
chistorra, membrillo y nueces.
Id, pues, ahuecando el ala,
que pronto serán las nueve
y si no movéis vosotros
no me han de dejar moverme
y me he de acabar quedando
tiesica como un chupete.

Pero quietos un momento…
que antes que el acto se cierre
y aprovechando este rato
que estáis aquí tanta gente
¿Alguien sabría decirme
qué hostias pasó con la fuente?



Inmaculada Benítez
Tudela, 27 de Noviembre de 2015




Entradas relacionadas:
Pregonero de noche (2014)
Boina y elástica tudelanas. Pregones precedentes (2011, 2012 y 2013)

viernes, 6 de noviembre de 2015

El libro del zorro




Mamá le había regalado por su cumpleaños aquel libro, tan necesario para su educación, en el que un tal Esopo, afamado fabulista, daba a conocer la habilidad de su madre para lograr hacerse con el queso de un fatuo cuervo. El librito daba comienzo con un capítulo en el que se enseñaba a los pequeños zorros como él, cómo saber cuándo las uvas estaban verdes.


Felipe Tajafuerte
2015


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