viernes, 18 de enero de 2013

Dando una vuelta



La mañana está gélida. El viento no es muy fuerte pero hace que el frío se introduzca hasta los huesos. Hemos salido al encuentro de nuestros hijos. Caminamos por las calles suficientemente abrigados, yo bufanda al cuello y guantes enfundados, amén de la boina bien calada. Como la mayoría de los escasos viandantes que pululamos por la ciudad, nos dirigimos al Paseo del Prado para contemplar la crecida del Ebro.


"Aldragueando" el río
El nivel del agua ha subido cubriendo la parte baja del paseo y el embarcadero, pero sin tomar un sentido alarmante. Está muy lejos de la última gran avenida de nuestro río, la de hace ahora tres años en la que todo el paseo resultó inundado. Tenemos espectáculo sin que se hayan ocasionado daños.


Alguno se arriesga para salir en la foto
Tomo algunas instantáneas, no muchas porque tengo guardadas las de aquel año. Nos topamos con caras conocidas aguantando el frío y "aldragueando" la situación fluvial.  Acompañado de mi yerno me encamino hacia el embarcadero para hacer unas fotos obviando la cinta de protección colocada por la policía local. Nos salen al paso un cámara y un reportero de TVE que nos requieren para responder a unas cuestiones para ellos. Rechazamos la oferta y continuamos. Con una entrevista a la semana basta.

La tele no se lo pierde

Satisfechas mis aficiones fotográficas, tornamos y nos dirigimos en dirección a la Plaza Nueva puesto que hoy es el día de San Antón y habrán puesto la cruz para que los animales, sólo los de cuatro patas, den las tres vuelticas. 

El embarcadero sumergido

Al llegar comprobamos que está prácticamente desierta. La cruz de madera, junto a la puerta de la iglesia, se ve muy solitaria. A su lado, al amparo de los porches, el puesto donde se venden los boletos para la rifa del lechón exhibe su extraordinario muestrario: chorizos, salchichas, chistorra, tocino, morcillas, jamón e incluso la cabeza entera del cerdo. 

Las terrazas desiertas

Vamos hacia el Quei para tomarnos un café que nos reconforte. Las terrazas de los bares de la plaza, con sillas y mesas buscando un sol fugitivo, proclaman la ausencia de clientes.  Cuando salimos el panorama ha variado muy poco.  Un par de personas tratan de que sus perros completen las tres vueltas haciéndose acreedores a la obtención del correspondiente certificado. 

¿Verdad que sonríe?

Nos despedimos de los hijos y nos marchamos hacia casa no sin antes adquirir unos boletos para el sorteo de esas muestras tan apetitosas. La cabeza del gorrino parece sonreir desde su sitial cuando hago el pago de las participaciones.

sábado, 12 de enero de 2013

Tudela televisión

Ni fue la noche de Santiago, ni me llevé a nadie al río, tampoco se apagaron los faroles, y mucho menos se encendieron los grillos, pero sí que fue casi por compromiso.

Un compañero de junta de la cofradía de la que soy el tesorero, me rogó le acompañara, junto con el Hermano Mayor, a una entrevista que le iban a hacer en Tudela televisión con motivo de la concentración de bandas de tambores que va a tener lugar en nuestra ciudad el próximo mes de marzo. Accedí no muy convencido, dicho sea de paso, por un sentido de solidaridad y lealtad con mis compañeros.

Solamente había estado en los estudios de TVE en mayo del 72 en una visita turística y tengo un vaguísimo recuerdo. Los de Tudela TV están situados en los bajos del número 6 de la Cuesta de Loreto. Penetramos en un local de unos 100 m2., pintado totalmente de color blanco, con unos paneles con los anagramas de la emisora y otros de carácter deportivo. En primer término un espacio donde había una serie de monitores, mezcladores y otros aparatos desconocidos para mí, además de dos o tres cámaras de estas para salir a la calle, de las  que se llevan al hombro. En segundo término lo que podríamos llamar plató, bien iluminado, con el techo insonorizado con unas planchas negras que me parecieron de caucho con una especie de burbujas. Una mesa, cuatro sillas ya preparadas y una cámara con su trípode. Todo muy funcional y sencillo como corresponde a un negocio modesto.

