martes, 26 de abril de 2011

La Carrerita

¡Cuánto tiempo asistiendo año tras año a la Bajada del Ángel en Tudela! En esta ocasión no ha podido ser por encontrarnos a más de seiscientos kilómetros de distancia. Sentimos cierta nostalgia al recordar esos momentos tan emotivos para todos los tudelanos pero, dispuestos a superarla y disfrutar de los momentos presentes, nos dirigimos a Villanueva de la Serena, en la cercana provincia de Badajoz, donde se celebra un acontecimiento que si bien no es idéntico, sí que guarda connotaciones muy semejantes.

Llegamos al anochecer del día de ayer, sábado de gloria y aún nos dimos un paseo por la Plaza de España, lugar donde se celebrará el evento y por algunas calles adyacentes. Hoy, domingo de Resurrección, a las ocho y cuarto de la mañana, ya estábamos situados en la mencionada plaza, justo al lado del ayuntamiento, con el fin de presenciar en óptimas condiciones este acto.

Numeroso público se nos ha adelantado y ocupa ambos lados de la calle. Algunas personas incluso llevan escaleras de mano con el fin de ganar altura y tener una mejor visión. Hay un repique constante de campanas, los cohetes estallan por doquier en las alturas y la música popular extremeña alegra el ambiente sin cesar.

Se inicia la Carrerita (Foto de la red)

Entreteniendo la espera nos informamos. La Carrerita es un acto popular iniciado en el siglo XIX que organiza la Cofradía de la Virgen de la Aurora. Conmemora la alegría de la Madre de Jesús por la resurrección de su Hijo. Los que van a portar la imagen de la Virgen son elegidos a sorteo de entre los cofrades una hora antes, es decir que se trata de  un acto sin ningún entrenamiento previo.


A nuestra izquierda vemos la puerta de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, lugar por el que aparecerá la Virgen de la Aurora y a derecha se adivina la capilla de las Concepcionistas Franciscanas de la que saldrá la imagen del Resucitado.

Música, campanas y cohetes no cesan. Unas señoras con huchas petitorias nos ponen unas pegatinas y a cambio damos unas monedas para sufragar los gastos de la organización. Transcurre el tiempo que se nos hace eterno. Hay un movimiento de cofrades hacia la capilla de las Concepcionistas. A las nueve y cuarto, vemos al Resucitado que aparece dirigiéndose hacia nosotros. Se detiene cerca del ayuntamiento junto a la efigie de Pedro de Valdivia.

Encuentro alborozado 

En la puerta de la iglesia aparece y desaparece el pendón de la cofradía hasta tres veces. A la tercera sale la Virgen de la Aurora, portada en andas por diez personas. A una señal del pendón, los que portan las andas, precedidos de unos cuantos cofrades, inician una veloz carrera hasta el lugar en el que espera el Resucitado. Una vez allí, la imagen comienza una peculiar danza mezcla de saltos, vaivenes y balanceos de un lado a otro como muestra de la incontenible alegría por el encuentro con su hijo resucitado.

Suena la marcha real y unos vítores clamorosamente contestados emergen del balcón consistorial: ¡Viva el Resucitao!, ¡Viva la Virgen de la Aurora!, ¡Viva la Carrerita! Las dos imágenes inician una procesión en dirección a la iglesia a los sones de la jota extremeña. Se repiten los vítores y aclamaciones. La emoción de los villanovenses se palpa en el ambiente.

Se inicia la procesión


Desistimos de degustar los excelentes churros de la localidad ante las interminables colas para adquirirlos. Desayunamos unas muy buenas tostadas “catalanas” en una excelente compañía que se deshace en atenciones para con nosotros. Entre tanto, sigue la procesión de las dos imágenes por las calles, portadas en andas, acompasadamente a los sones de alegres pasodobles. Un espectáculo verdaderamente sorprendente.

De vuelta hacia Cáceres, todavía nos da tiempo para hacer un alto en Trujillo para conocer in situ la Fiesta del Chiviri. Estacionamos el coche y ascendemos la cuesta que nos lleva hasta la Plaza Mayor. Junto a nosotros, cuatro jóvenes transportan un pan de más de dos metros de largo.

