| Maqueta de Delfos |
Viajamos desde Madrid en un avión de Aegean Airlines, donde nos sirvieron la poco apetitosa comida que se facilita en los vuelos. Poco después, aterrizamos en el eropuerto de Eleftherios Venicelo y, a través de la autopista Attiki Odos, nos plantamos en Atenas, en el hotel situado junto a la Plaza Karaiskaki. Esa misma tarde, antes de la cena, tomamos unas cervezas en el barrio de Plaka, viendo pasar una manifestación en la que marchaban hermanados componentes de la coalición griega SYRIZA, que lidera Tsipras, y del partido español Podemos, cuyo secretario general, Pablo Iglesias, había viajado en el mismo avión que nosotros.
| El Partenón desde la terraza del hotel |
Por la noche, después de cenar, disfrutamos, desde la terraza del hotel, en compañía de unos gin tonics, de unas vistas increíbles de la Acrópolis con el Partenón iluminado.
| Al fondo, el Parnaso |
A la mañana del día siguiente, con un día diáfano y luminoso, iniciamos nuestro periplo en dirección a Delfos. Fuimos dejando atrás el monte Parnaso y la llanura de Maratón, atravesando algunos pueblos turísticos, internándonos en la orografía montañosa de la Fócida hasta llegar a ese sitio maravilloso, donde las leyendas juegan al escondite con la naturaleza.
| Museo Arqueológico de Delfos |
Allí se encuentra el santuario de Apolo, dios de la belleza y de la música, que era considerado en el mundo griego como el centro del universo. Iniciamos la visita al Museo Arqueológico, en cuyo interior pudimos admirar unos cuantos frisos, amén de una colección impresionante de esculturas.
| Detalle de uno de los frisos |
Entre ellas se encuentran la estatua de Antinoo, el bello amante de Adriano, la Esfinge de los Naxios, los Gemelos de Argos, las Danzarinas y el Auriga de Delfos. También examinamos la copia del ónfalos u ombligo del mundo, que representaba la piedra que depositó Zeus en Delfos, el centro de la tierra, según uno de los cantos de Píndaro.
| El Auriga de Delfos |
Salimos al exterior e hicimos un recorrido por el gran espacio del santuario, en el que cada piedra nos hablaba de la extensa mitología griega. El paseo era un tanto exigente por lo empinado de los desniveles.
| El terreno es abrupto |
Fuimos pasando por los diversos tesoros que eran unas pequeñas capillas con exvotos. Llama la atención sobre todos ellos el reconstruido de los atenienses.
| Tesoro de los Atenienses |
Mientras descansaba del esfuerzo, contemplé el espléndido panorama montañoso de la Fócida, desde lo alto del graderío del teatro, al pie de los picos Frediales. Se acercaba la hora de la pitanza sin que la pitonisa diera señales de vida para interpretarnos el oráculo de los dioses. Con toda seguridad, había marchado para Atenas con el fin de aclarar al resto de los mortales el resultado de las elecciones que iban a tener lugar al día siguiente.
| Graderío del teatro |
En el mismo pueblo de Delfos, comimos en un restaurante típico griego, en el que degustamos unos excelentes platos tradicionales, además de los populares loukoumades, una especie de buñuelos o bollos con miel.
| El teatro y las montañas de La Fócida |
Continuamos nuestro viaje a través de Grecia Central hasta llegar a la región de Tesalia. Era ya la hora del crepúsculo cuando hacíamos nuestra entrada en Kalambaka, a los pies de Las Meteoras, donde íbamos a pernoctar. Después de la cena, salimos a dar un paseo por las animadas calles de la turística población, aprovechando para comprar algún souvenir y descansar de largo viaje en una de las numerosas terrazas, disfrutando de una agradable noche del otoño recién estrenado.
| Kalambaka desde San Esteban, en Meteora |
Los brazos de Morfeo nos reclamaban insistentemente y no era cuestión de defraudarlo porque al día siguiente nos esperaba otra dura jornada de viaje, una vez visitados los monasterios de Meteora. Pero esto ya es otra cuestión que trataré en otro momento. ¡Buenas noches!