Aquí se encuentra Tudela TV

Nos recibió Miguel Chueca, propietario junto a su esposa de la empresa, iniciando una charla donde, tras las presentaciones, nos fue informando de sus entresijos. Como primerizos estábamos un tanto nerviosos, pero él nos fue infundiendo tranquilidad y confianza. A los pocos minutos apareció su esposa Isabel Litago, alma mater de la compañía, presentadora y gerente de la misma. Nos fue preguntando detalles de nuestra organización tomando cumplida nota de todo para luego hacernos la correspondiente entrevista ante la cámara. Según sus propias palabras se trata de una empresa familiar, compuesta  solamente por ellos dos, que se lo guisan y se lo comen, prácticamente sin ayuda de nadie, con bastante acierto.

Están en esa profesión desde hace algo más de quince años, emitiendo en las televisiones locales de las vecinas poblaciones de Buñuel y Ribaforada, bajo la plataforma de ONO, con gran satisfacción para ellos y para los vecinos de esas localidades. Desde hace tres o cuatro meses han comenzado sus emisiones en Tudela y esperan que podrán ser vistos en toda Navarra en el mes de febrero o marzo. Luchan denodadamente por equilibrar su presupuesto mediante la publicidad de anunciantes del entorno y cubren con empatía cuantos  acontecimientos de La Ribera tienen un mínimo interés, gozando del beneplácito de cuantos perciben diariamente su señal durante las dos a cuatro horas de emisión.

Pasamos al plató propiamente dicho, nos colocaron unos pequeños micrófonos junto al cuello,  Miguel se puso tras la cámara e Isabel se sentó junto a nosotros. Una pequeña prueba y dio comienzo la entrevista. Al principio algo titubeantes, pero en el transcurso de la misma nos fuimos acomodando. Fue un diálogo distendido en el que nos olvidamos de la cámara. Finalizó sin habernos dado cuenta y duró exactamente diecinueve minutos.

Aquí estamos durante la entrevista

Volvimos a charlar nuevamente de sus ilusiones y proyectos a pesar de la situación. Tanto Isabel como Miguel son encantadores y trasmiten un entusiasmo desbordante y contagioso por su trabajo. Se nota que disfrutan con él y saben lo que llevan entre manos, lo que quieren y hasta donde pueden llegar sin internarse en aventuras descontroladas. Son optimistas y están convencidos de que el futuro pasa por lo que ellos realizan.

En cierta medida comparto su opinión al constatar la calidad de lo que se ve en gran parte de nuestras televisiones. Les deseo, con toda mi simpatía y admiración por el trabajo que realizan, que alcancen en nuestra ciudad el éxito que dicen tener en los pueblos donde están establecidos. Que el proyecto no se venga abajo y podamos ver durante mucho tiempo Tudela televisión.



P.S. Los curiosos puede clicar aquí

martes, 8 de enero de 2013

Rafael Moneo Vallés

El pasado día cinco finalizó el periodo de tiempo dedicado por el consistorio de nuestra ciudad a homenajear a este prestigioso arquitecto. Es mi deseo adherirme con esta pequeña aportación escrita al nutrido grupo de tudelanos que sienten una rendida consideración hacia su paisano. Entre los diversos actos organizados con este motivo, en la Casa del Almirante han permanecido durante un par de meses dos exposiciones con el fin de acercar la obra de Moneo a sus conciudadanos.

Rótulo a la entrada de la exposición

La primera de ellas, "Una mirada a la obra de Rafael Moneo", consta de una veintena de fotografías correspondientes a obras de Rafael Moneo en Madrid, Navarra, País Vasco, La  Rioja, Aragón etc. firmadas por el acreditado fotógrafo Carlos Cánovas en las que se manifiesta una visión muy personalizada de ellas, realizadas en blanco y negro y en pequeño formato. 

La segunda exposición "Rafael Moneo, Príncipe de Asturias de las Artes" muestra una serie de fotografías de las obras emblemáticas del arquitecto navarro en todo el mundo, dando énfasis al Kursaal de San Sebastián y a la ampliación del Museo del Prado de Madrid, de las que incluso están las dos maquetas originales.