-          - Buen bocata, les digo.
-          - Nos falta el jamón, ahora lo pondremos, me contestan joviales.

Numerosas personas llevan grandes bolsas con comida y bebida. Algunas de ellas van ataviadas con el traje regional.  Llegamos a la plaza. Nos recibe una multitud multicolor que se divierte al son de unos pasacalles interpretados por un conjunto musical en un escenario. La estatua ecuestre de Francisco Pizarro, impertérrita, preside la fiesta.

La plaza Mayor de Trujillo y el Chiviri
Permanecemos durante un buen tiempo inmersos en el ambiente festivo, hago algunas fotos y, con un cierto pesar, tomamos el camino de vuelta. En otras circunstancias, quizá nos hubiésemos quedado a pasar el día, pero debemos marchar, puesto que la familia nos espera  y tenemos que estar allí para la hora de la comida.

jueves, 21 de abril de 2011

Cristo Negro de Cáceres

Aprovechando nuestra estancia en tierras extremeñas a causa de un feliz acontecimiento familiar, decidimos dedicar algo de nuestro tiempo a conocer algunos aspectos de la Semana Santa de Cáceres. Uno de los eventos programados que inicialmente cautivó nuestra atención fue la procesión del Cristo Negro, programada para el miércoles día 20, a las 24 horas. Dispuestos a cumplir nuestros deseos, después de cenar, marchamos hacia el centro de la ciudad.

Estacionamos el coche en la avenida de San Blas, lo suficientemente cercana a la Plaza Mayor para poder continuar a pie desde aquí. Tras los intermitentes aguaceros diurnos, la noche está cerrada, algo fresquita pero sin una brizna de viento. Parece ser que las lluvias se han dado un respiro

Ascendemos la empinada cuesta de la calle Sande dirigiéndonos al monumental casco histórico cacereño. Dejamos a mano izquierda, junto a una recoleta plaza, la magnífica iglesia de Santiago.  Caminamos por calles empedradas, levemente iluminadas, jalonadas de edificios palaciegos que se difuminan en las sombras.

Llegamos a la plaza de Santa María. Numeroso público expectante a pesar de faltar todavía media hora para la procesión. Nos situamos para poder verla, no en primera fila, pero lo suficientemente cerca para no perdernos detalle. El tiempo transcurre lentamente. Comentarios sobre el encuentro de la final de la copa del Rey Madrid-Barcelona recientemente finalizado. Para otros el tema es la no consecución de Cáceres del título de Ciudad Europea de la Cultura 2016. Cualquier tema es bueno para entretener la espera.

Faltan unos minutos cuando se hace un silencio absoluto. Casi de inmediato, por la puerta lateral de la concatedral aparece una pequeña comitiva portando un crucifijo que avanza acompasadamente con el sonido de una campanilla hacia la puerta principal. Una vez allí, insiste la campanilla. Desde dentro le contesta un sordo timbal.

Da comienzo el cortejo precedido por este crucifijo. Le acompañan a ambos lados filas de cofrades vestidos con hábitos negros y cíngulo de esparto a la cintura. Llevan un capuchón hasta más abajo de los ojos que les oculta el rostro y en la mano un hachón encendido. Vibrante y emotivo, el canto de una saeta emerge de la oscuridad.

Tilín, talán… pon… Tilín, talán…pon… Tilín, talán…pon… El sonido cadencioso, repetitivo, de la esquila y el destemplado golpe de timbal que le replica marcan el comienzo y el final de la procesión. Un enorme turiferario, portado a hombros por dos penitentes, impregna el ambiente con el penetrante aroma del incienso.

Imágen del Cristo Negro

Tres penitentes portan una corona de espinas, un martillo y unos clavos. Todo esto rodeado de un gran silencio y recogimiento. Por fin aparece, llevada a hombros, la imagen del Cristo Negro. Es un  Cristo clavado en la cruz, inclinada como si la estuvieran izando. Se trata de una hermosa talla de mediados del siglo XIV,  realizada en madera negra por un autor desconocido. Tras la imagen, un encapuchado golpea un timbal acompasadamente, dando contestación al tañido de la campanilla del inicio.  A continuación las autoridades cerrando la comitiva.

