miércoles, 31 de octubre de 2012

Escapada a Zamora


"No se ganó Zamora en una hora". Proviene este antiguo dicho del asedio que sufrió la ciudad en 1072  por parte del rey Sancho II de Castilla que quiso despojar de esta ciudad a su hermana Doña Urraca, a quien su padre Fernando I había entregado su señorío. La población resistió heroicamente el cerco durante casi siete meses, Sancho II fue traicioneramente asesinado por Bellido Dolfos y Doña Urraca acabó entregando la ciudad a su otro hermano Alfonso VI. Este episodio dio comienzo al Poema del Mio Cid.

Sin embargo, a Zamora le bastó menos de una hora para cautivarnos a nosotros. Salimos de Cáceres dejándoles una lluvia fina que fue desapareciendo conforme desgranábamos kilómetros por la Vía de la Plata. Hicimos un alto en Béjar para dar un paseo por su calles aprovechando el sol que comenzaba a acompañarnos. Llegamos a Zamora a una muy buena hora para comer. Nos hospedamos en un bonito hotel del la Plaza del mercado, que rápidamente constatamos su envidiable situación para nuestros propósitos.

Calle Balborraz desde la Plaza Mayor
Tras un breve descanso después del almuerzo, provistos de un plano facilitado en recepción, salimos dispuestos a tomar contacto con algunas de las abundantes iglesias románicas distribuidas a lo largo y ancho de su recinto histórico. Constatamos que un gran número de ellas podían ser visitadas pero unas tenían el día de descanso el lunes y otras el martes, los dos días que teníamos previsto pernoctar en la ciudad. Era cuestión de organizarse. No fueron románicas las primeras en cuyo interior penetramos, la barroca de San Torcuato y la del convento del Tránsito que, no obstante su ábside neogótico,  por la sobriedad y sencillez es un ejemplo del clasicismo zamorano.  

Atrio del Convento del Tránsito
El martes fue un día completo en el que después de desayunar iniciamos nuestro recorrido. Ante nuestros admirados ojos fueron desfilando una tras otra la maravilla de estas iglesias. Unas solo exteriormente, otras disfrutando de los detalles de su interior. Santiago del burgo, San Esteban, San Antolín, San Vicente, San Juan de Puerta Nueva, La Magdalena, San Pedro y San Ildefonso, San Isidoro, cuyo interior solo se puede visitar los viernes y sábados, para acabar la mañana en la impresionante catedral con la cúpula recubierta de pétreas escamas.

Interior de Santiago del Burgo

Santiago del Burgo


San Esteban


Portada de San Vicente



Interior de San Pedro y San Ildefonso

San Pedro y San Ildefonso


San Isidoro

Realizamos una exhaustiva visita a la seo admirando sus hermosas capillas, sus tapices, las filigranas de sus enrejados, los excepcionales relieves del coro, la singularidad de la sillería del mismo, la impresionante cúpula del transcepto y, una vez en el exterior, la espectacular puerta del obispo y el macizo campanario.


La catedral

Interior de la catedral
Después de comer descendimos atravesando el Arco del obispo, cercano a la casa del Cid, hacia el Duero. En un banco nos sentamos contemplando con placidez el espléndido puente de piedra. Ascendimos de nuevo por el mismo lugar, al pie de las murallas, y visitamos el castillo. Pasamos por el Arco de la Lealtad, antes de la Traición, por el que dicen penetró en la ciudad Bellido Dolfos perseguido por el Cid Campeador.

El puente de piedra sobre el Duero

Torre y cúpula de la catedral desde el castillo

El castillo

A continuación nos acercamos al Museo de la Semana Santa, cercano a la iglesia de Santa María La Nueva. Si las imágenes de sus pasos causaron nuestra admiración, las peanas de los mismos nos sorprendieron con el minucioso y esplendoroso trabajo realizado por los ebanistas en esas nobles maderas.

Santa María la Nueva

San Cipriano

En la penumbra se adivina la belleza de San Cipriano
Dejamos atrás la Plaza de Viriato con el monumento a éste caudillo y por el mirador de San Cipriano, junto a la iglesia del mismo nombre que se encuentra en obras de restauración,  descendimos hasta la Plaza de Santa Lucía donde se encuentra la iglesia homónima y el Palacio del Cordón sede del Museo de Zamora. Proseguimos hasta Santa María de la Horta, cuyo interior visitamos, dejando atrás la abandonada de San Leonardo y por la zigzagueante cuesta Piñero accedimos a San Andrés, junto al seminario, que también se encontraba cerrada este día.