Exposición en la Casa del Almirante

A finales de noviembre tuvo lugar una conferencia impartida por Alfonso Verdoy Blanco que disertó sobre "Rafael Moneo y Tudela en los años 50" y en diciembre otra del también arquitecto Manuel Blasco sobre el edificio de la Real Casa de Misericordia de Tudela, a las que me hubiese gustado asistir, pero no me fue posible por encontrarme durante esos días ausente de la ciudad.

Real Casa de Misericordia de Tudela

José Rafael Moneo Vallés nació en Tudela el 9 de mayo de 1937, por lo que cuenta actualmente 75 años de edad. No voy a descubrir aquí los méritos y premios alcanzados por mi paisano que son harto conocidos como para incidir sobre ellos. El último concedido ha sido el Príncipe de Asturias de las Artes. No pretendo, por tanto, hacer su panegírico ni escribir su biografía puesto que todo ello está al alcance de cualquiera mínimamente interesado. 

Colegio Elvira España de Tudela

De sus obras solamente conozco, además de las que tiene en su ciudad natal, las del Kursaal y ampliación de Museo del Prado, reseñadas anteriormente, la estación de Atocha de Madrid, unas viviendas en la plaza de Santa Teresa en Ávila, el Archivo General de Navarra en Pamplona, la ampliación de la plaza de toros de ésta y el Museo de arte Romano de Mérida. Éste último junto al claustro de los Jerónimos y Atocha me causaron una honda impresión, sobre todo a causa de la luz interior de estas edificaciones.   

Paseo del Queiles de Tudela

Las obras de las que es autor en Tudela son el Colegio Elvira España, la citada Real Casa de Misericordia, el Paseo del Queiles y un edificio en la calle Miguel Eza. En proyecto, la futura casa de cultura y el nuevo barrio de Gardachales.

Aquí se ubicará la futura Casa de Cultura de Tudela

En muy contadas ocasiones he coincidido con él. Recuerdo la última, un veintiséis de julio del año 2000, en la procesión de nuestra patrona Santa Ana, a la que, pañuelico rojo al cuello y vela con ramo de albahaca en la mano, tiene por costumbre acudir todos los años. Por puro azar, hice el recorrido cerca de él y guardo una fotografía que nos tomaron, más bien se la hicieron a él, en la que aparezco junto al constructor César Milagro y a los arquitectos Rafael Moneo y Manuel Blasco. Me pareció un hombre muy educado, amable y un tanto tímido, que padecía con una sonrisa los asedios de la prensa. 

De dcha. a izda.: Manuel Blasco, Rafael Moneo, César Milagro y yo

Recuerdo también en la visita que realicé días antes de la apertura al público de la ampliación del Museo del Prado de Madrid, la devoción con la que los estudiantes de arquitectura, cicerones voluntarios en esa visita, hablaban del "maestro". Daba la impresión de que, para ellos, Moneo era un dios, tal era el entusiasmo con el que nos mostraban su obra.

Cuenta un arquitecto, cuyo nombre desconozco, que coincidió con Rafael Moneo en la inauguración del comedor de la Hospedería de Guadalupe, siendo un joven maravillado por el maestro. Tuvo la ocasión de quedarse a solas con él y, un tanto vacilante en su osadía, le manifestó su desacuerdo con la polémica pasarela y la errónea ubicación de los servicios. Le respondió, según sus palabras, con la humildad de un grande. Con elegancia y serenidad le dijo que, evidentemente, discrepaba de él, pero que era para tenerlo en consideración. 

Esta anécdota muestra la calidad humana de este hombre insigne, reconocido universalmente, que hace que muchos tudelanos sintamos ese cosquilleo agradable que implica ser paisano de una persona que ha alcanzado la cumbre en su profesión y se ha hecho acreedora de los mayores elogios y dignidades académicas del mundo entero.

jueves, 3 de enero de 2013

Niñas, ¡al tren!