Hoy hemos sido espectadores de una manifestación que rezuma un espíritu sobrio y penitencial, amén de una religiosidad en sus componentes, diferente a las que acostumbramos a presenciar. Curioso, por otra parte, el nombre de la cofradía organizadora: Muy Solemne, Venerable y Pontificia Cofradía Hermandad Penitencial del Santo Crucifijo de Santa María de Jesús.

Una vez finalizada, damos un paseo por las plazas de San Jorge y San Mateo, embellecidas por la tenue iluminación nocturna. En la calle Ancha, junto al parador de turismo, nos volvemos a encontrar con el cortejo procesional que retorna a su sede, la concatedral de Santa María. Seguimos a continuación por Puerta de Mérida y Adarve de Santa Ana, atravesamos la muralla y descendemos al luminoso y resplandeciente claroscuro de la Plaza Mayor, contrastando con la suave penumbra del casco histórico dejado atrás.

Plaza Mayor

Abandonamos la recientemente remodelada plaza y, por Gabriel y Galán, nos dirigimos a recoger nuestro vehículo para retornar a nuestra residencia de Cáceres El Viejo. Faltan algunos minutos para las dos de la mañana. Es hora ya de acostarnos.

jueves, 14 de abril de 2011

Gaztambide

Hace algunos días, un grupo de jubilados de la asociación Albea asistimos, invitados por nuestro alcalde, a una jornada de puertas abiertas con el fin de mostrarnos los aspectos más importantes de la remodelación de nuestro viejo Teatro Gaztambide, culminada tras diez largos años de espera.

El día 29 del mes pasado, la reina Doña Sofía inauguró este teatro que, junto a una de las calles principales de Tudela, porta el nombre de uno de los músicos más insignes nacidos en nuestra ciudad.

Joaquín Romualdo Gaztambide Garbayo nació en esta ciudad de Tudela el 7 de febrero de 1822. Inició sus estudios de solfeo de la mano del maestro de capilla de la catedral Pablo Rubla. A los doce años continuó los estudios de piano y composición en Pamplona con José Guelbenzu. A los veinte años se traslada a Madrid, profundizando sus estudios musicales con Pedro Albéniz y Ramón Carnicer. Tres años más tarde es director del coro del Teatro de la Cruz y en 1847 viaja a París como director de orquesta de una compañía de actores y bailarines españoles.

De vuelta en Madrid, se dedica a dirigir conciertos matinales y concentra sus esfuerzos en la restauración de la zarzuela de la que es uno de los grandes impulsores. En 1849 compone “La mensajera” su primera zarzuela, a la que posteriormente seguirían otras con notable éxito.

Fachada del teatro Gaztambide

Durante unos años su actividad es frenética participando en numerosos conciertos como director de orquesta y compositor, dirigiendo teatros e incluso fundando la Sociedad Artística y la Sociedad Española de Conciertos, siendo socio de la empresa del recién inaugurado Teatro de la Zarzuela y dirigiendo los primeros grandes conciertos que se ofrecen en España. Viaja también a París y Londres. Dirige funciones de ópera. Nombrado director y presidente de la Sociedad de Conciertos de Madrid, estrena la obertura de “Tannhäuser” de Wagner.

Entreplanta del teatro Gaztambide

En 1869 realiza una gira por Cuba y Méjico con su propia compañía. Como consecuencia de una grave enfermedad hepática, regresa a Madrid a principios de 1870 donde fallece el 18 de marzo a los cuarenta y ocho años de edad, siendo enterrado en el cementerio Patriarcal de la villa, después que el Museo Antropológico de Madrid lo embalsamara.

En 1920 dado el estado ruinoso del citado camposanto, el ayuntamiento madrileño pensaba trasladar sus restos al cementerio de Hombres Ilustres pero el consistorio tudelano consideró que era la oportunidad de traer el cadáver a su ciudad natal con el fin de construir  un panteón y rendirle el homenaje que se merecía.