Santa Lucía, detrás San Cipriano

Santa María de Horta

Interior de Santa María de Horta
Además de numerosas iglesias hemos contemplado espléndidos edificios como el antiguo ayuntamiento en la Plaza Mayor, sede de la policía municipal, el palacio de los Condes de Alba de Liste, hoy parador nacional, el Palacio de los Momos donde se ubica el Audiencia de justicia, el palacio del Obispo y algunos edificios modernistas.

Antiguo Ayuntamiento

Palacio de los Momos

Edificio modernista
Aunque ya estábamos rendidos nos dirigimos, como el día anterior, a la zona de Los lobos, calles entre las de Santa Clara y San Torcuato, donde en medio de un gran ambiente se puede dar cuenta de unas cervezas para acompañar las excelentes y abundantes raciones de chipirones a la plancha, oreja, callos, bacalao, cachuelas (mollejas) etc. que hacen las delicias de la concurrencia. Aunque en la comida habíamos degustado un contundente y colorido arroz a la zamorana, regado con un vino de Toro más que aceptable y estábamos un tanto ahítos, a pesar de ello, hicimos los honores a la oreja y los callos.

Por la mañana, antes de nuestra marcha y después de un desayuno de chocolate con churros en un establecimiento próximo al hotel, descubierto el día anterior, comenzamos nuestro deambular para visitar el interior de las iglesias que nos habían quedado pendientes: San Juan de Puerta Nueva, rematada por la efigie del Peromato y sustentada por dos grandes arcos longitudinales; de la Magdalena con su magnífica portada y su sobriedad y verticalidad interior y la delicia del sepulcro del lado norte; San Cipriano, la más hermosa a nuestro parecer, con su precioso ábside, sus pinturas, su bóveda de madera y sus arcos ojivales; y la extraña San Andrés con un retablo en el centro del templo flanqueado por dos arcos de medio punto, uno a cada lado, que dan paso a sendas naves cuyas cabeceras adornan dos grandes retablos barrocos. 

San Juan de Puerta Nueva

Interior de San Juan de Puerta Nueva

Portada de la Magdalena

Interior de la Magdalena en penumbra

Detalle del sepulcro en la Magdalena

Tras este recorrido final tomamos el coche y salimos en dirección a Tudela por la autovía del Duero. Nos restaban algo más de cuatrocientos largos kilómetros hasta llegar a casa después de estos dos días luminosos en los que hemos disfrutado del grato ambiente de esta pequeña y tranquila ciudad. Dos días intensos durante los que nos hemos empapado del románico imperante, pero también hemos saboreado la buena restauración zamorana y hemos sido testigos privilegiados de la amabilidad de sus gentes. Todo ello nos hace calificar a Zamora como una ciudad altamente recomendable para una pequeña escapada. 


sábado, 27 de octubre de 2012

Encuentro con Esteban




Me hallaba sumergido practicando fotografía submarina, mi afición favorita. Intuí su enorme presencia cuando los peces de colores se mudaron al blanco y negro. Una banda de tonalidad morada le cruzaba el pecho con estas palabras doradas impresas: "Esteban, tus compatriotas no te olvidan".

- En realidad mi nombre no es Esteban, dijo con humildad al ver mis ojos clavados en la cinta, sino Lautaro y soy apátrida, pero fueron tan amables en el pueblo, cuando aparecí por allí ahogado, que no quise llevarles la contraria.

Felipe Tajafuerte
2012
(Apéndice al cuento de Gabriel García Márquez El ahogado más hermoso del mundo

lunes, 22 de octubre de 2012

Reconciliación


     
Sumido en amargura pertinaz,
envíame tu aroma conocido
hasta el abismo negro del dolor.
Reduce la penumbra de tu faz.
Renazca tu color
sereno. Trabajemos por la paz
y olvidemos agravios sin rencor.
No dejemos posar en el olvido
la trémula fragancia del amor
en quimeras perdido.