En la estación del ferrocarril la cafetería y la librería cerradas, faltan los paneles informativos y los monitores no funcionan. La crisis hace estragos. El tren sale a la hora prevista en este día soleado y frío, tal como la previsión meteorológica lo había vaticinado. Leyre y Nerea, sentadas junto a nosotros, peinan incansables sendas muñecas mientras vemos desfilar a través de la ventanilla los postes del telégrafo. Hace calor en el vagón. En los asientos contiguos unas señoras observan sonrientes el laborioso quehacer de nuestras nietas. El Moncayo, tocado de blancas guedejas, se va quedando retrasado mientras el tren se mece al ritmo metálico que imprimen las ruedas sobre los raíles. Ribaforada, Cortes, Gallur... las paradas se vienen sucediendo inexorablemente.

Se intuyen los meandros por los que el cauce del Ebro serpentea oculto por la hilera de chopos tras la línea argéntea del Canal Imperial. Nuestras nietas han trocado las muñecas por unas bolsas de chucherías a base de extrusionados de maíz. Luceni, Pedrola, Cabañas de Ebro... el tren continua su trayectoria impertérrito, disociando extensas plantaciones de brécol. Alagón, Casetas, Utebo y, por fin, Zaragoza. Cerca de una hora para recorrer los escasos ochenta kilómetros que separan Tudela de la capital maña. Pero no tenemos prisa ninguna. Hemos iniciado este viaje para que las niñas disfruten de este medio de transporte hasta ahora inédito para ellas.

Estación de Delicias, Zaragoza

Al salir de la estación somos testigos del fiasco del teleférico de la Expo 2008, donde unas inmóviles cabinas conectan la ruina con el despilfarro. Al fondo, al otro lado del río, las escamas plateadas de la Torre del Agua, pabellones desiertos y algún hotel inconcluso.

Telecabinas y Torre del Agua

El conductor del autobús urbano me resalta el gran favor que me hace al admitirme los diez euros que le entrego en pago de los cinco que cuestan los billetes, dándome como vuelta los cinco que le había pagado el viajero anterior y haciéndome sabedor de que este gesto altruista lo realiza porque quiere. Le agradezco que no me deje ir a pie hasta el centro de la ciudad con dos criaturas de dos y cuatro años.

En el taller de plastilina

Sufro la pésima información facilitada a los ciudadanos. El autobús que, según los paneles informativos,  debiera parar en la Plaza del Pilar no va hasta allí. Esa zona es en la actualidad peatonal y por allí circulan los nuevos tranvías. Digo nuevos porque, poco tiempo después de hacer yo el servicio militar en Zaragoza, eliminaron las vías de los tranvías quedando suprimido este servicio y sustituido por el de los autobuses urbanos. Ahora han vuelto a ponerlo de nuevo en funcionamiento. Hacer y deshacer, todo es quehacer.

En la plaza del pilar, espantadas las palomas

Al menos las niñas pasaron un buen rato viendo los patos en el Ebro sin ser conscientes, a pesar de nuestra advertencia, que ese es el mismo río que tenemos en casa. Formaron figuritas con plastilina en un tenderete de la plaza, persiguieron a las esquivas palomas y recorrimos un gran belén de piezas de tamaño natural allí instalado. También hicimos la inevitable visita a la Virgen del Pilar. Dado su cansancio, decidimos sentarnos, tomar un tentempié en un bar y marchar hacia la estación.  

Visita a la Pilarica

El tren que nos va a llevar de vuelta es un Intercity en lugar de un Regional y no hace ninguna parada hasta Tudela. Esto nos causa satisfacción y tranquilidad. No obstante, como se suele decir, ¡qué poco dura la alegría en casa de los pobres! El tren tomó la salida y a los doscientos metros se detuvo, se apagaron las luces y se oyeron unos ruidos un tanto extraños. Treinta y cinco minutos parados tratando de entretener a nuestras nietas. Como desean inspeccionarlo bien lo recorremos de cabo a rabo.

Reanudamos el viaje sin más explicaciones que la de haberse subsanado una avería técnica. A a pesar de estos pequeños contratiempos, el día ha resultado provechoso y les ha proporcionado una experiencia muy grata a juzgar por la sonrisa de oreja a oreja que lucen cuando llegamos a nuestra ciudad. Todavía tienen ganas de ir a los columpios. ¡Son incansables!

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