Calle Gaztambide

El 17 de marzo de 1921 se le hizo un gran desfile  de despedida por Madrid y el cuerpo del gran compositor de zarzuelas fue paseado por las puertas de varios teatros. Al día siguiente, acompañado del alcalde de Tudela y otras autoridades, incluido el diputado Méndez Vigo, el ataúd llegó a su destino. Tras grandes actos honoríficos en la catedral y ayuntamiento, fue trasladado al cementerio municipal donde estaba todo preparado menos el mausoleo. Debido a ello fue enterrado en la capilla que la familia Garbayo había cedido hasta que fuera construido el proyectado panteón.

Durante 34 años nadie se preocupó del ilustre tudelano hasta que se formó una comisión para levantar el panteón. Los componentes de la misma, entre ellos el músico Fernando Remacha, decidieron, por curiosidad, abrir el féretro para ver el contenido.  Ante la sorpresa de los presentes aparecieron unos restos junto a unos zapatos de tacón que, tras el detenido examen del médico resultaron ser de una mujer de avanzada edad de aproximadamente 1,55 metros de estatura. La comisión pro panteón se transformó inmediatamente en una de investigación.

Se tuvieron en cuenta las vicisitudes que se habían ido sucediendo: El modelo de ataúd elegido y las sábanas que se pusieron en 1870 eran los mismos que llegaron a Tudela. La capilla donde se le enterró se derrumbó en 1921 y entre los escombros había ocho cuerpos más pero se contrataron guardas para velar el cadáver hasta que llegara la delegación de Tudela. Las fotografías confirmaron que el féretro que salió de Madrid fue el mismo que se abrió en Tudela en 1955. En 1941 la familia Garbayo cambió de nicho el ataúd para inhumar a otro familiar pero los enterradores colocaron una nota que decía “Gaztambide” para identificar el del músico. Finalmente hubo testigos que aseguraron haber visto el rostro de Gaztambide a través de la ventana de cristal del féretro en 1921 tanto en Madrid como en Tudela.

Después de numerosas entrevistas y revisión de documentos se llegó a estas dos conclusiones:
  1. El cadáver que salió de Madrid fue el de Gaztambide.
  2. El féretro que se abrió en Tudela era el que llevó los restos del compositor.
Las preguntas son inevitables: ¿Dónde y cómo se produjo el cambio? ¿Quién era la anciana fallecida encontrada? ¿Dónde se encuentran los restos de Joaquín Gaztambide? Hasta ahora no hay respuestas. Ni mausoleo.

Me da la impresión que tanto el hecho de la desaparición como la consiguiente investigación  encajan perfectamente en lo que definimos como “Chapuza nacional”

El musicólogo y catedrático de la Universidad de Oviedo Ramón Sobrino Sánchez dice de él lo siguiente:

Joaquín Gaztambide es recordado como autor de numerosas zarzuelas de éxito durante la restauración de la zarzuela decimonónica, pero además desempeñó un papel relevante, junto a Barbieri y Monasterio, en la creación del sinfonismo español del siglo XIX, como director de orquesta y fundador de la Sociedad  Española de Conciertos.


El verdadero homenaje que el pueblo de Tudela rinde a su ilustre músico es interpretar, un año sin otro durante la novena de Santa Ana, en días alternos, los gozos que él compuso en honor de nuestra patrona, cuya partitura fue estrenada el 19 de julio de 1857 y disfruta de un gran predicamento popular, siendo la “novena” preferida de los tudelanos por encima de todas las demás.

miércoles, 6 de abril de 2011

Una de computadoras

Llevo unos días enfrascado en el cambio de esta máquina diabólica llamada ordenador. El que he venido utilizando hasta la fecha se había quedado ya obsoleto y tenía que darle a los pedales. Ruidoso cómo él sólo. El técnico que vino a sustituirme hace varios meses el router del ADSL, al percibir el sonido estereofónico que emanaba de semejante aparatejo, me preguntó con toda seriedad:

- ¿Cuánto tarda en despegar?

Imbuido de todo este trajín aun me han quedado ganas para desempolvar el baul de los recuerdos e ir desgranando una a una las computadoras que, a lo largo del tiempo,  han pasado por mis manos e incluso he podido encontrar en la red fotografías de estas piezas de museo.