Felipe Tajafuerte
2012

jueves, 18 de octubre de 2012

Obanos, la del misterio


Llegamos al pueblo de Obanos donde algo más tarde tenemos prevista la comida. Junto a la iglesia neogótica de San Juan Bautista, nuestra guía nos va informando del acontecimiento más relevante de la villa: el misterio de Obanos. No se trata de ningún secreto celosamente guardado sino de una especie de auto sacramental surgido en el año 1965 basado en el mito de San Guillén y Santa Felicia. Se representaba todos los años hasta que tras la función de 1977 se suspendió. En 1993 tuvo lugar una nueva exhibición durante los Festivales de Navarra. No volvió a hacerse hasta los años 1999 y 2000 y en éste último se tomó la decisión de programarlo con una cadencia bienal. Así fue hasta 2010 en que dejó de representarse por falta de patrocinadores. Hasta aquí la información oficial. El misterio contaba con más de seiscientos actores, casi todos del pueblo, se utilizaban más de mil doscientos trajes de época, había que montar decorados y gradas en la plaza donde se escenificaba, contratar el sonido, tener muchos ensayos etc. y los actores del pueblo tienen sus ocupaciones, hijos o nietos a los que atender. En definitiva costaba un pastón y mucho trabajos, esto unido a la ausencia de patrocinadores, debido quizá a la crisis que nos atormenta, han hecho que en la actualidad solamente se representen alguna escenas de la obra en la iglesia de San Juan.


Iglesia de San Juan Bautista

Cuenta la leyenda que Felicia era una bella princesa de Aquitania a quien su padre había prometido en matrimonio a un rico mercader. Esto no fue del agrado de la hija debido a que el tal pretendiente tenía tantos años como caudales, pero no encontraba la forma de eludir el compromiso. Tras largas noches de insomnio dio con la manera de posponer los esponsales realizando un largo viaje. Dio a conocer que había ofrecido al apóstol Santiago peregrinar hasta su sepulcro en Compostela y solicitó el preceptivo permiso de su progenitor que accedió a regañadientes.

Partió la heredera con un gran séquito de caballeros y doncellas con la esperanza de que a su regreso su prometido hubiera pasado a mejor vida. A su regreso, al paso por Obanos, dicen que tocada por el Apóstol, envió de vuelta a todos  sus acompañantes y decidió quedarse en el pueblo para trabajar como una simple sirvienta ayudando a los pobres. El padre montó en cólera y ordenó a su hijo Guillén salir en búsqueda de Felicia para hacerla regresar por las buenas o por las malas. Éste logró encontrar a su hermana y trató de hacerla entrar en razón para que accediera a los deseos de su padre. Ella se negó, discutieron acaloradamente y Guillén, exasperado, ofuscado por la ira, le asestó varias puñaladas que arrebataron la vida a la infortunada.   Pasado el momento de furia, se dio cuenta del horrendo fratricidio cometido y, arrepentido, marchó hacia Santiago de Compostela. Un cura le hizo saber que para alcanzar el perdón de Dios y de sí mismo, debería convertirse en ermitaño en un lugar que él mismo eligiera para ayudar a los peregrinos. Decidió hacerlo en un sitio cercano a Obanos, en Arnotegui, donde se erigió una ermita. Allí vivió santamente, socorriendo a los caminantes hasta que los sarracenos lo decapitaron.

Felicia, tenida por mártir, fue enterrada en la iglesia de Amocáin, pero una mañana en su tumba floreció un clavel blanco. Abrieron el sepulcro y, siguiendo el consejo de un obispo, pusieron su cuerpo incorrupto en un arca de roble volviéndola a enterrar. Al día siguiente el arca, desaparecida de la iglesia, se encontró en un campo y no la pudieron mover para volverla a su lugar. El obispo volvió a ordenar que la pusieran sobre una mula para llevarla al lugar que fuera elegido por Dios mediante este animal. El féretro se volvió ligero y el cuadrúpedo se puso en marcha hasta quedar exhausto a las puertas de la iglesia de Labiano (Navarra). Fue inhumada en esta población y allí se conserva el supuesto cuerpo de Felicia.

Esta es la leyenda de San Guillén y Santa Felicia que se refiere en el Misterio de Obanos, y que, paradójicamente, ninguno de los dos figura como canonizado por la Iglesia.


Arco de entrada a la plaza

En este este lugar de Obanos, en el siglo XIII, se reunían frecuentemente los infanzones de Navarra para hacer frente a los abusos de los monarcas. Sus componentes, la pequeña y mediana nobleza, procedían de cinco comarcas, entre ellas La Ribera, tomaron el nombre de Junta de infanzones de Obanos y su lema era Pro libertate patria gens libera estate, es decir, Para la libertad de la patria la gente debe ser libre.

Existía en el paseo de Invierno de Tudela un monumento a los Fueros en el que estaban inscritas esas mismas palabras. Ese monumento desapareció hace algunos años a consecuencia de la remodelación del citado paseo para tratar de conseguir un aspecto más semejante al primitivo.

domingo, 14 de octubre de 2012

Un día en el parque

Decidimos acompañar a nuestros hijos que habían programado pasar el día en el parque Sendaviva y disfrutar observando a nuestras nietas en plena diversión, al mismo tiempo que curioseamos este lugar de esparcimiento desconocido para nosotros a pesar de encontrarse a tan solo 25 kilómetros de Tudela. Salió un día veraniego con un sol esplendoroso y temperatura moderada que incitaba a gozar de la naturaleza en este parque situado en una de las entradas de las Bardenas Reales de Navarra.


Una vez estacionado el coche, nos dirigimos por un camino pavimentado, entre árboles, caballos, cabras y vacas hasta llegar a las taquillas. Tomamos los tickets y penetramos en una plaza que simula la de un pueblo donde hay una  tienda, albergue, cafetería, un establo en una de cuyas paredes hay un frontón, servicios, parque infantil y una mansión encantada. En el apeadero tomamos un trencillo que, tras un breve trayecto, nos sitúa en la feria.

Un ánade posa ante nosotros
Un perrito de la pradera nos mira con curiosidad
En primer plano, una glorieta con un estanque en el que unos ánades muestran orgullosos su colorido mientras en los aledaños unos perritos de la pradera nos miran con curiosidad. Hay todo tipo de atracciones para los niños: tiovivo, bicinoria, una pequeña caída libre, un pequeño circo, espejos de la risa, puestos de refrescos y chucherías, un laberinto acuático y un espacio que indica alfombras voladoras. Unas pequeñas máquinas de tren transportan su preciada carga infantil por un entramado de vías.  Leyre está como loca yendo de una atracción a otra. Nerea, con dos años y medio, no puede hacerlo en todas. Entre risas, nos hacen montar a mi mujer y a mí con ellas en los caballitos que suben y bajan.

 Ya no apetece internarse en el laberinto
Abandonamos momentáneamente la feria y tomamos la senda de los exóticos. Avestruces, cebras, canguros, ñandús, tigres y leones nos ven desfilar indiferentes. De aquí pasamos a la senda de los herbívoros donde machos cabríos, ciervos, rebecos y otras especies nos muestran orgullosos su cornamenta. Un rebeco en celo inicia la berrea en tanto unos enormes jabalíes ser revuelcan en el fango.

El rey de la selva está pensativo

Hay quien berrea
Faltan unos minutos para la una. Nos apresuramos y llegamos justo a tiempo para tomar asiento en el anfiteatro donde va tener lugar un espectáculo de rapaces. Es verdaderamente sorprendente contemplar a estas aves emerger desde lo más alto del cerro y tras un vuelo majestuoso lanzarse en picado sobre el señuelo situado en el centro del escenario natural que tenemos delante. Ante nosotros, durante media hora, van apareciendo todo un compendio de aves rapaces. Águilas, halcones, búhos, lechuzas y toda una serie de animales alados desfilan desde las alturas a requerimiento de los cuidadores. Causan verdadera impresión la fortaleza del águila real, los giros de cabeza de un enorme búho africano de Verreaux, la velocidad del halcón peregrino,  la habilidad del alimoche para romper los huevos con una piedra, la conocida figura del águila calva, la gran envergadura  del cóndor y del buitre leonado. Impone el ver estas aves que al salir de la montaña parecen diminutas y cuando las tienes a un par de metros te parecen colosales.  Los niños miraban embobados y con un cierto temor cuando  los animales pasaban muy cercanos a nuestras cabezas a requerimiento de los adiestradores situados entre el numeroso público. Es un espectáculo extraordinario, de gran calidad con una puesta en escena sonora impresionante. Había yo visto alguna exhibición de estos animales adiestrados, pero no de la altura de este.

El águila ha tomado tierra

El alimoche sopesa qué piedra coger
Finalizada esta demostración, nos dirigimos a un alcor en el que se encuentra la zona de la granja, para comer en el self service. Después damos un paseo viendo diversos animales de granja. Mientras tomamos café, mis nietas montan en los voladores. Descendemos de nuevo y tomamos la rampa mecánica que nos sitúa en la cima del cerro desde donde salían las rapaces. Vemos pasar raudos a ambos lados varios visitantes en unos deslizadores en sentido contrario. Llegamos a la cumbre, es la zona del bosque.