Mi primer ordenador, o de lo que se tratara, fue un DRAGON 32 que fue adquirido para que jugaran mis hijos y de paso el padre. Tenía 32 KAS de memoria. Sí, sí, habéis entendido bien: 32 KAS, no MEGAS, sino KAS; y como monitor una tele de 14”, en blanco y negro por supuesto. Esto sucedía hacia el año 1986.

Dragón 32


Un par de años después adquirí un Schneider Euro PC II. Me costó la friolera de 100.000 pesetas de las de entonces. No tenía disco duro sino una disquetera incorporada. Daba la impresión de que yo era un experimentado DJ. Primero el diskette de arranque, luego el de programa y por último el de trabajo. Porque con éste ya hacía mis trabajos en casa para algunas empresas.

Euro PC II. Con este me convertí en DJ


Lo cambié por un XT 2.86 de 10 megas de disco duro y más tarde por un AT 3.86 de 80 megas, con sistema operativo MS-DOS. Más adelante creo que tuve un 4.86 y luego pasé a un Pentium, heredado de mi hijo, ya con el nuevo sistema operativo Windows 95, al que han ido sucediendo otros al ritmo de los sistemas Windows 98 y XP.

El XT 2.86. El primer modelo con disco duro


Todos ellos me han dado al comienzo de su vida muchas satisfacciones y al final muy malos ratos y muchos cabreos. La verdad es que tienen una vida muy efímera, no porque se deterioren, sino porque pierden capacidad de trabajo. Los programas cada día devoran más recursos.


Y aquí estoy, utilizando los dos ordenadores a la vez, el nuevo y el viejo, hasta que termine de pasar todo el contenido de uno a otro, peleándome sin tregua ni cuartel con el Windows7. Entre tanto, escucho los gruñidos del que se resiste a fenecer y contemplo la timidez silenciosa del que ha entrado a formar parte de una familia que desconoce. Espero y deseo salir  de esta contienda victorioso y limpio de cicatrices. 

viernes, 1 de abril de 2011

Mala suerte

El último post de mi amiga Katy sobre la Plaza Mayor de Madrid, publicado en Ciudadana del mundo, en concreto una fotografía aérea de la mencionada plaza, me ha hecho recordar algo que  escribí en mi otro blog y que traigo a colación de nuevo a éste. 

Decía entonces que me había sucedido en varias ocasiones, durante diversos viajes turísticos, encontrarme con los monumentos más emblemáticos de una ciudad en circunstancias tales que, por una u otra causa, no había podido conseguir una instantánea medianamente decente.

Hace unos años visité por primera vez Segovia y me encontré el acueducto oculto por unas enormes mallas verdes. Parecidas a las que dos años más tarde me impidieron ver en Toledo la Puerta de Bisagra, la Del Sol, la de los Cambrones y alguna otra más. En ambos casos se trataba de la restauración de estos monumentos.

Así ven los visitantes nuestra hermosa plaza


En otra ocasión fueron unas grandes carpas las que ocupaban toda la hermosísima plaza de Trujillo con motivo de la celebración de la feria del queso.  También en la plaza Mayor de Cáceres me topé con una movida semejante.

Han transcurrido ya dos años desde que estuve en Lisboa donde no pude admirar en todo su esplendor la Plaça do Comercio por estar totalmente vallada a causa de las obras que se estaban realizando en ella.

En el último viaje realizado a Madrid nos topamos en la plaza Mayor con unos horribles stands amarillos creo de que de Telefónica para publicitar no sé qué. ¡También es mala suerte!

Ahí está, ahí esta, ahí está... el mamotreto de Madrid

Los casos de Segovia y Toledo estaban plenamente justificados y además las restauraciones han sido espléndidas. Los de Trujillo y Cáceres, bueno… creo que podían haber tenido otra ubicación pero, al fin y al cabo, estaban promocionando algo de su ciudad. Lo de Lisboa imprescindible por seguridad.

Sin embargo lo de Madrid…,no había otro lugar más idóneo para plantar semejante mamotreto?  Los responsables de esta autorización demuestran tener, la sensibilidad, el buen gusto y el respeto por su ciudad allí donde la espalda pierde su honesto nombre.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...