Tocando el cielo

La rampa mecánica y los deslizadores
Una nueva serie de atracciones nos espera allí. Una gran caída libre, el recinto de cuenta cuentos, un circuito de cochecitos eléctricos, una pequeña tirolina para niños y otro restaurante. Por una pasarela nos vamos a un mirador que, adentrándose sobre los pinos, nos muestra todo el parque a nuestros pies, en cuyo lago artificial destellan los rayos del sol. Al fondo, Tudela y el Moncayo surgen de la neblina.  Debajo tenemos las guaridas de los osos que remolonean perezosamente.

Lago del parque. Tudela y el Moncayo en la lejanía
Mi mujer y yo nos dirigimos al lado contrario, al gran mirador sobre la Bardena, mientras nuestras nietas van al cuenta cuentos. ¡Qué maravilla de paisaje! Se divisa todo: la Plana de la Negra, Tripazul, el Rincón de Bú, Sanchicorrota, La Ralla y el Rallón, Tres hermanos y el polígono de tiro, Castildetierra, Piskerra, el Cabezo de las Cortinas, Cornialto, La Estroza, el Vedado de Eguaras, el Plano e incluso se adivinan los Pirineos allí en lontananza.

Al otro lado de la valla las Bardenas Reales
Descendemos todos juntos por una zizgzagueante pasarela de madera entre pinos y animales , estos totalmente indiferentes a nuestro paso. Ya estamos de nuevo en la feria. Leyre y mi hija dan un paseo por el lago en una barca eléctrica en tanto que Nerea se pelea con una barquita de palas en un apartado de poca profundidad. Mi hijo y mi yerno están ya en el apeadero para tomar la camioneta que los subirá al punto de partida de la gran tirolina de 650 metros de descenso, la mayor de Europa.  Al poco tiempo los veo deslizarse a gran velocidad por encima de nuestras cabezas.

El último de la fila
El sol, ajeno a nuestros deseos, se va acercando al collado de la granja con aviesas intenciones de ocultarse. Ya no queda tiempo para otra de las grandes atracciones, el bobsleigh del que ya  no se distinguen los ocupantes de los trineos. La silueta de los últimos aventureros de la tirolina se recorta sobre el otero. El resto de atracciones han cerrado o lo están haciendo. Vamos caminando hacia el poblado. Las niñas están rendidas. La mayor va en la silleta de su hermana y la pequeña sobre los hombros de su padre. La salida, como es habitual, a través de la tienda. A pesar de los precios, picamos y compramos, además del dedal para la colección de mi mujer, unos pequeños peluches para la niñas.

Nos despedimos del parque
Sendaviva es un parque muy especial y apropiado para ir en familia con niños pequeños y no tan pequeños.  No es un parque temático pero abarca temas muy didácticos para niños de corta edad, sobre todo en la zona de la granja. No es un parque de atracciones pero tiene atracciones de todo tipo para mayores, medianos y los más pequeños. No es un parque zoológico pero tiene gran cantidad de animales, muchos de ellos exóticos y, sobre todo, entre sus espectáculos se encuentra uno de primer orden: el de las rapaces.  Todo ello hace que una jornada familiar en este lugar resulte tan agradable.

jueves, 11 de octubre de 2012

Puente la Reina


Después de nuestra visita a la ermita de Nuestra Señora de Eunate nos trasladamos a la cercana Puente la Reina, allí donde los caminos a Santiago se hacen uno solo, según reza un rótulo a la entrada junto a una efigie de Santiago. Nada más bajar de autobús nos topamos con la iglesia del Crucifijo. La fachada sur unida a un edificio anexo mediante un arco o pórtico delimitan claramente la ruta de los peregrinos hacia poniente. Partiendo de esta calle, llamada también del Crucifijo, recorriendo posteriormente la calle Mayor llegaremos hasta el puente que da nombre a esta villa, fundada por Alfonso I El Batallador a principios del siglo XII.

Iglesia del Crucifijo

La puerta de entrada a la iglesia se guarece bajo este arco-porche añadido en la reforma de la misma, que nos ha dado la bienvenida. Se trata de una puerta apuntada, con seis arquivoltas decoradas mediante ondulaciones, celdillas, volutas vegetales y figuras monstruosas y humanas. Entre ellas descuellan la incitadora figura de una mujer abierta de piernas y de un hombre que muestra burlón, entre las extremidades inferiores desnudas, un enorme pene a modo de trípode. Las columnas lucen abundante decoración en los fustes. Pasamos al interior y me sorprende que solamente consta de dos naves visiblemente distintas. 


El Crucifijo da nombre a la iglesia y a la calle

La primera de ellas, de origen templario, datada en 1146,  tiene una bóveda levemente apuntada y un  ábside de tambor con un ventanal central. Ha desaparecido el muro norte para edificar en su lugar unos arcos que comunican la nave original con la adosada posteriormente en el siglo XIV con el mismo esquema de la primitiva. En ésta, llama poderosamente la atención, situado en la cabecera, un gran crucifijo de madera policromada con forma de "Y", de origen germánico, que da nombre a la iglesia y a la calle.

La calle Mayor

Salimos al exterior y continuamos por la calle Mayor hasta llegar a la iglesia de Santiago, guiados por su esbelto campanario octogonal. Románica en origen, ha sufrido tantas modificaciones que que solamente quedan de la original las dos portadas. Trapasamos el atrio y contemplamos la puerta sur. Notablemente abocinada, consta de seis arquivoltas muy decoradas con esculturas en proceso de degradación y de muy difícil interpretación. Se apoyan en cinco pares de columnas con las aristas de las jambas imitando otras de menor grosor en cuya parte superior hay unas pequeñas cabezas. Atrae mi atención la arquivolta más interior con dobelas muy tabajadas que le confieren su morfología polilobulada.


Iglesia de Santiago

En el interior, espacioso, nada recuerda su origen románico. En el retablo barroco, a un lado, una imagen de San Bartolomé en piedra y, en el lado opuesto, una hornacina vacía donde estaba situada la de Santiago el Mayor llamado "Beltxa" por el color oscuro de su cara debido al hollín que la cubría cuando se encontró. A ambos lados del presbiterio dos jarrones chinos de la dinastía Ming. Antes de salir, me cuelo por el costado de una mampara que oculta la figura de Santiago "Beltxa" en restauración y hago un par de fotos constatando que ha desaparecido el hollín.

Santiago "Beltxa" en restauración

Ya en el exterior proseguimos hasta el final de la calle donde un torreón con un arco ojival da paso al puente. Desciendo por uno de los costados hacia una zona ajardinada para contemplarlo en toda su extensión. Es un puente románico magnífico, construido un siglo antes que la población, no se sabe con certeza si por la reina Doña Mayor, esposa de Sancho III El Mayor, o por la nuera de éste la reina Estefanía casada con García el de Nájera.  Mide ciento diez metros de largo con una calzada de cuatro de ancho.  


El magnífico puente románico.

Está formado por siete arcos de medio punto, uno de ellos oculto bajo el torreón de acceso, apoyado en recias pilastras con tajamares escalonados hasta el nivel de los pequeños vanos que aligeran la obra.  Estilizado y elegante es una obra importante, funcional y bellísima de la ingeniería del medioevo. El Arga, que fluye tranquilo entre sus pilares, conforma un espejo natural en que se duplican sus sillares centenarios dando la impresión de que se prolonga invertido hacia el lecho del río.

Arco que da acceso al puente

Abandono la zona  ajardinada, asciendo y paso bajo el arco del torreón recorriendo el puente en toda su longitud. A su término, estacionado en la carretera, nos espera el autocar que nos va a llevar hasta la cercana población de Obanos, donde nos espera un descanso para comer y un pequeño paseo por el pueblo.


Arranque del puente

Es aquí, en Puente la Reina, donde los peregrinos europeos que habían penetrado en la península por Somport (Huesca) y por Roncesvalles (Navarra) se unían para seguir por una ruta única que los situaría en Santiago de Compostela. Esta villa navarra nació y se desarrolló por y para los peregrinos y es una de las poblaciones del Camino con mayor sabor jacobeo.


A la entrada de Puente la ReinaAñadir leyenda

Acomodado en mi asiento, mientras veo alejarse la silueta del viejo puente, situado en pleno Camino de Santiago, medito en el privilegio que supone contemplarlo intacto a pesar de los años transcurridos y de los miles y miles de personas que han hecho lo mismo que yo: pisar estas piedras. Piedras que ven y han visto pasar, a lo largo de los siglos, a gentes de las más diversas procedencias con sus preocupaciones, sus desdichas y sus anhelos.

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